Domingo, 25.08.2019 - 00:55 h

Así mató el soberanismo a la 'agenda del cambio'... desde el banquillo

Cuanta más expectación pretende generar una formación política o un Gobierno a la hora de anunciar grandes planes sobre el papel que nos van a arreglar la vida a todos, más decepciona su presentación. Esa regla general se cumple sobre todo si se trata de megaproyectos que pretenden abarcar el devenir de toda la vida económica y social de un país, desde le energía a la ciencia, pasando por la reforma laboral, los impuestos y algo tan grande como intangible, como la desigualdad, un mal crónico de las sociedades modernas. Pero si además cometes un error básico a la hora de darle bombo y platillo, con anuncios previos que se van a llevar todo el interés hacia otro tema  (incluso negativos para quien lo dice para más inri), la cosa es para hacérselo ver.

Es loable y de agradecer el intento del gabinete de Sánchez por atender a todos los medios informativos como se debe, después del oscurantismo informativo (o a la gallega) de la etapa de Mariano Rajoy. Pero esta semana se han cometido dos errores garrafales de comunicación que han hecho saltar todas las alarmas sobre el grado de desconcierto que reina entre quienes detentan el poder ejecutivo. Primero, nunca se habían dado tantas ocurrencias en España sobre la figura del ‘relator’ como después de que esa palabra saliera de la boca de la vicepresidenta, Carmen Calvo, intentando explicar lo inexplicable sobre esa figura bajo el tamiz del independentismo para interpretar el juicio del proces. Y segundo, después del relator, escritor, mediador, taquígrafo o monje amanuense de toda la semana, llegamos a un Consejo de Ministros que presenta la tan anunciada ‘agenda del cambio’ de Sánchez, minutos después del jarro de agua fría de la vicepresidenta (otra vez) anunciando que se rompían las relaciones con los soberanistas catalanes, de forma que tanto la agenda milagrosa del Gobierno a largo plazo, como sus presupuestos a corto, quedaban pendientes de un hilo.

Que la agenda del cambio iba a ser un ‘bluf’ era más que predecible, sobre todo para quienes hemos estado alguna vez cerca de ese tipo de estrategias políticas (muy propias del PSOE) en las que se acumula todo lo que ya se hace, se envuelve en cuatro ideas fuerza que nadie puede desmentir por ser casi verdades universales y se coloca todo en ‘power point’ más o menos ordenado, con un título tan pretencioso como llamativo. Si cogemos todas las iniciativas, en su mayor parte genéricas, que relató la ministra Nadia Calviño el pasado viernes tras el Consejo de Ministros, es muy fácil ver que son lo que en el argot periodístico llamamos “las no noticias”. Es decir, que la noticia sería que ocurriera o se hiciera lo contrario de lo que dice ahí. Es un bonito ejercicio de práctica periodística que recomiendo a quien quiera conocer un poco más esta profesión, por lamentable que sea que una iniciativa política así prácticamente solo sirva para eso.

Cuentan las malas lenguas que la susodicha agenda del cambio estuvo a punto de no llegar al Consejo de este viernes. Ya había ocurrido la semana anterior, cuando salió el ‘paquete’ del Ministerio de Economía el jueves para ser puesto en sociedad, pero fue devuelto a una caja fuerte para esperar una semana más, a la vista de que no era el momento adecuado. A la vista de que este viernes, certificada la ruptura con los socios independentistas catalanes de la moción de censura, tampoco era el mejor momento, aunque se hizo, cabe pensar si en Moncloa no se defendió en algún momento dejar la manida agenda para más adelante y usarla para lo que verdaderamente había sido pensada: como base del programa electoral del PSOE de Sánchez, más cerca que nunca de convocar elecciones si no saca adelante sus cuentas públicas. En las conversaciones de pasillo del Ministerio de Economía comentan que fue el empeño de Nadia Calviño lo que hizo que la agenda saliese al fin el pasado viernes, siquiera con un informe a modo de aproximación, ante las reticencias que Sánchez y su equipo mostraban por lo que se les venía encima tras el fiasco catalán.

Muerto el relator y hundida la agenda del cambio en la intrascendencia, la política real nos lleva a un pleno de enmiendas a la totalidad de los Presupuestos que va a ser un verdadero duelo a muerte para el presidente Sánchez. Tres días después de la avalancha de banderas de este domingo en la madrileña Plaza de Colón pidiendo una España más unida y elecciones ya, puede resultar grotesco comprobar como el independentismo catalán, desde el banquillo del Tribunal Supremo, es capaz de dejar fuera de juego al Gobierno y sin presupuestos (ni inversiones ni política social ni nada) a todos los españoles, incluidos los catalanes.

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