Miércoles, 16.10.2019 - 22:27 h
Crisis institucional

Guaidó, presidente de Venezuela: ¿Golpe de estado, autoproclamación o legalidad?

La Constitución venezolana prevé que si el presidente falta a sus obligaciones se puede proceder a nuevas elecciones para elegir al jefe del Estado.

Un manifestante a favor de Juan Guaidó como presidente de Venezuela.
Un manifestante a favor de Juan Guaidó como presidente de Venezuela. / Efe

Minutos después de que los medios del mundo entero transmitieran el momento en que Juan Guaidó declaraba ser el presidente "encargado" de Venezuela el pasado 23 de enero, todo el mundo se preguntó: ¿Es legal eso? Guaidó juró su cargo en medio de una plaza, a plena luz del sol, en la ciudad de Caracas y rodeado de miles de partidarios que le apuntaban con sus móviles como si fueran las brújulas de su futuro.

A medida que pasaban las horas, el torrente de noticias que brotaba de los medios iba a tanta velocidad que era difícil digerirlo. En algunos se hablaba de "autoproclamación", tratando de decir que Guaidó había dado un paso adelante sin tener el respaldo de las leyes. Otros, más radicales, hablaban llanamente de "golpe de Estado", calificativo esgrimido por Pablo Iglesias, quien en un comunicado de su partido afirmó que el acto de Guaidó es un "golpe de Estado" apoyado por Trump.

¿Y qué ha hecho en realidad Guaidó?

En todas las constituciones serias del mundo, siempre hay artículos que prevén cómo hay que reaccionar en caso de que al presidente 'se le vaya la pinza'. En el artículo II de la de EEUU, por ejemplo, se dice que en caso de que el presidente de EEUU no pueda seguir ejerciendo sus funciones "por muerte, renuncia o inhabilitación", tomará su puesto el vicepresidente, o bien, el Congreso de EEUU puede decidir a quien nombrar presidente provisional hasta que haya nuevas elecciones.

Guaidó ha hecho algo parecido. Apelando a varios artículos de la Constitución venezolana –muy parecidos a la norteamericana–, ha asumido el cargo de presidente de Venezuela. Los artículos en concreto son el 233, el 333 y el 350.

El primero es el más importante, pues establece que si el presidente muere, renuncia, es destituido por el Tribunal Supremo de Justicia, se muestra incapaz física o mental de forma permanente, abandona el cargo, o por último, el pueblo, en un referéndum, lo destituye, entonces se produce una cosa llamada "falta absoluta", que es, digamos un "incumplimiento total" de sus obligaciones.

Y en consecuencia, "se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta (de presidente) dentro de los treinta días consecutivos siguientes". Y añade que mientras llega esa fase, “se encargará de la Presidencia de la República el Presidente de la Asamblea Nacional”.

Y eso es lo que ha estado preparando Guaidó desde principios de enero. Primero la Asamblea declaró que el cargo de Maduro como presidente era "ilegítimo". Les envalentonó el hecho de que el Grupo de Lima, formado por varios países latinoamericanos, le pidió a Maduro que se abstuviera de jurar su cargo de nuevo, cosa que le tocaba hacer el 10 de este mes.

¿Por qué el 10 de enero? Porque el año pasado hubo elecciones presidenciales y, vaya sorpresa, ganó Maduro. Tanto EEUU como la UE no reconocieron a Maduro como presidente, pues las elecciones presidenciales fueron más un circo que un proceso electoral. Federica Mogherini, Alta Representante de la UE, dijo que "las elecciones presidenciales en Venezuela no fueron libres ni justas y el resultado carece de credibilidad".

Así que todo estaba preparado para que el 23 de enero pasado Juan Guaidó 'saliera del armario' y declarase que Maduro estaba usurpando el poder.

En su discurso de asunción del cargo, dado en una plaza de Caracas, Juan Guaidó dijo: "Hoy 23 de enero de 2019 en mi condición de presidente de la Asamblea invocando los artículos de la Constitución, ante Dios, Venezuela, juro asumir formalmente las competencias del ejecutivo nacional como el presidente encargado de Venezuela, para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y tener elecciones libres".

Es decir, apeló de forma general a los artículos, pero no especificó en qué parte de ellos se basa para jurar su cargo como nuevo presidente de Venezuela. Esa indefinición es lo que da pie a las interpretaciones jurídicas: que si no hay una causa probada, que si no basta con hablar de usurpación… Es posible, como afirman los que miran con lupa las leyes, que Guaidó haya hecho una interpretación de la Constitución particular.

Pero, aquí viene el argumento de los que apoyan a Guaidó: desde el pasado 10 de enero, ni la Asamblea legítima de Venezuela ni sus vecinos ni la UE reconocían como presidente a Maduro. El país no tenía jefe de estado. Lo cual era la oportunidad ideal para que Juan Guaidó, presidente de la Asamblea, y, legítimamente elegido por ella, se apoyara en varios artículos de la Constitución venezolana para jurar como presidente.

Además, si alguien pone en duda la legitimidad de Guaidó, ¿cómo se puede calificar lo que ha hecho Maduro en los últimos años?

En 2016 se negó a aceptar a la nueva asamblea nacional legítima salida de las urnas. La suspendió. También desobedeció a la Constitución pues no convocó elecciones a mitad de mandato, como le toca a todo presidente de Venezuela (y que Chávez acató). Ha encarcelado, perseguido y amedrentado a los opositores. Ha usado toda clase de argucias legales para anular el único poder que no controla: el Legislativo. Ha convocado elecciones fraudulentas, sin garantías, sin observadores y sin el reconocimiento internacional. Ha manipulado al Tribunal Supremo, convirtiéndolo en un órgano de jueces chavistas.

Aquel 23 de enero, aparte de la jura de Guaidó, sucedió algo insólito. Guaidó hizo levantar la mano derecha a todos los venezolanos en todo el mundo para que juraran proteger la Constitución. Parecía una secuencia de 'Gladiator'. Mucha gente de fuera no entendió ese gesto pero ha sido, probablemente, el mayor acto de demostración masiva de ciudadanos de un solo país en todo el planeta a la misma hora. ¿Por qué?

La explicación está en que Guaidó estaba invistiendo a los venezolanos de un poder popular apelando a dos artículos de la Constitución venezolana. Uno el 333, dice que todo ciudadano investido de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de la Constitución.

Y artículo 350, que es el último de la Constitución, es realmente revolucionario: "El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos".

NOTA: En la sección internacional de la web de Podemos hay posturas del partido respecto a Palestina, Honduras, Polonia… Pero no se ha dicho nada nunca de Venezuela. Hasta hace un par de días, que por fin exhibió un comunicado contra Guaidó y Trump, afirmando que los problemas de Venezuela se solucionan con diálogo. Es decir, defendiendo a Maduro.

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