Miércoles, 27.05.2020 - 12:01 h
Cinco médicos fallecidos

El drama de la doctora Bravo: de soñar desde niña con curar a morir con 28 años

Sara es un reflejo de la cara más cruel del coronavirus: la falta de material para los que luchan en primera línea y las muertes en soledad.

La doctora Sara Bravo López siempre quiso ser médico
La doctora Sara Bravo López siempre quiso ser médico. / Cedida por la familia

Sara Bravo López. 28 años. Su pasión desde niña: ser médico para ayudar a los demás. Y eso hacía esta doctora cuando le pidieron cambiar el turno de guardia en el Centro de Salud de Mota del Cuervo (Cuenca). Estaba enamorada de su trabajo y le costó mucho esfuerzo llegar hasta ahí. Esa noche en la que el destino quiso que estuviera trabajando llegaron unos jóvenes con síntomas propios del coronavirus. Pocas horas tardó en llamar a su madre, que vive en Santa Cristina de la Polvorosa (Zamora). Sabía lo que era exponerse. Días después, cuando la fiebre no paraba de subir y bajar, ella misma cogió su coche y se dirigió hasta el hospital. Creía que le iban a recetar algo y tendría que pasar la cuarentena en su casa. No fue así. Se quedó ingresada. Días después falleció... sola. En España han muerto ya cinco médicos y una enfermera por culpa del Covid-19. La doctora Bravo es la última, y la más joven. Para muchos se ha convertido en el rostro de esta sinrazón que lleva a los sanitarios a la primera línea de batalla sin el material necesario para no ser contagiados y a los enfermos a fallecer en la más absoluta soledad.

Su madre llevaba días sin poder coger el móvil. Desde que la propia Sara le iba contando de viva voz o por mensajes cómo se encontraba. Anabel, su prima, relata a La Información lo luchadora que siempre fue esta veinteañera cuya muerte ha hecho que todos sus compañeros de promoción de la Universidad de Valladolid, en la que se licenció, se unan en un grupo de Whatsapp para recordarla y mandar una corona de flores con un  mensaje: "De los compañeros de facultad de Sara con cariño". No saben cuándo llegará hasta el cementerio de la localidad zamorana donde su madre se construyó una casa tras enviudar y a la que ella iba siempre que tenía vacaciones o lograba escaparse.

Todo el mundo destaca lo optimista y sonriente que era Sara
Todo el mundo destaca lo optimista y sonriente que era Sara. / Cedida por la familia

Allí fue enterrada casi en soledad, pese a lo extensa que es su familia (tiene por parte de madre numerosos tíos y primos). "Solo cuatro personas, distanciadas, sin poder abrazarnos, con mascarilla y con el ataúd sellado y sin poder verla", recuerda Anabel del día en el que se le dio sepultura. Ella fue quien atendió la llamada del Hospital Mancha Centro, en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), cuando le comunicaron su fallecimiento. A través del Ayuntamiento se gestionó un nicho para que "Sara pueda estar cerca de su madre".

"Sara no quería que la intubaran", cuenta Anabel. Pero no había otro camino. Los familiares quieren darles las gracias a los sanitarios que atendieron a su pequeña Sara "porque estoy segura de que hicieron todo lo posible". Esta joven tenía problemas de asma "pero no tanto como para lo que le ha hecho el virus". En el hospital sigue aparcado su coche, en el que llegó pensando que una vez le atendieran le mandarían a casa. "Era una niña sana". En su centro de salud se dio de baja en cuanto identificó los síntomas, "lo mismo que ha sucedido con otros compañeros", aseguran a este medio desde allí. Esta médico de familia  dejaba sin palabras a sus pacientes, que recuerdan el cariño y la atención que les prestaba. Y no son los únicos que la describen de esa forma, más allá de la familia.  

Sara cambió el turno de guardia donde se infectó
Sara cambió el turno de guardia donde se infectó. / Cedida por la familia

Beatriz, una de sus amigas con las que se comunicaba una vez fue ingresada, es lo primero que quiere destacar cuando este diario se pone en contacto con ella: "Era una persona espectacular. Siempre estaba sonriendo. Muy optimista. Leal. Honesta...".  Y acaba: "Sara no es un número más, es la Doctora Bravo López". Otra gran amiga suya, Yolanda, sigue intentando encajar lo que ha sucedido. "Siempre luchaba por todo, gran compañera, mejor amiga", recuerda entre lágrimas. Y no lo dice por decir. La vida a Sara no se lo había puesto precisamente fácil.

Desde pequeña tenía claro que quería ser médico, en parte para devolver lo que la Medicina le había dado a ella. Con problemas en una pierna desde que nació, tuvo que ser operada en numerosas ocasiones, pasando hasta seis meses de baja en casa. Aún así las notas no se resintieron nunca. Quería dedicarse a la cirugía en la especialidad de Traumatología, pero tras sus operaciones era más complicado pasar tantas horas de pie en el quirófano. Pero eso no le impidió, "tras mucha lucha", acabar la carrera. En cuanto empezó a ganar algo de dinero cumplió otro de sus sueños: viajar.  Enamorada de los viajes, también le encantaba ir al cine, a museos, conciertos... "Era todo vida", recuerda su prima, y "se ha ido como una heroína más", asegura, consciente de que los médicos y sanitarios "son nuestros soldados y están en primera línea". 

Sara junto a Beatriz (Centro) y yolanda (derecha), dos de sus numerosas amigas
Sara, junto a Beatriz (Centro) y Yolanda (derecha), dos de sus numerosas amigas. / Cedida 

Y eso hacía Sara, que según avanzaban los días ingresada y sentía "ese dolor en el pecho como si tuviera un yunque" era muy consciente "de lo que podía venir". Y "se apagó". La madre de Sara "no tiene consuelo ninguno". Y no solo por la pérdida, también "por la manera" en que ha sucedido. Porque no olvida "que no ha podido estar con ella y decirle lo mucho que la quería". "Los pacientes lo pasan solos. Es terrorífico", relata Anabel para denunciar la cara más cruel de esta pandemia. Ella y toda su familia sufren lo que estos días les sucede a los familiares de todas las víctimas que ha dejado ya en España el coronavirus: 7.427.

Sara siempre pensaba en ayudar a los demás
Sara siempre pensaba en ayudar a los demás. / Cedida por la familia

Santa Cristina de la Polvorosa llora la muerte de Sara. "A día de hoy no hay ningún caso", cuenta el alcalde a La Información. Tampoco en la residencia de ancianos que tiene esta localidad de poco más de 1.100 habitantes. Las banderas ondean a media asta desde que supieron que una de sus vecinas había muerto. Salvador Domínguez fue de los primeros en conocer la noticia. El resto del pueblo lo escucha cuando sale a comprar el pan al quiosco en el que otra tía de Sara atiende como puede al que se acerca soportando la pena que significa que se haya ido sin poder despedirse. Cuando todo pase se le organizará un acto homenaje. Hasta que llegue, la familia se aferra a que Sara era muy feliz con su trabajo.

Sara junto a su madre. Le encantaba viajar, la música, el teatro...
Sara, junto a su madre. Le encantaba viajar, la música, el teatro... / Cedida por la familia

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