Lunes, 09.12.2019 - 20:16 h
Eurodiputada

Delta Force 2019: Trump y el fin del Califato

En la madrugada del sábado al domingo, justo cuando Europa estaba cambiando por penúltima vez al horario de invierno, Trump tuiteó: “¡Algo muy grande acaba de ocurrir!”. Y ahí sí que se paró más de un reloj. Porque enseguida todos supimos que, aunque hubiera que esperar a la confirmación de la Casa Blanca, era altamente probable que Abu Bakr al Bagdadi, el autodenominado califa del efímero y devastador Estado islámico, estuviera muerto.

Cuando el presidente compareció a mediodía para confirmar que Estados Unidos había ejecutado al terrorista más buscado del mundo, su rostro era el de la victoria. Y sus palabras, dignas de un western: "Murió como un perro, murió como un cobarde. El mundo es hoy un lugar mucho más seguro ". De hecho, el propio Trump aseguró que para él fue “como estar viendo una película”. No resulta muy difícil imaginarlo. Conocer los detalles de un milimétrico ataque aéreo nocturno de la Delta Force y los Rangers norteamericanos completaban la escena cinematográfica. Lo cierto es que, acorralado en un túnel, Al Bagdadi se inmoló detonando su cinturón explosivo, llevándose a tres de sus hijos pequeños por delante.

El tremendo impacto de esta operación es especialmente destacable por el momento en que ha tenido lugar: con la campaña por la reelección en marcha, en pleno proceso de impeachment y con fortísimas críticas internacionales e internas por su retirada de Siria y abandono de los kurdos ya en vías de corrección, Trump ha hecho un home run y se ha apuntado un tanto de colosales dimensiones. Cumplir una de las principales promesas de su mandato se convierte, sin duda, en un caballo que cabalgar hasta 2020.

Las palabras de agradecimiento a Rusia y Turquía por su colaboración los implica sin escapatoria. Y extendiéndolas a Siria y los kurdos, facilita el rumbo rectificado emprendido en la zona. “Damos la bienvenida a lo sucedido; es un buen día para los buenos”, han asegurado fuentes oficiales turcas. En realidad, y aun con motivaciones y alineamientos muy diferentes, acabar con Daesh era el único gran objetivo común de las potencias involucradas en el conflicto sirio: Rusia, Irán, Turquía y Estados Unidos. Y Trump ha utilizado asimismo esta poderosa maniobra de política exterior para relegar de un manotazo, de nuevo, a la Unión Europea, a la que se ha referido displicentemente como un moscón débil e inoperante que no ha hecho lo debido con sus prisioneros yihadistas. Y, por supuesto, Trump no ha podido evitar ser Trump precisamente en esta ocasión, y compararse fanfarronamente con Obama y la operación que acabó con Bin Laden. Ése era grande, sí, pero el mío sí que es grande, el mayor y el peor, ha venido a decir. Y ya sabemos cómo esto electoralmente le funciona.

Pero hay una gran pregunta que emerge necesariamente en este momento, y que nos afecta a todos: ¿cuánto afectará la muerte del líder de Daesh a la amenaza yihadista global que seguimos enfrentando? Desgraciadamente, puede que no demasiado. De los cinco años de califato, Al Bagdadi ha pasado los dos últimos siendo un fugitivo que ni siquiera se atrevía a hablar por teléfono por temor a ser localizado. Se le ha dado por muerto al menos dos veces. Tras perder sus territorios en Irak y

Siria gracias a la coalición internacional, Al Bagdadi ya era más un símbolo religioso que un jefe con poder real: la imagen de la derrota de una quimera. Pero con su muerte no desaparece Daesh, ni mucho menos. La ideología que sustenta el terrorismo yihadista sigue viva a través de multitud de células durmientes y grupos radicalizados. Los ataques pueden detenerse mientras se reorganizan, gestionan sus divisiones y deciden quién es su nuevo líder. Los que trabajamos contra la radicalización siempre insistimos en la necesidad de mantener la alerta y el trabajo conjunto, especialmente a nivel europeo. Ahora, más que nunca, se trata de una tarea de política exterior, seguridad e inteligencia común. Es imprescindible que la Unión Europea siga desarrollando una acción sólida en torno a esta amenaza global, y que la inteligencia europea se consolide como elemento clave de una eficaz política de seguridad común contra el terrorismo.

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