Domingo, 22.10.2017 - 23:16 h

“¿Ministro de Exteriores? Déjalo como un rumor”

Seguimos durante un día en el Congreso a Josep Antoni Duran i Lleida, portavoz de CiU en el Congreso. Y lo de "seguimos" no es retórico: su agenda apenas deja resquicios para nada más.

Miércoles por la mañana. Pleno en el Congreso de los Diputados, sesión de control al Gobierno. A la hora de preguntar al presidente, los políticos suelen atacar directamente, sin esperar al turno de réplica. Duran i Lleida no lo hace así. Su pregunta es corta y concreta. &quote;Señor presidente, querríamos conocer las políticas que impulsará el Gobierno respecto a los jóvenes, muchas gracias&quote;. Y se sienta. Zapatero, depié en su escaño, hila el conjunto de medidas de su Ejecutivo.

Turno de réplica. Durante la pregunta, Duran no ha gastado nada de tiempo, con lo que puede rebatir los argumentos del presidente con calma. Empieza atacando. &quote;Las estadísticas desmienten sus datos positivos&quote;, dice, y empieza a ennumerar los datos ofrecidos por el Eurostat sobre paro juvenil en España, la edad de emancipación y la carencia de formación de la que se quejaban los manifestantes contra el Plan Bolonia. &quote;La juventud no es prioritaria para su Gobierno&quote;, apostilla. El presidente, con mucho menos tiempo para replicar, apela a la paciencia y al &quote;queda mucho por hacer, pero…&quote;.

Es el estilo de Josep Antoni Duran i Lleida, cara visible de Convergència i Unió, tercera fuerza en el Congreso, un hombre que vive a caballo entre Madrid -de lunes a jueves- y Barcelona -el fin de semana-. Las gafas de colores más famosas del Congreso esconden un hueso duro de roer. Él, que pasa por ser uno de los políticos mejor valorados del país, que presume de ser parte de un partido &quote;central y moderado&quote; y &quote;capaz de pactar con todo el mundo&quote;. Él, el mismo que invitó hace unas semanas abría la caja de Pandora al instar al PP a presentar una cuestión de confianza contra el Gobierno. El mismo que defiende las convicciones firmes de su partido que, pese a ser impopulares, no cambia. El mejor ejemplo, la política migratoria que defiende CiU y que durante las últimas elecciones generales les llevó a engalanar las calles catalanas con un cartel en el que se leía &quote;En Cataluña no cabe todo el mundo&quote; sobre un subtítulo clarificador: &quote;Respetarán Cataluña&quote;.

El rincón catalán

Tras el Pleno toca esperar. Tanto que más que &quote;Un día con…&quote; esta nota estuvo cerca de convertirse en un &quote;Esperando a…&quote;. Más de una hora paseando por la zona donde están los despachos del grupo parlamentario, algo de tiempo para ver la zona. Las salas se distribuyen en un pasillo en un lateral de los edificios del Congreso. Sobre las mesas del pasillo, la prensa, la catalana incluida. Detrás de la puerta de uno de los despachos, una cuatribarrada enrollada. En otro, una pequeña bandera catalana en una corchera. Es como si un pequeño pedazo de Cataluña se hubiera trasladado a Madrid.

Los despachos se disponen en paralelo, uno junto a otro, salvo el de Duran. La sala en la que él trabaja es grande y muy luminosa, con algunos sillones en un lado. Bajo la mesa central, recuerdos de otros países. El portavoz de CiU es, además, el presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso, que se reúne por la tarde. Pero antes, una agenda espartana. Tras hacer la pregunta ante el Pleno, un almuerzo. Después, una entrevista con odontólogos, luego otra con empresarios referente a la retirada de la publicidad de RTVE. Más tarde, una entrevista que finalmente tendrá que anular, y una comida de prensa. Por último, la Comisión de Exteriores.

