Lunes, 06.04.2020 - 19:34 h
Casos de éxito

Se hace millonario vendiendo mascarillas faciales tras haber sido despedido 9 veces

Majid Mousavi no tenía ni idea del negocio de la estética facial; ahora, Mudmasky es una de las compañías punteras en cremas sin químicos.

Majid Mousavi, creador de las mascarillas faciales Mudmaskly
Majid Mousavi, creador de las mascarillas faciales Mudmasky. / Mudmasky

Tradicionalmente, los Países Bajos siempre han sido uno de los principales núcleos de los negocios en Europa. No en vano, ocupa un puesto de honor entre los 10 mejores países para emprender del mundo. Y, si no, que se lo pregunten a Majid Mousavi, el holandés creador de las mascarillas faciales Mudmasky: antes de fundar su imperio había sido despedido nueve veces; en 2015, vendía 1.000 tubos de cremas; ahora, es el CEO de una empresa millonaria.

Su historia es la de un emprendedor constante que vio la oportunidad de coger un concepto existente y mejorarlo para crear un producto nuevo, tal y como relata 'Business Insider': un día de 2013, Mousavi estaba en el aeropuerto recorriendo todas las tiendas de productos de belleza que estaban abiertas, en busca de un regalo para su novia. En aquel momento, se percató del potencial que tenía en ese campo que desconocía completamente.

Mientras miraba los ingredientes de una de las cremas, otro viajero que era dermatólogo se acercó a él y le dijo: "Esa crema hidratante dañará más la piel de tu novia de lo que le beneficiará". Entonces, una pregunta se pasó por la mente de Mousavi: ¿Por qué no hacer un producto totalmente natural que realmente cuide la piel? Ahí nació la idea de Mudmasky, una compañía de mascarillas faciales que se vende como un "lujo digno de un spa".

El éxito tardaría en llegar, pero cuando Mousavi decidió ampliar su línea de negocio más allá de las mascarillas, para competir de tú a tú con las principales creadoras de cremas del mundo, empezó a generar un auténtico imperio. Para hacerse una idea, a lo largo de 2015 vendió 1.000 tubos solo de mascarillas, mientras que en 2019 sus ventas se dispararon hasta el millón de unidades.

Cómo mejorar un producto existente

Pero, ¿cómo fue el proceso que llevó a Mousavi a liderar un negocio millonario? Pues con una mezcla de ingenio e inventiva para aprovechar la moderna corriente que venera la cultura de los productos naturales o bio. "No hemos reinventado la rueda. Simplemente quise saber cómo mejorar un producto ya existente. Mi idea era simple: sacar todo lo malo y poner lo bueno. Pero también fui ingenuo, por supuesto, porque no es tan simple", explicaba en 'Business Insider'.

Por eso, crear un producto 100% natural fue casi un proceso de ensayo y error. Al principio, Mudmasky utilizaba un ingrediente principal llamado arcilla de bentonita, pero no todo eran ventajas, según Mousavi: "La ventaja de la arcilla de bentonita es que extrae impurezas y aceites de la piel. Pero si bien hace que tu piel se irradie el primer día, tres o cuatro días después, la capa superior de la piel se dañará. Tu piel estará seca y sensible. Empiezas a tener granos, así que comienzas a usar más la máscara a menudo, lo que solo exacerba el efecto". La solución pasó por la arcilla de bentonita comestible, más cara.

Todos los productos son ligeramente más caros, en consecuencia, precisamente por este aumento del coste de los ingredientes naturales. Pero, aunque las máscaras son orgánicas y libres de parabenos, Mudmasky no menciona esto en sus envases porque la Unión Europea prohibió usar esos términos en julio de 2019. En cualquier caso, Mousavi cree que esto es para mejor; cree que los términos "orgánico" o "libre de parabenos" todavía se usan en los envases cosméticos en otros lugares del mundo, aunque no siempre sea cierto, un hecho contrastado recientemente por la Autoridad Holandesa de Seguridad de Productos de Consumo y Alimentos.

Además, para aumentar el control de la calidad de sus productos, Mousavi decidió mantener la producción en Países Bajos, a pesar de elevar los costes: "Podría haber producido Mudmasky en China por poco dinero". En su fábrica holandesa el coste es 20 veces superior. La consecuencia es que el precio de sus productos varía entre los 29 a los 70 euros por bote. Entonces, ¿cómo compensar ese sobrecoste y no convertirse en un producto elitista? Gracias a las cajas de cosméticos.

Por aproximadamente 20 euros al mes, los clientes reciben una caja mensual que contiene aproximadamente cinco muestras de productos de belleza. Cuando los clientes escriben una reseña sobre un producto, ganan puntos que pueden gastarse en algo extra. Un modelo que Mudmasky utiliza a través de Ipsy en EEUU y de GlossyBox en Europa y que ha supuesto un inesperado éxito.

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios
NOTRACKING