Diez claves para entender la crisis de Gobierno que el presidente negó hasta última hora


Entran Rosa Aguilar, Valeriano Gómez, Leire Pajín y Ramón Jáuregui. Salen Bibiana Aído, Beatriz Corredor, María Teresa Fernández De la Vega y Miguel Ángel Moratinos; además, se moverían Alfredo Pérez Rubalcaba y Trinidad Jiménez. Es el baile de nombres que Zapatero ha promovido en el Gobierno después de decir que no habría crisis de Gobierno durante los últimos meses.El anuncio llega justo en el día en el que se rechazan las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado, una de las leyes más importantes del año y cuya tramitación hizo temer por la continuidad del Gobierno, y llega como acostumbra el Ejecutivo de Zapatero: mediante filtración matutina a los medios de PRISA. El cambio de Gobierno tiene múltiples lecturas, pero diez destacan entre el resto:
  • Supone el final del primer 'zapaterismo'. Con los cambios de hoy, ningún miembro del primer equipo de Zapatero sobrevive en su puesto original, ya que De la Vega, Moratinos y Espinosa abandonan el Ejecutivo tras seis años articulando las políticas estatales, internacionales y de vivienda en el Gobierno. La única que queda en pie de ese primer ejecutivo es Elena Salgado, que en seis años ha pasado por Sanidad, Administraciones Públicas y Economía.
  • Supone la confirmación de dos fracasos. Los ministerios de Vivienda e Igualdad desaparecen. El primero ha durado seis años, el segundo año y medio. Fueron las grandes apuestas del Ejecutivo y el caballo de batalla de la oposición, que lleva pidiendo su eliminación desde el estallido de la crisis aduciendo que era necesario que el Gobierno diera imagen de austeridad. Ambas carteras se van en un mal momento: por una parte, el estallido de la burbuja inmobiliaria no ha servido para solventar el problema de la vivienda en el país, y por otra la violencia de género acaba de superar el registro del año pasado a pesar de las políticas desarrolladas en el ministerio.
  • Busca un cambio de tendencia en un momento clave. El momento elegido para llevar a cabo el cambio de Gobierno no es casual: se ha superado la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado tras el pacto alcanzado con nacionalistas vascos y canarios, la descafeinada Huelga General del mes pasado, los recortes sociales y a los funcionarios y otros duros exámenes a los que se ha visto sometido el Ejecutivo. Con el cambio, por tanto, se busca un cambio de estímulo con un mensaje de 'lo difícil ha quedado atrás y estos son los nombres que cerrarán la legislatura'.
  • Se gana peso político y experiencia. El ascenso de Alfredo Pérez Rubalcaba y la entrada de Ramón Jáuregui dan empaque político al Ejecutivo. Ambos, políticos de la vieja escuela, socialistas de toda la vida y con una gran imagen pública, serán las manos derecha e izquierda de Zapatero, que busca dar una imagen más sólida para cerrar la legislatura. El discurso sólido de dos políticos con enorme experiencia sustituirá las técnicas de comunicación que Blanco ha ido desarrollando en los últimos años y que, hasta ahora, dieron grandes resultados.
  • Se perfila el 'postzapaterismo' con el ascenso de Rubalcaba. El nuevo hombre fuerte del Ejecutivo es Alfredo Pérez Rubalcaba, que no sólo mantiene la cartera de Interior en un momento en el que el final de ETA vuelve a aparecer y que, junto a la recuperación de la crisis, marcará el final de la legislatura; también se coloca como vicepresidente del Gobierno en sustitución de María Teresa Fernández de la Vega y da verosimilitud a quienes le colocan como posible candidato socialista para las próximas elecciones generales.
  • Supone la enésima rectificación de Zapatero. Más que un rumor, la inminencia de una crisis de Gobierno era un clamor que sonaba desde los últimos meses. Sin embargo, el presidente se encargó de negar por activa y por pasiva que fuera a llevar a cabo más cambios en su Ejecutivo que los imprescindibles: el de Celestino Corbacho, que expresó su deseo de volver a la política catalana, y el de Trinidad Jiménez si hubiera conseguido ganar las primarias en Madrid. Finalmente, el presidente ha acabado por desdecirse y mover piezas en su equipo. De hecho, incluso renuncia a la paridad firmando su primer Ejecutivo con mayoría de hombres, algo que hasta ahora era una de sus señas de identidad.
  • Los recortes llegan, de nuevo, tarde. Se van dos carteras: Vivienda, que pasa a ser absorbido por Fomento, e Igualdad, que se adhiere a Sanidad, respondiendo así a las demandas de la oposición para que el Ejecutivo dejara de gastar dinero... pero el recorte llega cuando la crisis económica ya se ha cobrado millones de empleos, ha disparado el déficit estatal y ha obligado al Ejecutivo a recortar prestaciones sociales e iniciativas.
  • Busca conciliarse con la izquierda con la entrada de un sindicalista, Valeriano Gómez, para ocupar la cartera de Trabajo después de la Huelga General y de una histórica militante de Izquierda Unida, Rosa Aguilar, para la cartera de Medio Ambiente.
  • Se redistribuyen los pesos autonómicos del Ejecutivo. Ganan peso los andaluces (entran Valeriano Gómez y Rosa Aguilar y sale Bibiana Aído) y los vascos (entra Ramón Jáuregui), mientras que la cuota valenciana se mantiene (sale De la Vega y entra Pajín) y pierden peso los madrileños (salen Moratinos y Corredor), catalanes (sale Corbacho) y gallegos (sale Espinosa).
  • El PSOE también se reforma por dentro con la salida de Leire Pajín de la secretaría de Organización y la entrada de Marcelino Iglesias, hasta ahora presidente de Aragón. Iglesias, que ya anunció que no se presentaba a las elecciones autonómicas, es el único barón socialista que sobrevive a Zapatero, además de Bono en el Congreso de los Diputados.