Lunes, 20.11.2017 - 10:41 h

Del terrorismo yihadista a las comidas navideñas, pasando por los cuñados que lo saben todo

Sí, ya sé que todo lo que huele a amor suena cursi en una sociedad cínica como esta, pero no hay otro antídoto para frenar la desesperación que provoca el miedo.

Aunque para miedo, el que muchos tienen a las comidas familiares repletas de buenos manjares, vino, cuñados y cuñadas que, como siempre, lo saben todo... hasta como acabar con el terrorismo yihadista.

El Estado Islámico reivindica el atentado de Berlín donde han muerto 12 personas

Faltan pocas horas para que sea Navidad y muchos van a hacer un esfuerzo para que el cariño que circula estos días entre los seres humanos parezca más real. La concordia y la fraternidad que solemos guardar en el congelador durante el año, para que no se nos estropeen por falta de uso, saldrán estos días a pasear del brazo del alcohol, las comidas familiares, de empresa, o de amigos. Pero si uno osa leer las portadas de los diarios o ve los Telediarios, se acordará de Humphrey Bogart en Casablanca. No del que presiente que este es el principio de una gran amistad, sino del Bogart que babea de amor mientras Ingrid Bergman sentencia: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”.

Que el mundo se desmorona, es algo evidente, pero que ellos o ellas echen mano del amor para paliarlo, no está tan claro. Hoy no son los nazis entrando en París los que traen el peligro. Ahora son los terroristas islámicos entrando en Berlín o en Turquía o en Afganistán… o las bombas cayendo en Alepo. Se acerca la Navidad pero no hay tregua para las noticias de muerte y desolación. Al embajador ruso en Turquía le asesinan ante las cámaras mientras inaugura un exposición fotográfica en Ankara. Lo hace un policía que se supone está para proteger la vida de los demás. El Estado islámico reivindica el atentado de Berlín donde mueren 12 personas. Un atropello masivo en un mercado navideño que recuerda a la matanza de Niza, de hace unos meses.  

La lista de atentados, asesinatos y agravios sangrientos no deja de crecer. Europa / Occidente tiene un grave problema ante sí desde hace tiempo, pero no sabe cómo afrontarlo. Las provocaciones cruentas del Daesh y de las facciones de Al Qaida son constantes y lo que pretenden es desestabilizar la alianza de Europa, de Occidente, y que en lugar de esa precaria unión florezca la división y el enfrentamiento, y que alguien con poder político decida actuar erróneamente contra el islamismo. Sin duda hay que responder con contundencia, pero sobre todo con inteligencia, algo que en estos tiempos oscuros no abunda.

A lo mejor no es el mundo, sino Europa la que se desmorona mientras nosotros, los europeos, nos enamoramos de un estilo de vida hedonista y sin fundamento. Bogart ya no está para salvarnos y deberán ser nuestros desorientados y confundidos políticos los que encuentren una solución a tanta amenaza terrorista. El nuevo Orden Mundial con la llegada de Trump y sus posibles alianzas con Putin promete ser, al menos, distinto y algo más complejo, por no decir más tenso.

Los expertos dicen que la seguridad total no existe. Pero otros no menos expertos añaden que la debilidad y el desconcierto de Europa se huelen de lejos, y son un reclamo para los enemigos de la cultura occidental. No es una guerra de religiones lo que tenemos delante, sino una lucha policial y judicial contra un terrorismo que utiliza el islamismo como excusa. Sin embargo, Europa no puede renunciar ni ignorar sus principios, los judeocristianos, que contribuyeron a fundar Occidente. No tener raíces sólidas te hace ser más débil ante cualquier problema. 

En España se mantiene el nivel de alerta 4 –sobre 5-, aunque se reforzará la presencia policial en zonas concurridas y en los transportes. De momento nos estamos librando –en gran medida gracias a la buena actuación policial- de ser un objetivo de los terroristas. Lo hemos sido antes y lo hemos sufrido en nuestras propias carnes. El peligro no ha pasado, pero no se puede vivir con miedo ni con pena. Para evitar el escalofrío y la dentellada del desasosiego, hay que sacar a pasear las ganas de vivir y las ganas de compartir. Sí, ya sé que todo lo que huele a amor suena cursi en una sociedad cínica como esta, pero no hay otro antídoto para frenar la desesperación que provoca el miedo.

Aunque para miedo, miedo de verdad, el que muchos tienen a las comidas familiares de estos días. Comidas repletas de buenos manjares y buenos vinos, pero sobre todo repletas de cuñados y cuñadas que, como siempre, lo saben todo. Por saber, incluso saben como acabar con el terrorismo yihadista.  En fin, feliz Navidad y mucha paciencia con los cuñados y cuñadas.

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