Martes, 21.08.2018 - 00:00 h
El Bejorro
Profesor de la Universidad de Alcalá

No sin mujeres en la economía

Esta semana he sido coprotagonista de un fenómeno viral en Twitter, es la primera vez que me sucede. El motivo era la iniciativa que lanzamos la semana pasada 56 profesores y profesionales de las ciencias sociales hombres, comprometidos públicamente a no participar en actos académicos o en mesas con tres o más ponentes en los que al menos una no fuera mujer. La idea surgió a raíz de las importantes movilizaciones del pasado 8 de marzo. Nos planteamos cómo contribuir a mejorar la igualdad entre hombres y mujeres en nuestro campo. Sin ser demasiado originales, seguimos el modelo de un compromiso similar que “Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género en la cultura” lanzó durante el mes de marzo de 2015. Hay experiencias en la misma línea en otros países (#AllMalePanels entre otras).

Lo singular de nuestra iniciativa ha sido el eco mediático, que ha desbordado cualquier previsión. Portadas en prensa escrita de referencia, noticias en radios y televisiones, casi 4.000 seguidores en la cuenta twitter que creamos al efecto. Así, en tan solo una semana, más de 600 hombres se han comprometido. El objetivo era señalar la anomalía que se produce en el mundo de la economía, y en el resto de las ciencias sociales, cuando las mujeres que participan profesionalmente resultan invisibilizadas de forma sistemática.

Con frecuencia vemos seminarios con nueve hombres y cero mujeres (me ha sucedido recientemente), mesas redondas compuestas únicamente por hombres o programas de debate en TV sin mujeres, y nadie se sorprende por tan extraño desequilibrio. Se acepta todavía que la voz experta sea masculina, como si eso fuese lo “natural”. Cuando uno llama la atención de los organizadores, se arguye que no hay mujeres cualificadas disponibles. Sin embargo, los datos dicen que las mujeres son el 39% de las científicas en universidades y organismos públicos de investigación (véase la publicación “Científicas en cifras, 2015” del ministerio de Economía, Industria y Competitividad). Es posible que nuestro compromiso haga más laborioso en adelante organizar sesiones académicas y todo tipo de actos públicos, porque será necesario encontrar mujeres, pero la excusa de que no existen no vale. Lo que sucede es que se enfrentan a restricciones diferentes, como un reparto desigual de las cargas en el seno de la familia o la inercia del poder ejercido mayoritariamente por hombres.

Esta llamada de atención debería extenderse a otros ámbitos. En el caso del mundo empresarial, la escasa presencia de mujeres en consejos de administración y en puestos directivos solo puede entenderse por un techo de cristal inadmisible por más tiempo. Según datos del Instituto Europeo por la Igualdad de Género, en las empresas españolas cotizadas de mayor tamaño tenemos un 22% de mujeres en puestos directivos, cuando en Francia tienen 43,4%, en Italia un 34% o en Alemania un 31,9%. Convendría por tanto cumplir el art. 75 de la Ley 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que preveía alcanzar la paridad en consejos de administración en 2015. Como no se ha logrado, sería exigible que, por ejemplo para 2020, se cumpla la paridad 40%-60% en puestos directivos de las empresas cotizadas. Y aquellas que no lo logren, deberían explicar en la memoria anual las medidas que han tomado para corregir la situación.

La igualdad entre hombres y mujeres es un valor propio de las sociedades democráticas y merece por ese solo hecho ser promovida. Además, desde el punto de vista de la economía, es imprescindible que las mujeres expertas aparezcan en el escenario público. En nuestras facultades, la mitad de quienes estudian y se gradúan son mujeres. Ellas necesitan modelos a imitar cuando inician su carrera profesional, porque ver que otras gozan de reconocimiento público estimula el esfuerzo y la participación, enriqueciendo así el capital humano al servicio de las empresas privadas y de las instituciones públicas. Si no ven ejemplos de éxito femenino las estamos invitando a abandonar su esfuerzo, a retirarse, porque pensarán que no hay sitio para ellas. Y, queridos colegas economistas varones, sabemos que la competencia es un estímulo que hace emerger lo mejor de nosotros mismos. No temamos a la de nuestras colegas, saldremos ganando.

No sin mujeres en la economía

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