Viernes, 24.11.2017 - 19:26 h

Guerra de comunicación entre la Generalitat y el Gobierno tras el atentado

Los símbolos y el lenguaje han estado debajo de los éxitos de los Mossos, pero también hay algunas críticas.

A la mayoría de los españoles no se les ha escapado el duelo de comunicación entre la Generalitat y el Gobierno.

La guerra de comunicación entre la Generalitat y el gobierno tras el atentado

Desde el primer minuto del atentado, la Generalitat se dio cuenta de que tenía que demostrar a los catalanes que ante este acontecimiento trágico no necesitaban para nada al Gobierno de Madrid. La comunicación estuvo dirigida a demostrar el éxito de la operación antiterrorista diseñada por la consellería de Interior y los Mossos, y reforzar el sentimiento independentista.

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El primer acto de comunicación de la Generalitat no fue lo que se dice un éxito de comunicación. El jefe de los Mossos d’Esquadra, José Lluis Trapero, dio el mismo día del atentado, el 17 de agosto, una explicación del seguimiento que fue especialmente confusa. No se sabía si el chalet que había volado por los aires días antes estaba conectado con el atentado, cuál había sido la cronología, y dónde y cuantos eran los terroristas. “Confuso relato del atentado por parte del responsable de los Mossos”, decía en su cuenta de Twitter, Albert Montagut, periodista y profesor de la Universidad Pompeu Fabra.

A la mayoría de los españoles les molestó que la primera versión de los dos portavoces (José Lluis Trapero, por los Mossos, y Joaquim Forn, por la conselleria de Interior) fuera en catalán, pero a los catalanes no solo les pareció natural sino que no entendían las críticas a su propia lengua. En este aspecto, la Generalitat sabía que el idioma era el mensaje.

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A partir de ahí, se desató un pugilato entre el Gobierno de Madrid y la Generalitat. Los primeros trataban de que no se aprovechara un acto terrorista para acentuar el sentimiento independentista, y los segundos, trataban de que ni el gobierno de Rajoy ni las fuerzas de seguridad como la Policía o la Guardia Civil aparecieran por ningún lado, porque era clave para demostrar que el Govern podía hacerlo solo.

La declaración presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pocas horas después que el ataque, de que el atentado no iba a alterar la hoja de ruta del procés, ya indicaba por donde irían las cosas: no pensaban dar ningún paso atrás. Ni en este momento tan crudo.El error de los bolardos

No era fácil ir por libre porque ante un evento de esa magnitud, se necesitaban la colaboración de todas las fuerzas de seguridad. Los primeros indicios de que algo se había hecho mal comenzaron a surgir un día después. “La Rambla no cuenta con bolardos”, informaba el diario La Vanguardia, al día siguiente del atentado.

Ni la consellería de Interior ni la alcaldía de Barcelona quisieron seguir una recomendación del Ministerio del Interior en diciembre pasado, de que instalaran bolardos en el paseo de La Rambla y otras zonas muy frecuentadas. La alcaldía lo reprochaba a la consellería. Pero la prensa, como El periódico de Cataluña, se seguía preguntando: ¿por qué no había bolardos?

Ese ha sido, con seguridad, el agujero negro en la comunicación de la Generalitat y la alcaldía, pues ni lo catalanes se han tragado la versión oficial, según la cual solo se instalaban en actos concretos como la cabalgata de reyes. A esa hora, se reinstalaban los bolardos en algunos puntos de Madrid, pero la alcaldesa de Barcelona se siguió negando con la excusa de que “Barcelona tenía que seguir siendo una ciudad de libertad”. ¿Quién le explicaba a las victimas que no se instalaran bolardos en la avenida más frecuentada de Barcelona? Finalmente, Colau ha cedido y habrá bolardos.Un solo Mosso acaba con cuatro terroristas

Pero, en las primeras horas, ese no era el mayor problema. Había que cazar y neutralizar a los terroristas, y comunicar a la opinión pública el resultado. Fue aquí donde, sin duda, los Mossos se ganaron la admiración: en pocas horas detectaron al comando en un control, y luego los abatieron: cinco terroristas muertos. Un solo policía de los Mossos realizó la operación de matar a cuatro de ellos, lo cual le daba a la Generalitat la oportunidad perfecta para demostrar que se bastaban solos.

