Sábado, 16.11.2019 - 02:06 h

La banca ante el 'tsunami' del IRPH y la búsqueda de su reputación perdida

Resulta cuando menos chocante la tranquilidad con la que los  servicios jurídicos de algunas entidades financieras se han tomado la opinión del abogado general del Tribunal Superior de Justicia de la UE (TJUE) sobre el posible carácter abusivo del IRPH en las hipotecas, a pesar de que se juegan en esta batalla judicial miles de millones de euros y, lo que es peor, un bajonazo tremendo a su ya maltrecha reputación  ante la opinión pública. Es cierto (y jueces muy cercanos a este caso así lo corroboran) que las conclusiones emitidas por el abogado europeo son menos contundentes que en otras muchas ocasiones y no dan nada por sentenciado antes de tiempo, pero eso obliga ahora a los magistrados de Luxemburgo a emplearse a fondo a la hora de dictar su fallo, algo que no aleja la incertidumbre y el potencial varapalo al que se enfrentan algunos de los bancos nacionales y regionales más fuertes del mercado español.

Varios altos funcionarios de Bruselas temen que en los próximos seis meses (que pueden ser más) hasta que se dicte la sentencia, se van a disparar las presiones y la búsqueda de recovecos legales de todo tipo para intentar balancear la decisión final de los magistrados en un sentido u otro. Es mucho lo que hay en juego en el caso español y las grandes entidades afectadas cuentan con los mejore equipos legales y de lobistas para intentar parar un golpe que, por ahora, parece que han logrado solo esquivar. De hecho, el mismo día que se anunciaba la opinión del abogado general, tras haber sido retrasada casi tres meses (se esperaba en junio), los mercados financieros no supusieron un serio azote para la banca. Al contrario, la recuperación de los valores al final de ese fatídico día lanzó un balón de oxígeno a las versiones mas optimistas y se interpretó como que el lobo no venía todavía a comerse a nadie.

Tampoco desde el Gobierno se han lanzado en esta ocasión mensajes demasiado tremendistas, a pesar de que saben que se trata de un problema que para el sector financiero puede llegar a tener una envergadura tan fuerte como la del rescate y dejar el caos que se ha montado con las cláusulas suelo en una mera anécdota. Salvo alguna alusión simple de Nadia Calviño, nadie ha querido ponerse al frente de la manifestación esta vez desde Moncloa, emulando lo que ya hicieron con el mal llamado impuesto de las hipotecas (IAJD), cuando Sánchez llegó incluso a llevar la contraria al propio Tribunal Supremo para apuntarse una medalla más. En el Ejecutivo en funciones también hay grandes abogados del derecho de los negocios que saben que el letrado general del TJUE no ha dejado tan claras las cosas como para apostar ahora por algo que se pueda convertir en votos.

A medio plazo, se vislumbra una sentencia muy técnica por parte del TJUE, apoyada en otros casos anteriores como los de las cláusulas suelo o el vencimiento anticipado de las hipotecas, en la que la defensa del consumidor será la pauta base, pero teniendo en cuenta que la mayor parte de quienes firmaron hipotecas con el IRPH sabían (mejor o peor) que seguramente sería más cara que el euribor. Quien se sienta engañado y lo pueda demostrar va a poder tirar de la sentencia para recuperar el dinero que le corresponda, eso es seguro, pero en el camino se va a encontrar opciones de negociación con su banco, tipos alternativos para su hipoteca y otros pasillos que tomar, de acuerdo o no con su banco, para solventar su situación. Normalmente, solo una cuarta parte de los afectados por este tipo de procesos suele poner una demanda judicial y, si el banco está hábil y tiene soluciones alternativas válidas para sus clientes (esta vez sin engañarles demasiado), puede evitar miles de juicios que afrontar y que en nada convienen a su reputación.

Los pequeños despachos de abogados que ya han comprobado el suculento negocio que suponen este tipo de grandes batallas contra la banca cuando se cuenta con el aval de una sentencia europea, preparan sus cuadros para acoger al máximo de clientes cabreados con su entidad y sacar tajada por solucionarle el problema. Lo raro, una vez más, es que con todo lo que los bancos afectados se van a gastar en asesores en este nuevo frente abierto, no intenten convertir el riesgo que afrontan en una oportunidad para demostrar a sus clientes que, además de prestarles dinero y cobrarles comisiones, son capaces de solucionarle los problemas, e incluso de reconocer sus errores (con culpa o sin ella) y buscar la mejor alternativa para todos.

El abogado general ha dejado todas las opciones abiertas y, a la espera de la sentencia o antes de que salga y marque un camino en el que no se pueda retroceder, está en el tejado de la gran banca aprovechar la ocasión para acercarse más a sus clientes con soluciones imaginativas (no interesadas) que palíen en lo que se pueda la deteriorada reputación que arrastran frente a la opinión pública, sea justa o injusta. Seguro que eso es más barato que ir de nuevo a juicios multitudinarios y perder en la mayor parte de los casos.

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