Viernes, 06.12.2019 - 02:22 h
Telediaria

Cuando parecía que el curso televisivo no podía ser más aburrido por estancado y previsible, con los programas de prime time de siempre con sus tramas de siempre, aparece de repente Ruth Lorenzo dormida en una emisión en directo del canal de Youtube de la factoría Playz de RTVE. Está tirada en el suelo de una especie de fábrica. Parece que está secuestrada. Nadie sabe nada, qué es eso. Pero la imagen se mantiene horas y horas en directo. Empieza la especulación, comienza la expectación.

Cuando daba la sensación de que cualquier ápice de riesgo se había esfumado de nuestra televisión en este curso, RTVE lo ha vuelto a hacer: ha arriesgado. Y mucho. La cadena pública se ha salido del guion preestablecido para apostar por 'El Gran Secuestro', una idea que nace del área digital de la solvente productora Shine Iberia ('MasterChef', 'Prodigios'...). Detrás del proyecto, se nota la mano de Manuel Bartual y Modesto García, reputados creadores de hilos de ficción en redes sociales. Aunque esto no es Twitter, es más complejo y requiere más atención para seguir sus tramas: esto es televisión que ya no se ve solamente por la televisión. 

Ruth Lorenzo despierta y, entonces, empieza a tener que superar pruebas para ser liberada. La televisión recupera la esencia del videojuego como ya hacía La 2 de la cadena pública en los noventa con 'El Secreto del Talismán', un concurso que marcó a más de una generación por su habilidad a la hora de mezclar tecnología y fantasía con chavales intentando no caer en el vacío. Pero, en este momento, la fórmula es más poderosa: el público puede participar para ayudar a los 'secuestrados' a través de sus redes sociales. Una pantalla va soplando tales propuestas de los espectadores a las cobayas que tienen que superar pruebas en directo, durante horas y horas.  Así nace un formato en vivo que mezcla tele-realidad, ficción, destreza y suspense. Y su gran acierto es que juega muy bien con la esencia de la televisión: la imaginación sin posibilidad de spoilers.

De hecho, ni siquiera se había filtrado el proyecto. Ni la prensa especializada en televisión lo conocía. Nadie sabía nada en un tiempo en el que no se guardan incógnitas. Y, aunque se puede acusar al formato de no contar con ritmo televisivo, al final esa lentitud de desarrollo de la trama es aliada para que se corra la voz con lo que está pasando, pues se favorece la atmósfera de desconcertante secuestro. De esta forma, sembrando sin prisa, el reality va sumando seguidores para resolver el galimatías justo en el horario de máxima audiencia de cada día, cuando más visibilidad tiene el invento y más seguidores están conectando con la emisión.

Y cuando parece que ya se va a acabar este experimento y Ruth Lorenzo consigue superar varias tramposas pruebas, que casi le aplastan entre hierros, se abre la puerta para escapar... y aparece otra sala: es el magnético camerino de un mago. Sorpresa, esto sólo acababa de empezar. Nadie se había liberado. Otra habitación llena de pistas, trampas y juegos para que los espectadores descubran y salven a la secuestrada. Pero ya no estará sola. Se van sumando secuestrados. El siguiente, el rapero Arkano

Esta osadía de RTVE y Shine Iberia ha creado un formato de culto. No busca grandes audiencias, pero sí consigue generar fuertes vínculos de simpatía y complicidad con el público del porvenir de la cadena pública: los más jóvenes. Lo hace desde el hábitat en el que están: Youtube. Objetivo que logra poniéndoles a jugar con personajes que conocen y no crean indiferencia. Las pistas se van salpicando a través de todas las redes, pero sobre todo están escondidas en la artesanía del atrezzo del espectacular decorado, que es un laberinto de salas llenas de detalles con su sentido para ir avanzando en el misterio del secuestro. Cada sala es un salto de dificultad: una fábrica abandonada, un camerino de un mago, una enfermería y un diáfano espacio en blanco. Sin nada, aparentemente. Pero con muchos enigmas que resolver con la cabeza. Porque cada sala atesora muchas capas de tretas ocultas.