Además, comenzó a circular la información de que no era un agente, sino una agente, una mujer, lo cual daba aun más popularidad a la noticia. La dicha para la política de comunicación de la Generalitat no fue del todo plena, porque tres días después del atentado, alguien filtró a El Mundo que el mosso que acabó con los cuatro terroristas había estado en la Legión y era de Cáceres.

“Los Mossos de Esquadra han rechazado dar datos a este periódico sobre la identidad del agente, con 11 años de experiencia, pero niegan que sea legionario”, afirmaba la información de El Mundo, que se ratificaba días después en su noticia.

También es verdad que, dar la identidad de un mosso, sea hombre o mujer, le pone en el punto de mira de los grupos yihadistas, especialmente si es mujer, y nadie está dispuesto a comprobar quién era.

Un día después, el 21, los Mossos daban otra muestra de eficacia al abatir al terrorista que había conducido la furgoneta por la Rambla. Durante todo este tiempo, la política de comunicación de los Mossos y de la consellería de Interior fue ganando puntos.

En primer lugar, porque la cuenta de Twitter de los Mossos informaba con precisión en varios idiomas: español, catalán, francés e inglés,. En segundo lugar, porque las comparecencias del jefe de los Mossos, mejoraron sus contenidos, y daban cada vez más la imagen de eficacia de sus fuerzas.

Desde el principio, el gobierno de Rajoy tenía que jugar sus cartas para demostrar la estructura del Estado. Nadie se podía negar a un acto de duelo nacional. En el minuto de silencio en Barcelona, la foto en la que aparecía el rey, el presidente Rajoy, el presidente Puigdemont, y los representantes políticos, era la demostración de la pirámide del poder en un acto de duelo nacional: todos los españoles con Cataluña.El Gobierno ordena no cuestionar a los Mossos

Además, al gobierno no le interesaba hacer declaraciones políticas, que pudieran dar alas a los independentistas, para airear su victimismo. El Ministerio del Interior, según elindependiente.com había dado la orden de no cuestionar en ningún momento las actuaciones de los Mossos. El 1 de octubre, si se celebra el ilegal referéndum independentista, pueden ser sus mejores aliados.

Pero la desconfianza se respiraba en el ambiente. Al día siguiente de los atentados, el presidente de Gobierno apenas se vio con Puigdemont, manifestando su desconfianza. Rajoy valoró la colaboración conjunta de las fuerzas de seguridad.
Por la tarde, en una rueda de prensa conjunta, Rajoy evitaba mirar a Puigdemont mientras este hablaba. Una imagen, mil palabras.Zoido se equivoca al hablar de desarticulación

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, no estuvo desde luego muy a su altura cuando dio por desarticulada la célula, sabiendo que quedaba un terrorista suelto, que fue abatido días después. Los Mossos se aprestaron a desmentirle, dejando claro “son los Mossos los que lideran la investigación”, aunque admitiendo que lo hacen complementando sus labores en un trabajo conjunto y coordinado con la Policía Nacional y la Guardia Civil, con quienes comparten “mucha información”, según informaba en rueda de prensa el portavoz de la policía catalana.

El ministro en cambio forzó la partida cuando convocó al Pacto Antiterrorista, pocos días después del atentado. Los partidos catalanes no lo suscribieron sino que aceptaron ir solo de observadores. El diario La Vanguardia criticaba esta actitud en un editorial. “Y también lo sería reconfortante que los políticos de distintos partidos que estos días han prodigado llamamientos a la unidad actuasen en consecuencia. Es decir, anteponiendo el consenso en pro de la seguridad de sus representados a otros objetivos de parte”.Los mensajes, en catalán

Las ruedas de prensa en catalán inquietaban a algunos periodistas pues hasta los extranjeros que hablaban español necesitaban traductor, algo que se podía haber arreglado hablando en español todo el tiempo. Claro que, no se daban cuenta de que el mensaje era para los catalanes, no para los extranjeros.

Hubo periodistas que abandonaron la rueda de prensa del día 21, molestos porque que se hablara en catalán, cuando se preguntaba en catalán. La respuesta del jefe de los Mossos se convirtió en viral, sobre todo entre los activistas de las redes sociales catalanas, que lo aplaudían: “Bueno, pues molt bé, pues adiós”, dijo Trapero. Esa frase dio lugar hasta a una serie de camisetas.

