Martes, 21.11.2017 - 07:45 h

El fallo del anuncio de la Lotería de Navidad de 2017

Fotograma spot Lotería de la Navidad 2017
En ocasiones levito.

Alejandro Amenábar ha dirigido el nuevo anuncio de la Lotería de Navidad. Aunque más que un spot se trata de un mediometraje: 19 largos minutos dura la historia, que, eso sí, cuenta con versiones reducidas pensadas para la emisión en las pausas de la televisión tradicional.

La propuesta es una historia de amor marciano. Un espectro llega de otro planeta, se transforma en mujer con una belleza perfecta de valla publicitaria y, finalmente, se encuentra, no se sabe muy bien cómo, con un flechazo amoroso en el centro de Madrid. O algo así. La magia de la Lotería, será. Porque la verdad es que la trama se estira sin interés y, lo que es peor, no llega a ninguna parte más allá del previsible final edulcorado. De hecho, los veinte minutos podrían haberse quedado en la versión de tres minutos, pero las ventajas de la era de internet permiten alargar el producto porque lo que, en verdad, se busca es otro reto: crear un acontecimiento que genere conversación en las redes sociales.

Y la Lotería ha conseguido su objetivo: la gente habla del spot. Más aún con la excusa de que la propuesta está dirigida por un reputado realizador, Amenábar. Él firma, aunque detrás está la agencia Leo Burnett, que viene ideando los spots de los últimos años. Todos cortados con el mismo patrón: emoción más o menos forzada con música "emotiva" constante, un toque de esperanza y muchos extras caminando como autómatas por las frías calles que reproducen la Navidad española.

Pero en esta ocasión, la emoción, de tan prefabricada, casi ni se siente y, sobre todo, no hay atisbo de posible identificación con el espectador. ¿Quién se va a identificar con esta historia de amor con extraterrestre aséptica de por medio? Si al menos hubiera alguna metáfora, si al menos pretendieran contarnos algo más sobre las relaciones o la comunicación en nuestros días... Pero no hay nada, ningún subtexto, sólo lo básico de lo que se cuenta en la superficie. Anuncio vacío disfrazado de película.

En los spots de los últimos años, al menos, han intentado acercarse al espectador con historias de gente en paro o abuelas un poco idas, pero la apuesta esta vez se queda en un insatisfactorio juego romántico de género fantástico. Un planteamiento además que recuerda mucho a la película ochentera Mi novia es una extraterrestre. Con este panorama, ¿de qué sirve contratar a Amenábar? En el resultado final no existe ninguna huella de su sello como cineasta, sólo clichés publicitarios y un tratamiento visual al que podría llegar cualquier realizador solvente con un buen presupuesto y una cámara 4K.

Es decir, realmente no hay ninguna personalidad en el relato ni en el punto de vista. Pero es la publicidad que riza el rizo, ya que interesa más vender el nombre del director que arriesgar con una trama que aporte algo socialmente. Mientras tanto, habrá que soñar con historias de amor con extraterrestres con pinta de modelos nórdicas.

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