Lunes, 24.09.2018 - 16:07 h
Telediaria

El fin del complejo por el acento de los presentadores de TV

Tenga usted un acento neutro. Es decir, que no suene ni andaluz, ni vasco, ni gallego, ni catalán, ni nada raro. No vaya a ser que el espectador se espante.

Hubo un tiempo en el que los presentadores de televisión debían hablar sin licencias regionales. Los comunicadores tenían que narrar con una perfección tan perfecta que, a veces, iba en contra de la propia trayectoria de estos periodistas o artistas, pues parecían todos iguales.

Pero ya no es tiempo de acento neutro. Lo importante es que se entienda a un presentador a la hora de conducir el programa. Es más, quitar su acento, al final, es mermar su carácter. Error, ya que la mejor televisión es la que no tiene complejos con lo que diferencia a sus presentadores del resto. Porque la televisión, como la sociedad, crece en lo que nos distingue y nos termina enriqueciendo.

Roberto Leal, presentador revelación al frente de Operación Triunfo, no disimula su acento. Es andaluz. No pasa nada. Pero, hasta hace bien poco se coartaba esta característica tan personal. Así se propiciaba un contraproducente escenario que restaba temperamento a los programas: el presentador no terminaba de ser él mismo y, como consecuencia, tampoco transmitía la comodidad que merece su labor frente a las cámaras. 

La historia de la televisión recuerda que los mejores presentadores no son guapos de manual ni los más perfectos oradores. La telegenia y el arte de comunicar es otra cosa. Narrar es otra cosa.

Sacar partido a las virtudes de la personalidad propia de cada uno es lo inteligente en televisión. No querer ser lo que uno no es. No disfrazarse de nadie, potenciar lo mejor de uno. Otro panorama bien diferente es cuando eres actor, ahí todavía el acento neutro es una sombra alargada, un miedo para muchos. Pocos o incluso nadie mantiene su acento ante un director de casting. Pero los directores de casting también tendrán que saber mirar el talento y potencial de cada uno más allá del acento de sus raíces, que nunca debe ser sinónimo de complejo.

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