El gran secuestro
Superando pruebas. El suelo de la enfermería, también ocultaba mensaje.

Con este tipo de televisión acontecimiento que llega sin avisar, la cadena pública hace marca en la sociedad, trasciende más allá de las efímeras audiencias tradicionales. Pero para trascender también hay que implicar a la emisión tradicional de TVE. Este objetivo se ha saldado con la desaparición, este viernes, de Máximo Huerta, que se esfumó en pleno directo de su programa diario. El periodista y escritor también ha sido secuestrado y llevado a la 'enfermería', donde ya se encontraba atrapado Arkano.

Sin embargo, la 'desaparición' de Máximo Huerta ha sido fallida como golpe de efecto en directo de su propio programa, 'A partir de hoy'. Ahí la cadena pública no ha sido valiente, ejemplificando uno de los problemas de calado que sufre su programación diaria. No se ha desarrollado un gag efectista -incluso cómico- que pusiera el foco mediático en La 1 y diera visibilidad a esta innovadora acción del 'secuestro' a través del poder de la televisión tradicional. Simplemente, Máximo ya no estaba en plató tras un vídeo y ni siquiera se generó una travesura que despertara la expectación cómplice en la audiencia. Huerta desapareció, pero con un envoltorio de indiferencia en lugar de intriga.

Pero luego Máximo Huerta, con un grillete, ya en el lugar del secuestro, intentó resolver el galimatías junto a Arkano. Y con la brillantez de hasta reírse de sí mismo. La TVE de siempre y la TVE en streaming se unían como cadena pública que propone retos inteligentes al espectador. Incluso le hace pensar con pruebas de lógica en las que hay que fijarse en cada detalle. Un desafío a la inteligencia retransmitido.  Y entre tanto rompecabezas, se sumó una nueva secuestrada, María Gómez. La trama continua. Y los espectadores siguen jugando a resolver enigmas junto al conejillo de indias secuestrado. Esta vez, una periodista y cómica que, como sus predecesores, cuenta con habilidad para transmitir aunque esté sola y que no decaiga el interés. 

María Gómez, el gran suestro
María Gómez, periodista y cómica, dándole al rompecabezas que le propone el secuestrador. Lo resuelve con ayuda de los espectadores que participan en redes.

En total, han sido cuatro días de maratón de 'scape room ' en directo -de miércoles a sábado- Una innovadora propuesta de reality-ficción-concurso participativo que pone en valor la televisión pública que sabe por dónde van los derroteros de la televisión: la interactividad que aprende de la creatividad de siempre. 'El Gran Secuestro' ha sido otro paso más, tan interesante como esperanzador. Tal vez, para destacar más en la marabunta de impactos audiovisuales en la que vivimos inmersos, a este producto de sagaz desarrollo transmedia sólo le ha faltado un arco de guion clásico con algún que otro desengrasante giro sorpresivo más simple -que trascendieran la emisión online por fácil de entender fuera de su contexto-, incluso con algún que otro inesperado pringue físico de los participantes -un tartazo, unas vísceras cayendo del techo, un chorretón infantil de la maliciosidad de los payasos que despierta en el espectador la sonrisa del niño y que tan bien utilizaba 'El Gran Juego de la Oca- e incidir más en la historia transversal dirigida hacia un claro colofón metafórico, emocionante, épico y empático.

Pero, en cualquier caso, 'El Gran Secuestro' representa la razón de ser de RTVE: ha sido todo un esforzado homenaje a la imaginación que moviliza al espectador, que lo convierte en arte y parte imprescindible de una aventura. Y por eso mismo se va a alzar como un formato de culto, para recordar y hasta rememorar. Una apuesta que crea lazos a la corporación RTVE con un público que no falla: las nuevas generaciones ansiosas de contenidos audiovisuales que les representen, que les pillen por sorpresa, que les reten, que les hagan pensar.

@borjateran

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