Otras declaraciones de Joaquim Forn, el conceller de Interior, no han sido muy afortunadas: distinguir víctimas catalanas y españolas, fue un acto de descortesía… excepto para los independentistas, que tenían que contrarrestar el efecto ‘España’ que estaba extendiéndose por todo el mundo.Fuera de España: toros y banderas españolas

El ‘efecto España’ era ni más ni menos que muchos países decidieron solidarizarse con Barcelona, iluminando monumentos con la bandera española. El World Trade Center de Nueva York, el obelisco de Buenos Aires, el ayuntamiento de Tel Aviv… Y hasta el diario británico The Telegraph lanzó por Twitter una imagen de apoyo a España que consistía en algo tan típico como el toro español arremetiendo contra una furgoneta. El lema: “Spain stands strong” (España resiste).

Para el resto del mundo, la batalla de la comunicación que estaban librando el gobierno catalán y el central no se entendía. Tampoco se entendía la importancia de hablar en catalán o en español, y muchos menos las diferencias entre lo catalán y lo español.

Por eso, el gobierno catalán no podía dejar pasar la oportunidad para demostrar que son cosas diferentes. Raül Romeva, el denominado conseller de exteriores de la Generalitat, se entrevistó con representantes de Exteriores de varios países, tratando de demostrar la importancia y la equivalencia de su cargo. Incluso la CNN le dio el trato oficial de ministro de Exteriores de Cataluña.

Algunos analistas como Casimiro García-Abadillo, de elindependiente.com, afirman que el atentado y la forma en que se ha manejado son un revés para el independentismo, y el procés, o por lo menos lo dificultan. Eso está por ver, pues nadie a estas alturas sabe cómo se van a desarrollar las próximas semanas en las que van a pasar cosas tan importantes como la Diada, la ley de independencia que espera aprobar el parlamento catalán y el supuesto referéndum de independencia que se espera celebrar el 1 de octubre.La guerra de mensajes ha comenzado

Hasta entonces, cualquier movimiento de las dos partes, gobierno de Madrid o Generalitat catalana se interpretará por la otra parte como algo con un significado especial: un mensaje antinacionalista, o pronacionalista. Pondrá a todos en alerta, incluso ante los medios. La portada de Abc en la que el ministro Zoido aparece con una foto del último terrorista abatido por los Mossos con el titular de “abatido el autor de la matanza de Barcelona”, enfadó a muchos medios catalanes, incluso no nacionalistas.

Parecía que el solo mérito correspondía al ministro, lo cual fue duramente criticado por elnacional.cat, periódico catalán no nacionalista dirigido por José Antich (define a su diario como “transversal)”.

Por eso, en medio de esta guerra de mensajes e interpretaciones, la imagen que nadie pudo discutir, fue la de un desconocido nadador de Cádiz, que en los Campeonatos Master de Natación en Budapest, guardó un minuto de silencio por las víctimas de Barcelona. Al final, lo que debería comunicarse en este momento son dos cosas: el dolor por las víctimas y la pregunta de por qué fueron atacadas.WSJ constata la guerra mediática y da un vencedor

Esta guerra de comuncación no ha pasado desapercibida para medios extranjeros como The Wall Street Journal que constata las tensiones entre el gobierno central y la Generalitat a la hora de tomar las riendas en la investigación y en la comunicación.
De hecho, el diario constata que fue Puigdemont el que se convirtió en "la figura pública dominante que lideró la respuesta al ataque, eclipsando el papel del Estado central” y fue el que “el lunes por la noche hizo el anuncio, transmitido en directo por la televisión nacional, que la policía catalana había disparado y matado al único terrorista que quedaba”.

No olvida el diario tampoco que Raúl Romeva se presentaba a los dignatarios extranjeros como ministro de Asuntos Exteriores de la región.

WSJ destaca también dos gestos importantes a lo largo de esta terrible crisis. El hecho de que el Ministerio de Interior y los Mossos discreparan sobre la desarticulación del comando y que el conseller de Interior hablara de muertos españoles y catalanes también han sorprendido más allá de nuestra fronteras, donde también se ha visto que detrás de la tragedia... había un pulso. Una guerra mediática. La preguntas es ¿quién la ha ganado? WSJ da un vencedor: Puigdemont.

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