Sábado, 20.01.2018 - 14:18 h
Andrés Torrubia compitió con 4.000 gurús de todo el mundo

Un español triunfa en el reto más grande de inteligencia artificial de Silicon Valley

Alicantino, su startup triunfa en EE UU y ha sido uno de los 4 ganadores de uno de los desafíos "más complejos en conducción autónoma de la historia".

Fotografía de Andrés junto a Colin Powell, en un acto que tuvo lugar en EE UU,
Andrés junto a Colin Powell, en un acto que tuvo lugar en EE UU,

A sus 12 años (la edad exacta que ahora tiene su hijo) Andrés Torrubia sintió que la tecnología había llegado a su vida. Cuando le regalaron el primer ordenador de su infancia, supo de inmediato que "quería descubrir cómo esa caja inerte era capaz de cobrar vida", según cuenta. Treinta años después, este alicantino puede considerarse toda una eminencia en la materia. No es para menos: ha regresado el mes pasado de EE UU, donde se ha consagrado en el desafío "más complejo y grande de la historia de Silicon Valley, para desarrollar innovación en la conducción autónoma", como el mismo describe.

En esa cumbre que ha reunido a cuatro mil rivales, gurús y técnicos de todas partes del planeta (repartidos en hasta dos mil equipos), entre los que participaban 'galácticos' de Apple, Google y genios matemáticos de Europa del Este y Asia, este ingeniero en Telecomunicaciones terminó entre los cuatro ganadores. Fue nada menos que el primer participante de Europa occidental clasificado. La prueba, patrocinada por Udacity, ("la Universidad on-line fundada por Sebastian Thrun, padre del coche autónomo de Google") fue impulsada por 'Didi', "el Uber chino".

El desafío 'Udacity-Didi' se distribuyó en tres fases. El núcleo del problema a resolver tenía que ver con la percepción externa que ayuda a funcionar al sistema autónomo de un coche. En definitiva, consistía en 'alimentar' en tiempo real al vehículo (dotado con sensores láser y cámaras) de información vital sobre los obstáculos que debía sortear en su entorno (otros coches, peatones, etc.) para que éste procese esos datos y regule la dirección y velocidad adecuadas de manera autónoma, sin chocar ni detenerse.

"Debo confesarlo: me presenté a la prueba de una manera un tanto irresponsable. Desconocía realmente la envergadura y la complejidad de la misma. Se trata del desafío más difícil en materia de inteligencia artificial y conducción autónoma que Silicon Valley haya convocado jamás. Eso sí, a veces puede resultar una ventaja no medir los riesgos y ser un poco ingenuo en este sentido", cuenta Andrés,  entre risas.

"La industria automovilística está en plena transformación y allí estaban los representantes top de las empresas tecnológicas más afamadas del mundo. A pesar de la complejidad, me apasionaba el
problema matemático.
Para resolverlo, no utilicé un método ortodoxo porque sabía que esa era el arma de mis grandes rivales. Era como jugar contra cientos de 'Federers' con el mismo sistema táctico de Roger. Si lo haces así te fulmina en dos segundos. A veces, en el mundo de las nuevas tecnologías, te das cuenta de que si no eres un experto en determinado campo, eso puede ayudarte, aunque de entrada no parezca así", comenta.

Una de las claves de su éxito

Para ello, Andrés se basó en un artículo matemático y decidió ejecutarlo de "una manera nueva", según señala. En la prueba, cogió puntos en tres dimensiones y los transfirió a un espacio de 64. Después hizo las transformaciones matemáticas pertinentes (antes de volver al 3-D). Toda esa información fue trasladada a un algoritmo que el coche autónomo necesitaba para circular. Pero al principio la estrategia no funcionó del todo. Torrubia entonces replanteó su apuesta: convirtió las
imágenes del láser a una dimensión y las transfirió a través de un "tipo de red neuronal que se utiliza para la traducción automática de  datos". Finalmente se unió a un físico nuclear ruso especializado en sistemas operativos y consiguió que el ordenador del coche interpretara adecuadamente la información. El valenciano solo quedó por detrás de tres rivales chinos y rusos. "El desafío establecía que los primeros cinco eran los ganadores, y yo estoy entre ellos", admite feliz.

Por ello, el pasado mes este hombre regresó triunfal a su tierra, y se convirtió en héroe (casi) anónimo. No está acostumbrado a las entrevistas y artículos, pero aunque no lo reconozca, sabe que ya viene triunfando hace tiempo como emprendedor. En 2008, Andrés cofundó (junto a dos socios más) la startup Fixr, que es una de las plataformas digitales de mayor éxito en Estados Unidos en su segmento. La misma cuenta ya con más de 100.000 empresas adheridas y se dedica al asesoramiento en la reforma de inmuebles. "Ayudamos al consumidor a tomar las mejores decisiones, utilizando Big data, marketing digital e inteligencia artificial. Somos líderes en este sector en California, Texas y Nueva York", afirma el hombre, que además ha sido nombrado embajador por la Universidad Politécnica de Valencia, donde se graduó.

Su startup cuenta ya con 30 empleados y colaboradores. Torrubia supervisa todo su funcionamiento desde Alicante, aunque viaja con asiduidad a Norteamérica. Cuando recuerda los orígenes de su carrera y cómo nació la idea de Fixr, parece regresar por unos instantes a aquella etapa de chaval a quien le fascinaba que una "caja fría e inerte se enchufara a la electricidad y cobrara vida".

La revolución de la inteligencia artificlal

Entonces relata, casi eufórico, que la inteligencia artificial lo atrapó desde chico. "De todas formas, hace solo tres años que los ordenadores han comenzado a marcar un cambio realmente trascendente y a mostrar avances casi de ciencia ficción. Por ejemplo, los sistemas de reconocimiento de voz o faciales no son casuales. Esto ha cambiado realmente hace poco. Por ello a no me quedó otra que volver a capacitarme", comenta. 

¿Cuál serán los próximos desafíos de este ingeniero que ha dejado huella en Silicon Valley? En su carrera de éxito también cuenta con "otros muchos proyectos" que ha concretado a lo largo de su vida. Por ejemplo, uno de sus primeros grandes hitos como emprendedor fue Trymedia, firma que el alicantino vendió por 34 millones de dólares en 2005. Hace dos años, por otra parte, creó Howmuch (un portal de datos que también marcha sobre rieles). Eso por citar solo algunos proyectos innovadores concretados.

"Ahora no me planteo nuevos retos concretos en lo inmediato. Lo que sí espero es que, después de lo que me ha ocurrido, de todo esto salgan nuevos intérpretes que se animen a introducirse en el mundo de la inteligencia artificial, que ha cambiado el paradigma de la ingeniería. Eso es lo que va a redefinir el futuro. No tengas dudas. Tendrá la misma importancia decisiva para el curso de la humanidad como en su momento lo fue la electricidad, por ejemplo", asegura. Y si él lo dice, habrá que tenerlo muy cuenta. Los avales, antecedentes y logros de este español que triunfa en el mundo son motivos más que suficientes para creerle.

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