Miércoles, 18.09.2019 - 23:11 h
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Un líder con el carisma de Chávez desafía el poder absoluto de Maduro

Cada vez que se hacían cábalas sobre cómo echar a Nicolás Maduro del poder en Venezuela, aparecían tres escenarios: un levantamiento popular extremo, un golpe militar o una intervención de Estados Unidos. El levantamiento popular en masa ya tuvo lugar hace dos años y, al final, la represión por las armas (148 muertos) acabó debilitando a los manifestantes. El golpe militar se ha llevado a cabo con bastante poca fortuna pues los levantamientos de los militares han sido neutralizados uno tras otro. De modo que no quedaba lugar a la esperanza. Solo un hecho inesperado, eso que se llama un 'cisne negro', podría tumbar al dictador que se perpetúa en el poder de Venezuela con elecciones fraudulentas, abuso de poder, y uso de la fuerza.

De repente, surgió Juan Guaidó. Este político venezolano de 35 años, fue nombrado el 5 de enero pasado presidente de la Asamblea de Venezuela, el poder legislativo elegido legítimamente por los venezolanos. Recordemos que Nicolás Maduro no reconoce esta asamblea por la peregrina razón de que la mayoría de los diputados son sus enemigos políticos.

Por eso convocó hace casi dos años unas pseudo-elecciones para formar otra Asamblea Constituyente, y poner allí a 'los suyos': los chavistas. Esta asamblea falsa se reúne a pocos metros de la asamblea legítima, de modo que el país está siendo aparentemente legislado por dos asambleas. Pero dado que los poderes ejecutivo y el judicial están en manos de Maduro, al dictador le daba igual. La 'otra asamblea' no tenía poder.

Sin embargo, apareció un 'cisne negro'. Juan Guaidó acaba de declararse también “presidente interino de Venezuela”, apelando a un artículo de la Constitución (por cierto, chavista), que dice que se puede revocar el mandato del presidente de Venezuela si la asamblea le considera incapaz. Y eso lo hizo hace dos semanas. La Asamblea legítima no reconoció a Maduro como presidente.

El mismo artículo 233 afirma que tras la incapacitación del presidente, el que tiene que tomar el mando del país de forma provisional es el presidente de la Asamblea Nacional. Y ese presidente de la Asamblea es… Juan Guaidó.

Guaidó acaba de dar el paso más importante y más arriesgado de su vida política: declararse presidente interino de Venezuela. Le ha lanzado el guante directamente a la cara de Maduro, quien ha amenazado con responder con contundencia.

Pero apenas Guaidó se declaró presidente, Estados Unidos intervino: en su cuenta de Twitter, Donald Trump reconoció a Guaidó como “interim president of Venezuela”, lo cual no es tan eficiente como una invasión pero vale. También lo ha hecho el secretario de la OEA y se espera que más países se sumen al reconocimiento de Guaidó.

Al mismo tiempo que Guaidó lanzaba su desafío, lanzaba un discurso desde una plaza céntrica de Caracas, animando a los venezolanos a salir a la calle para protestar contra Maduro y apoyarle a él.

Dicho y hecho. Cientos de miles de venezolanos se movilizaron este 23 de enero, que para Venezuela tiene connotaciones especiales porque en esa fecha hace muchos años los partidos políticos destronaron la autocracia del general Marcos Pérez Jiménez y dieron nacimiento a la moderna democracia venezolana. Ese nombre, 23 de enero, es también el de uno de los barrios que en el pasado fue más chavista y que ahora se rebela contra Maduro.

Maduro ha amenazado con llevar a la cárcel a Guaidó. Y lo hará como lo hizo con otro miembro de ese partido, Leopoldo López, de Voluntad Popular, a quien entre torturas y confinamientos, anuló casi por completo.

Guaidó se la está jugando. Este ingeniero, casado y padre de una hija, educado en la mejor universidad de Venezuela, y en la universidad George Washington de EEUU, tiene en sus manos el detonador de una rebelión de consecuencias impredecibles.

Tiene a su favor la energía y probablemente la temeridad que le dan sus 35 años. Es más, guarda cierto parecido a Hugo Chávez, no solo físico, sino que también es buen orador. Es lo que necesita Venezuela en este momento. Un guía con carisma.

Pero no nos confundamos. Maduro tiene uno de los instrumentos más convincentes de cualquier dictador: el poder de la represión por las armas. Y sobre todo, tiene detrás a unos servicios secretos, asesorados por cubanos, cuya experiencia en resistir todo tipo de rebeliones es de más de 60 años.

A Guaidó ya le dieron un toque hace unos días, cuando le detuvieron en medio de la autopista y le llevaron preso durante unas horas. Era un aviso de Maduro: “Esto es lo que podemos hacer contigo, donde queramos y cuando queramos”, parecía decir el dictador.

Guaidó afirma que no teme la cárcel. Pero alguien debería decirle que Venezuela ya tiene muchos héroes encarcelados. Venezuela necesita líderes en la calle. El país se muere de hambre y de enfermedades, y sería un golpe muy duro ver a este líder entre rejas. Aunque, quién sabe: a lo mejor ese es el detonante definitivo.

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