Martes, 28.01.2020 - 11:54 h
Telediaria

OT ha vuelto. Otra vez. Y la edición de 2020 pinta que será una edición mucho menos acomodada que la de 2018. Ya no se puede vivir de las rentas del éxito de OT 2017, así que el programa regresa dispuesto a hacer todo lo que posible para seguir siendo un formato vivo, alerta y flexible, adaptándose a lo que el espectador hoy demanda. De hecho, lo que ha transmitido esta primera gala es que no sólo el programa va a pedir a los concursantes que sean exigentes consigo mismos, sino que también los propios artífices de OT van a trabajárselo mucho para confeccionar una edición más despierta e imprevisible.

Así, aunque las primeras galas siempre son pesadas (y largas) porque hay que presentar a todos los nuevos participantes, OT 2020 ha jugado bien sus cartas en su estreno. Quizá hasta igual demasiado bien, ya que en España somos amantes de la televisión con cierto caos que permite memes y memes. En la gala cero se ha notado orden y coordinación, con vídeos y grafismo impecables. Y se agradece. Primero, se ha creado el clímax con un prólogo emocional de bienvenida con Roberto Leal. Él, situado en el centro del estudio, envuelto por un público iluminando por detrás con la linterna de sus móviles, y contagiando su ilusión, implicación y compromiso. Después, con una cabecera con sintonía remozada y el logo de OT reconvertido en diferentes estampas de lo cotidiano.

Con la atmósfera ya creada, se ha empezado a presentar al casting y al jurado, con especial protagonismo de Nina y Natalia Jiménez, ambas muy distintas pero con una espontaneidad que lo tiene todo: brillan porque explican y a la vez lo hacen con una sonriente naturalidad. Es el tono que merecía el programa. 

Nina OT 2020
BUH!

Un jurado que explica sin demasiados esnobismos. Sí han pecado de excesivo buenismo en sus valoraciones. En lugar de destacar las debilidades de los concursantes, les han dorado tal vez demasiado la píldora, incluso con frases grandilocuentes. Peligroso. Porque si ya en la gala cero todos cantan de maravilla, ¿en qué consistirá la evolución de estos chicos? Hay que incidir en donde mejorar, porque a nadie le sale del todo bien una primera vez. Y no pasa nada. Así se aprende. Así relativizamos. Así nos identificamos.

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Y entre actuaciones (bravo por la exquisita selección de canciones, estimulante y sin caer en malos clichés televisivos) y valoraciones, ha transcurrido una gala en un plató que es el mismo que en las dos últimas ediciones pero, sin embargo, ahora parece más amplio. La conjugación de pantallas y luces crea esa percepción para envolver cada número en una historia que proyecte mejor la canción que interpreta cada cantante. Elemental: en las próximas semanas, el objetivo será que traspase y sorprenda el resultado del aprendizaje que se habrá visto en el canal de Youtube durante toda la semana, creando así una cita en la televisión tradicional y un trasvase de los espectadores en la emisión online.

Pero, al final, lo más importante de cada edición que empieza es presentar bien un casting empático en su primera gala. Eso se alcanza a través de las propias actuaciones, las entrevistas de Roberto, las reacciones a las valoraciones del jurado y los vídeos de presentación, muy mimados en este arranque de 'OT 2020'. Y ahí también el devenir del programa ha mostrado a priori a un grupo de jóvenes sobradamente preparados. "La juventud está preparadísima", que diría Carmen Sevilla. Pero con eso no basta. Y el formato también ha intentado dibujar sus personalidades, qué es lo que les diferencia y les hace especiales. En principio, todos muy majos, fotogénicos, con buenas voces y con un tatuaje común que se han hecho como buenos compañeros. ¿Únicos y con algo nuevo que aportar? Eso habrá que esperar un poco para comprobarlo. De momento, a priori, parecen menos fríos que sus antecesores de 2018.

Porque en la tele cambian los consumos y las dinámicas, pero hay una materia prima que jamás mutará: la televisión que conecta con el público es la que transmite verdad. Verdad transparente por encima de poses, postureos, corazas, estrategias y actitudes prefabricadas. Porque cada vez somos menos ingenuos, menos pacientes y menos impresionables, pero seguimos necesitando enamorarnos del talento con luz propia. El talento que no se puede guionizar.

Anne OT
Talento con luz propia, no confundir con luces de Navidad reutilizadas.

En esta primera gala, ningún concursante ha destacado especialmente por encima de los demás. Todos han demostrado tablas y de pocos se ha podido decir que era su primera vez encima de un escenario. Y eso no sabemos si será bueno... porque una vez más hay que incidir en que la evolución es lo que sostiene los cimientos de OT y la imperfección que se va volviendo más perfecta es la base para que el espectador se enganche y se sienta identificado. Tal y como nos sentimos en OT 2001 con Rosa López o en OT 2017, con Aitana, por citar solo dos ejemplos.

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No hay fórmulas en los talent shows para que funcionen de forma infalible. Esa imprevisibilidad es el ADN de OT. Su productora, Gestmusic, solo puede intentar hacer las cosas bien: elegir el casting más talentoso y verdadero posible entre los miles de jóvenes que se presentan y luego envolverlo de un show de altura. Ambos objetivos se han logrado en esta primera gala. Ahora falta el elemento intangible: la magia necesaria para cautivar al público de 2020, bombardeado por mil estímulos audiovisuales por minuto.

Cuando volvió OT en 2017, se insistió en que el espectador de entonces tenía muy poco que ver con el del primer 'Operación Triunfo' en 2001. Obviamente. Pero es que los tiempos y los hábitos de consumo están cambiando tan rápido, que incluso ya podemos decir que el público de 2020 es distinto que el de 2017. En tres años, nos hemos saturado de concursantes de OT, singles, videoclips... Los responsables de OT lo saben y lo único que pueden hacer es no bajar la guardia para ratificar que OT sigue siendo un formato vigente, moderno, inspirador y necesario en TVE.

Borja Terán.

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