Lunes, 19.11.2018 - 05:03 h

Miguel Blesa: el extraño suicidio de un hombre que amaba la buena vida

Amigos cercanos aseguran que no estaba deprimido, pero son muchos los que indican que el hecho de convertirse en un apestado social le pasó factura.

Miguel Blesa: el extraño suicidio de un hombre que amaba la buena vida
Miguel Blesa: el extraño suicidio de un hombre que amaba la buena vida

Todo indica que la muerte de Miguel Blesa -69 años- ha sido por suicidio. Apuntó el cañón de la escopeta a su pecho, lo más cerca posible del corazón, y apretó el gatillo con el dedo gordo de su pie. ¡Boom! Estalla la noticia y ya hay un nuevo mártir de la corrupción.

Primero fue Rita Barberá, que no se suicidó pero se dejó matar por las circunstancias. Murió en un hotel de lujo a cien metros del Congreso de los Diputados, abandonada por todos, por todos los del PP, principalmente. Ahora, cuando el verano y independentismo catalán parecían darles una tregua mediática a los cientos de presuntos corruptos pendientes de juicio, aparece el cadáver de Miguel Blesa con un disparo en el pecho en una finca de Villanueva del Rey, en Córdoba.

Blesa, que tenía fama de arrogante y repeinado a lo Mario Conde, era muy aficionado a la caza y a la buena vida, aviones privados, navegar en yate, viajes lujosos, etc. Lo primero lo seguía practicando, lo segundo ya le costaba más dadas sus circunstancias judiciales y sociales.

Alcanzó la cima profesional, la presidencia de Caja Madrid, con la llegada al poder del PP en 1996, y gracias a su gran amistad con el matrimonio Aznar-Botella. Una amistad que se empezó a quebrar mucho antes de saltar a la luz pública el escándalo de las tarjetas black o sus otros líos financieros. Esa amistad se rompió por el lado femenino, cuando Blesa se separó de su esposa María José Portela, gran amiga de Ana Botella, y empezó su relación con la que acabaría siendo su nueva esposa, Gema Gámez, 22 años más joven que él, y a la que conoció en Caja Madrid.

Su gestión al frente de la antigua caja de ahorros madrileña fue nefasta, tanto que en 2012 el Estado español la intervino para evitar su quiebra y para cubrir un agujero de 22.400 millones de euros. Y aunque Blesa está condenado a seis años de prisión por las tarjetas black y tiene pendiente otra causa por los sobresueldos en Caja Madrid, sus amigos, que aún tenía algunos, han aclarado que en estos últimos días Miguel Blesa no estaba deprimido, y que tenía esperanzas de que el Tribunal Supremo le diera la razón en el caso de las tarjetas black, tras haber recurrido la sentencia de la Audiencia Nacional. Y añaden que “nunca se le vio abatido, ni en los momentos más duros, y este de ahora no era de sus peores etapas”.

Sin embargo, otras amistades indican que el hecho de convertirse en un apestado social le pasó factura. También le afectó mucho que todos los que antes le adulaban, ahora le dieran la espalda, principalmente los del PP. Aunque a decir verdad, Blesa nunca tuvo mucho que nada ver con el partido político, y sí con Aznar.

En este espinoso tema de saber recoger a los “caídos” por la corrupción siempre hay división de opiniones. Si les das la espalda, eres un desalmado que no apoyas a los “necesitados” cuando más lo precisan, caso Rita Barberá y ahora Blesa. Si en cambio los apoyas, “Luis, se fuerte”, como el SMS a Barcenas, te cae la del pulpo por mantener relaciones con presuntos corruptos. Hagas lo que hagas, te criticaran.

Más allá de las críticas y de las situaciones personales, lo que está claro es que Miguel Blesa hoy está muerto y todo apunta que por suicidio. Habrá que investigar a fondo para saber cuáles fueron las razones principales y los fantasmas personales qué le empujaron a cometer tan fatal desenlace. Hay que añadir, aunque sólo sirva de dato estadístico, que en España el número de suicidios duplica desde 2014 al de los muertos por accidentes de tráfico, más de 3.500 al año.

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