Sábado, 21.10.2017 - 22:13 h

¿Por qué no suelen funcionar las dietas? El hipotálamo tiene la respuesta

Cuando hacemos una dieta para perder unos kilitos y lo logramos rápidamente el hipotálamo no sabe si es una dieta o una hambruna y reacciona para que recuperes el peso perdido.

El efecto rebote se produce porque la fuerza de voluntad no logra vencer el mecanismo de supervivencia que se activa. El efecto rebote es contraproducente para nuestro objetivo.

¿Por qué no suelen funcionar las dietas? El hipotálamo tiene la respuesta

Llega el otoño, volvemos a la rutina y aunque son muchos los que en septiembre se habrán apuntado al gimnasio y empezado una dieta para olvidarse de los kilitos veraniegos, también es cierto que otros tantos habrán abandonado ya esos buenos propósitos. Es lo peor que podemos hacer si queremos tener un peso saludable. Son muchos los expertos que aseguran que la dieta es como un muelle. Después de restringir el consumo de ciertos alimentos llegan los atracones porque nos apetece y porque el cuerpo se defiende. Aquí es donde entra en juego el hipotálamo.

Lo mejor para estar a dieta es... no estar a dieta. Así de claro es el doctor Luis Navarro al asegurar que un peso saludable se consigue a base de una alimentación sana y de moverse. Asegura que todas las dietas, ya sean rápidas o continuadas en el tiempo, acaban teniendo un efecto rebote.

La fórmula parece sencilla. No hay que estar a dieta constantemente sino "controlar lo que se come, escuchar cuando el estómago nos indica que tiene hambre o está saciado y hacer ejercicio". La pérdida y ganancia de peso se debe evitar porque "es perjudicial para nuestro cuerpo", alerta la doctora Tapia, de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición

¿Por qué recuperamos más kilos de los que perdemos? La explicación es que las dietas interfieren en el sistema natural de regulación del peso. "Tu organismo está diseñado para mantener el peso natural que genéticamente te corresponde y cuando haces una dieta porque tienes unos kilos de más, y bajas de peso rápidamente, el hipotálamo no sabe si es una dieta o una hambruna y reacciona para que recuperes el peso perdido y sobrevivas”. 

Cuando se hace una dieta una serie de ajustes en el cuerpo hacen que se reduzca el metabolismo, es decir, que se consuma menos energía para mantener las funciones vitales del cuerpo, que se sienta irritabilidad y ansiedad por la comida, que se desee comer y que prácticamente no se pueda evitar. Es el efecto rebote.

La fuerza de voluntad no logra vencer el mecanismo de supervivencia que se activa cuando se pierde peso rápidamente para que se recupere. "La alternativa para adelgazar es dejar las dietas, la mentalidad de dieta, el control sobre la comida, la obsesión por el peso y el rechazo al cuerpo y, progresivamente, conectar con el cuerpo y permitir que los mecanismos internos de hambre y saciedad nos guíen a la hora de comer y de parar de comer", afirma Navarro.

Es posible que recuerdes cuando eras más joven y daba un poco igual lo que comieras y el ejercicio que hicieras que siempre mantenías tu figura. Ese era tu peso natural. Navarro asegura que el cuerpo se autorregula solo, mantiene las constantes vitales dentro de unas horquillas o rangos y así sigue funcionando de manera óptima.

A esto se la llama técnicamente homeostasis. Es cuando el cerebro, desde el hipotálamo, autorregula el peso. Así cada persona tiene un peso natural que se mantiene dentro de un rango de fluctuación y que depende de la herencia genética. Cualquier cifra dentro de este rango es el peso natural.

¿Qué sucede cuando queremos manipular e influir en este mecanismo? Nos obsesionamos con la comida, engullimos o comemos lento para alargar el tiempo de la comida, nos volvemos irritables, malhumorados y depresivos. Así lo desvela un estudio en el que una treintena de voluntarios se sometieron a un adieta de 1.570 calorías. Cuando les dejaron comer lo que quisieran les entró ataques de hambre y no podían parar de comer. A la mayoría de los participantes les costó un promedio de cinco meses normalizar su alimentación.

Las conclusiones del estudio constataron que al dar por acabada la semi hambruna los participantes tenían una necesidad psicológica de comer todo lo que no habían podido y una necesidad física de recuperar el peso que perdieron con la dieta. 

El mayor estudio y más largo en el tiempo sobre las dietas se realizó a partir de 1991, es el llamado Women´s Health Initiative (Iniciativa de Salud de la Mujer). Más de 20.000 mujeres siguieron una dieta baja en grasa e ingerían un promedio de 360 calorías menos al día. Después de casi ocho años siguiendo esta dieta el peso seguía igual que al principio y además la grasa abdominal había aumentado. 

Los doctores Janet Polivy y Peter Herman, de la Universidad de Toronto, han estudiado a fondo el tema y explican en su libro Breaking the Diet Habit, que cualquier dieta lleva al atracón, sin importar la personalidad, el carácter o el peso de la persona que hace la dieta. Cuanto más restrictiva sea, más intensos serán los atracones. Describen la dieta como un muelle, cuanto más dura sea la dieta más se aprieta este, y al acabar la dieta, al soltarse finalmente el muelle, más intensos son los atracones.

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