Tarde con Moratinos

A las 16.30 se abre. El ministro Moratinos les visita. Dicen los rumores que Duran i Lleida siempre ha tenido el deseo oculto de ser Ministro de Exteriores algún día. Al preguntarle él, serio, zanja el tema: &quote;Déjalo como un rumor&quote;. Vuelta a la pregunta, vuelta a la respuesta: &quote;Insisto, déjalo como un rumor, no tengo nada más que añadir&quote;.

Se sienta en medio de una mesa para siete. A su derecha, el ministro de Exteriores. Delante de ellos una sala grande que no suele acoger estas reuniones. La comisión Constitucional, a la que ha asistido la vicepresidenta De la Vega, ha desplazado al grupo. En la sala un puñado de políticos, entre los que destaca el ex ministro Pedro Solbes, y algunos periodistas.

En dos horas apenas da tiempo de que el ministro dé cuenta del punto de vista del Gobierno sobre cómo van las cosas en el Exterior y que tres grupos repliquen. Jordi Xuclà, de CiU, Gustavo de Arístegui, del PP, y Elena Valenciano, del PSOE. Duran escucha y reparte los turnos de palabra, nada más.

La sesión es tan densa y tan lenta que se prolonga en la tarde. Tanto que los asistentes se levantan en un goteo continuo a servirse café de una mesa instalada en la esquina. Duran no, él aguanta estoicamente hasta la segunda hora de sesión. Sólo entonces, cuando algunos empiezan a dar por concluida una jornada que comenzaba a primera hora de la mañana, Duran bosteza por primera vez. Mientras, de fondo, Moratinos sigue desgranando puntos…

Miércoles por la mañana. Pleno en el Congreso de los Diputados, sesión de control al Gobierno. A la hora de preguntar al presidente, los políticos suelen atacar directamente, sin esperar al turno de réplica. Duran i Lleida no lo hace así. Su pregunta es corta y concreta. &quote;Señor presidente, querríamos conocer las políticas que impulsará el Gobierno respecto a los jóvenes, muchas gracias&quote;. Y se sienta. Zapatero, depié en su escaño, hila el conjunto de medidas de su Ejecutivo.

Turno de réplica. Durante la pregunta, Duran no ha gastado nada de tiempo, con lo que puede rebatir los argumentos del presidente con calma. Empieza atacando. &quote;Las estadísticas desmienten sus datos positivos&quote;, dice, y empieza a ennumerar los datos ofrecidos por el Eurostat sobre paro juvenil en España, la edad de emancipación y la carencia de formación de la que se quejaban los manifestantes contra el Plan Bolonia. &quote;La juventud no es prioritaria para su Gobierno&quote;, apostilla. El presidente, con mucho menos tiempo para replicar, apela a la paciencia y al &quote;queda mucho por hacer, pero…&quote;.

Es el estilo de Josep Antoni Duran i Lleida, cara visible de Convergència i Unió, tercera fuerza en el Congreso, un hombre que vive a caballo entre Madrid -de lunes a jueves- y Barcelona -el fin de semana-. Las gafas de colores más famosas del Congreso esconden un hueso duro de roer. Él, que pasa por ser uno de los políticos mejor valorados del país, que presume de ser parte de un partido &quote;central y moderado&quote; y &quote;capaz de pactar con todo el mundo&quote;. Él, el mismo que invitó hace unas semanas abría la caja de Pandora al instar al PP a presentar una cuestión de confianza contra el Gobierno. El mismo que defiende las convicciones firmes de su partido que, pese a ser impopulares, no cambia. El mejor ejemplo, la política migratoria que defiende CiU y que durante las últimas elecciones generales les llevó a engalanar las calles catalanas con un cartel en el que se leía &quote;En Cataluña no cabe todo el mundo&quote; sobre un subtítulo clarificador: &quote;Respetarán Cataluña&quote;.

