El negocio nuclear languidece con las centrales francesas bajo la lupa


  • El supervisor nuclear francés ha anunciado una nueva revisión de las centrales que se extenderá hasta 2018

  • En EE UU, como en España, las cuentas del negocio nuclear no cuadran con pérdidas en aumento

Central nuclear de Flamanville, en el norte de Francia.

Central nuclear de Flamanville, en el norte de Francia. EUROPA PRESS

Francia, el país nuclear por excelencia, con 58 centrales activas, una inactiva y 12 desmanteladas, se convierte, poco a poco, en el termómetro de una industria en declive. Lo último es la decisión de la ASN, el consejo de seguridad nuclear galo, de revisar los componentes fabricados en las instalaciones de Creusot Forge instalados en las centrales que explota la eléctrica pública EDF, un proceso de revisión de todo el parque nuclear que se extenderá hasta 2018. En España tampoco cuadran los números. El negocio nuclear post Fukushima no es rentable por las exigencias de inversión y es lo que ha llevado al cierre de la central de Garoña en pleno mes de agosto.  

El desastre de Fukushima, en 2011, fue el punto de inflexión. Desde entonces se han endurecido en todo el mundo las cuestiones de seguridad y las consiguientes exigencias de nuevas inversiones. Ese factor, junto al desarrollo de las energías renovables empujan el negocio nuclear hacia un callejón sin salida. 

Las empresas ven que las cuentas no salen. No hay beneficio y es lo que ha llevado a compañías como Iberdrola, en España, a plantear la posibilidad de un desmantelamiento progresivo de instalaciones. 

Una actividad que se agosta 

El panorama en los grandes países occidentales es el que corresponde a una actividad que se agosta. En Francia, la gran empresa de ingeniería nuclear Areva quebró y tuvo que ser rescatada, en una especie de cambio de cromos –las dos son empresas controladas por el estado- por la eléctrica estatal EDF y en EE UU  Westinghouse Electric –filial de Toshiba Corporation- también ha ido a la quiebra con pérdidas superiores a los 4.500 millones de dólares. 

El panorama es desolador: en EE UU, 34 de las 61 instalaciones nucleares pierden dinero, según Bloomberg. En España, como ha demostrado el caso de Garoña, las cuentas tampoco cuadran. Iberdrola detalló que sus nucleares acumulan pérdidas de 1.000 millones desde 2013 y Endesa precisó que en el caso de Garoña, una posible la prórroga requeriría menos impuestos y menos inversiones.  

Más aún. El informe de PWC sobre Garoña, a petición de Iberdrola, indicaba que alargar su vida útil a 60 años acarrearía pérdidas por 1.062 millones y exigiría un precio del mercado mayorista entre 65 y 69 euros MWh. 

La cuestión de la seguridad y de las inversiones para mejorarla es clave. A finales de 2016, el gobierno de Japón casi duplicó las proyecciones de costes relacionados con el desastre nuclear de Fukushima hasta situarlos en 21,5 billones de yenes (188.000 millones de dólares). Y la cuenta no está cerrada. 

Minimizar los riesgos

Francia quiere minimizar riesgos y por ello, va a revisar de nuevo las centrales en operación. La ASN justifica la medida porque Areva puso de relieve el pasado año "deficiencias en algunas cuestiones nucleares de fabricación de equipos a presión fabricados por su fábrica de Creusot Forge". Por ello, plantea a la empresa pública EDF "revisar todos los registros de fabricación de los equipos instalados en sus reactores en funcionamiento. EDF realizará la revisión dos meses antes del reinicio de cada uno de sus reactores después de una parada para repostar.  

En principio, no se espera que la medida tenga las consecuencias del pasado invierno, cuando la paralización de parte del parque nuclear francés afectó a los precios de la electricidad de media Europa, incluida España. Francia anunció este año que pretende reducir la generación nuclear en un 50% para 2025, lo que conllevará el cierre de hasta 17 centrales. Alemania ha ido más allá en sus planes y en 2011 acordó el abandono total de este tipo de energía en el año 2022. 

Actualmente existen en la UE 129 reactores atómicos operativos en 14 miembros comunitarios. El problema es que esas instalaciones tienen una antigüedad media de 30 años, según datos de la Comisaría de Acción Climática y Energía que dirige el español Miguel Arias Cañete. Mantenerlas no será barato. 

La Unión Europea, según la Comisión, necesitará invertir entre 350.000 y 450.000 millones de euros hasta 2050 para mantener las centrales, algo que considera necesario. Porque pese al declive del negocio, Arias Cañete sostiene -así lo dijo en mayo en un encuentro de expertos- que la energía nuclear en la UE "no está muerta"