Martes, 10.12.2019 - 18:15 h
Ricky Rubio, MVP

España vuelve a hacer historia al ganar su segundo Mundial 13 años después

Casi tres lustros después de la primera Copa del Mundo ganada en Japón, el equipo de Scariolo se corona como la mejor selección sobre el planeta.

España levanta la copa de campeón del mundo. / EFE
España levanta la copa de campeón del mundo. / EFE

Tirando de coraje y usando todo el talento que atesora, España gana el Mundial de Baloncesto. El equipo de Scariolo firmó una final sobresaliente ante Argentina, en la que no dieron ni un segundo de respiro al conjunto de Sergio Hernández. No estaba entre las favoritas, pero el esfuerzo, el trabajo constante y la intensidad de los españoles, sobre todo tras el encuentro ante Italia, ha permitido a España alzarse como la mejor del mundo.

Liderados por Ricky Rubio y Marc Gasol, los jugadores de España desplegaron una defensa soberbia y un ataque sólido que les permitió imponerse con relativa comodidad ante los albicelestes.

Ricky Rubio recibió de manos del mismísimo Kobe Bryant, el premio a Mejor Jugador del Partido. El base de los Phoenix Suns ha sido el mejor de la selección española, aunque también apoyado por el gran juego de los suyos. Rubio coronó también como el Máximo Asistente de historia de la Copa Mundial de la FIBA.

El veteranísimo Luis Scola, que hasta el momento había firmado un torneo casi perfecto, siendo clave en muchos partidos, no había anotado ninguna canasta hasta bien entrado el tercer cuarto. La telaraña de Scariolo funcionaba a las mil maravillas: robos, rebotes en los dos postes y transiciones con velocidad.

El mérito del equipo de Scariolo, se debió a cómo secaron a las dos estrellas de Argentina. Los jugadores se multiplicaban en defensa y atacaron con una con la confianza digna de un campeón del mundo. Esto fue gracias al trabajo de todo el equipo técnico de Scariolo, quienes prepararon el partido a la perfección.

A los diez minutos finales se llegó con el choque casi encarrilado para España y los argentinos en busca de un milagro (49-66, min 30). El último cuarto empezó en la línea de los tres primeros, lo que no variaba el panorama en el pabellón pequinés, hasta que, con casi todo perdido, Argentina apretó en defensa y logró ponerse a doce puntos con siete minutos por delante. La batalla empezó a ganar la emoción de la que había carecido hasta entonces. Argentina no daba su brazo a torcer y, a falta de Scola, tiró de Laprovittola, Deck y Campazzo para reactivarse.

Al verse contra las cuerdas, Argentina tiró de raza. Dos rápidos triples de Gabriel Deck y Campazzo no gustaron a Scariolo, que llamó a los suyos a capítulo, consciente de que si se metían de lleno en el partido, el título podría peligrar. Al fin, Luis Scola, que llevaba una media de 19,3 puntos por partido en el torneo, pudo estrenar su casillero con un par de tiros libres. Habían pasado 27 minutos y las diferencias seguían rondando la veintena.

Llull, con un 2+1 y Juancho Hernangómez con un triple insuflaron oxígeno a España coincidiendo con la primera canasta en juego de Luis Scola, a 5.37 del final del partido. España no se fiaba, consciente del rival que tenía enfrente, que aprovechaba cualquier pequeño despiste para seguir golpeando con la fe que le caracteriza, aunque el tiempo jugaba en su contra.

La selección se dedicó a mover la bola con criterio para sellar un triunfo que pocos imaginaban. Se fue de Pekín invicta y con su segundo Mundial en el bolsillo. La nueva generación supo devolver a España a la cima del baloncesto trece años después.

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