El rincón catalán

Tras el Pleno toca esperar. Tanto que más que &quote;Un día con…&quote; esta nota estuvo cerca de convertirse en un &quote;Esperando a…&quote;. Más de una hora paseando por la zona donde están los despachos del grupo parlamentario, algo de tiempo para ver la zona. Las salas se distribuyen en un pasillo en un lateral de los edificios del Congreso. Sobre las mesas del pasillo, la prensa, la catalana incluida. Detrás de la puerta de uno de los despachos, una cuatribarrada enrollada. En otro, una pequeña bandera catalana en una corchera. Es como si un pequeño pedazo de Cataluña se hubiera trasladado a Madrid.

Los despachos se disponen en paralelo, uno junto a otro, salvo el de Duran. La sala en la que él trabaja es grande y muy luminosa, con algunos sillones en un lado. Bajo la mesa central, recuerdos de otros países. El portavoz de CiU es, además, el presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso, que se reúne por la tarde. Pero antes, una agenda espartana. Tras hacer la pregunta ante el Pleno, un almuerzo. Después, una entrevista con odontólogos, luego otra con empresarios referente a la retirada de la publicidad de RTVE. Más tarde, una entrevista que finalmente tendrá que anular, y una comida de prensa. Por último, la Comisión de Exteriores.

Tarde con Moratinos

A las 16.30 se abre. El ministro Moratinos les visita. Dicen los rumores que Duran i Lleida siempre ha tenido el deseo oculto de ser Ministro de Exteriores algún día. Al preguntarle él, serio, zanja el tema: &quote;Déjalo como un rumor&quote;. Vuelta a la pregunta, vuelta a la respuesta: &quote;Insisto, déjalo como un rumor, no tengo nada más que añadir&quote;.

Se sienta en medio de una mesa para siete. A su derecha, el ministro de Exteriores. Delante de ellos una sala grande que no suele acoger estas reuniones. La comisión Constitucional, a la que ha asistido la vicepresidenta De la Vega, ha desplazado al grupo. En la sala un puñado de políticos, entre los que destaca el ex ministro Pedro Solbes, y algunos periodistas.

En dos horas apenas da tiempo de que el ministro dé cuenta del punto de vista del Gobierno sobre cómo van las cosas en el Exterior y que tres grupos repliquen. Jordi Xuclà, de CiU, Gustavo de Arístegui, del PP, y Elena Valenciano, del PSOE. Duran escucha y reparte los turnos de palabra, nada más.

La sesión es tan densa y tan lenta que se prolonga en la tarde. Tanto que los asistentes se levantan en un goteo continuo a servirse café de una mesa instalada en la esquina. Duran no, él aguanta estoicamente hasta la segunda hora de sesión. Sólo entonces, cuando algunos empiezan a dar por concluida una jornada que comenzaba a primera hora de la mañana, Duran bosteza por primera vez. Mientras, de fondo, Moratinos sigue desgranando puntos…

Miércoles por la mañana. Pleno en el Congreso de los Diputados, sesión de control al Gobierno. A la hora de preguntar al presidente, los políticos suelen atacar directamente, sin esperar al turno de réplica. Duran i Lleida no lo hace así. Su pregunta es corta y concreta. &quote;Señor presidente, querríamos conocer las políticas que impulsará el Gobierno respecto a los jóvenes, muchas gracias&quote;. Y se sienta. Zapatero, depié en su escaño, hila el conjunto de medidas de su Ejecutivo.

Turno de réplica. Durante la pregunta, Duran no ha gastado nada de tiempo, con lo que puede rebatir los argumentos del presidente con calma. Empieza atacando. &quote;Las estadísticas desmienten sus datos positivos&quote;, dice, y empieza a ennumerar los datos ofrecidos por el Eurostat sobre paro juvenil en España, la edad de emancipación y la carencia de formación de la que se quejaban los manifestantes contra el Plan Bolonia. &quote;La juventud no es prioritaria para su Gobierno&quote;, apostilla. El presidente, con mucho menos tiempo para replicar, apela a la paciencia y al &quote;queda mucho por hacer, pero…&quote;.

Es el estilo de Josep Antoni Duran i Lleida, cara visible de Convergència i Unió, tercera fuerza en el Congreso, un hombre que vive a caballo entre Madrid -de lunes a jueves- y Barcelona -el fin de semana-. Las gafas de colores más famosas del Congreso esconden un hueso duro de roer. Él, que pasa por ser uno de los políticos mejor valorados del país, que presume de ser parte de un partido &quote;central y moderado&quote; y &quote;capaz de pactar con todo el mundo&quote;. Él, el mismo que invitó hace unas semanas abría la caja de Pandora al instar al PP a presentar una cuestión de confianza contra el Gobierno. El mismo que defiende las convicciones firmes de su partido que, pese a ser impopulares, no cambia. El mejor ejemplo, la política migratoria que defiende CiU y que durante las últimas elecciones generales les llevó a engalanar las calles catalanas con un cartel en el que se leía &quote;En Cataluña no cabe todo el mundo&quote; sobre un subtítulo clarificador: &quote;Respetarán Cataluña&quote;.

El rincón catalán

Tras el Pleno toca esperar. Tanto que más que &quote;Un día con…&quote; esta nota estuvo cerca de convertirse en un &quote;Esperando a…&quote;. Más de una hora paseando por la zona donde están los despachos del grupo parlamentario, algo de tiempo para ver la zona. Las salas se distribuyen en un pasillo en un lateral de los edificios del Congreso. Sobre las mesas del pasillo, la prensa, la catalana incluida. Detrás de la puerta de uno de los despachos, una cuatribarrada enrollada. En otro, una pequeña bandera catalana en una corchera. Es como si un pequeño pedazo de Cataluña se hubiera trasladado a Madrid.

Los despachos se disponen en paralelo, uno junto a otro, salvo el de Duran. La sala en la que él trabaja es grande y muy luminosa, con algunos sillones en un lado. Bajo la mesa central, recuerdos de otros países. El portavoz de CiU es, además, el presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso, que se reúne por la tarde. Pero antes, una agenda espartana. Tras hacer la pregunta ante el Pleno, un almuerzo. Después, una entrevista con odontólogos, luego otra con empresarios referente a la retirada de la publicidad de RTVE. Más tarde, una entrevista que finalmente tendrá que anular, y una comida de prensa. Por último, la Comisión de Exteriores.

Tarde con Moratinos

A las 16.30 se abre. El ministro Moratinos les visita. Dicen los rumores que Duran i Lleida siempre ha tenido el deseo oculto de ser Ministro de Exteriores algún día. Al preguntarle él, serio, zanja el tema: &quote;Déjalo como un rumor&quote;. Vuelta a la pregunta, vuelta a la respuesta: &quote;Insisto, déjalo como un rumor, no tengo nada más que añadir&quote;.

Se sienta en medio de una mesa para siete. A su derecha, el ministro de Exteriores. Delante de ellos una sala grande que no suele acoger estas reuniones. La comisión Constitucional, a la que ha asistido la vicepresidenta De la Vega, ha desplazado al grupo. En la sala un puñado de políticos, entre los que destaca el ex ministro Pedro Solbes, y algunos periodistas.

En dos horas apenas da tiempo de que el ministro dé cuenta del punto de vista del Gobierno sobre cómo van las cosas en el Exterior y que tres grupos repliquen. Jordi Xuclà, de CiU, Gustavo de Arístegui, del PP, y Elena Valenciano, del PSOE. Duran escucha y reparte los turnos de palabra, nada más.

La sesión es tan densa y tan lenta que se prolonga en la tarde. Tanto que los asistentes se levantan en un goteo continuo a servirse café de una mesa instalada en la esquina. Duran no, él aguanta estoicamente hasta la segunda hora de sesión. Sólo entonces, cuando algunos empiezan a dar por concluida una jornada que comenzaba a primera hora de la mañana, Duran bosteza por primera vez. Mientras, de fondo, Moratinos sigue desgranando puntos…

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