Sábado, 23.06.2018 - 12:17 h
Telediaria

11 emocionantes factores que ha reunido OT 2017 y que definen el futuro de la TV

Noemí Galera y los finalistas de OT 2017
La foto del último ensayo dominical, que Noemí Galera ha subido a redes.

Malograr el recuerdo de aquella primera temporada que revolucionó todos los canales de televisión, con Rosa, Bustamante, Bisbal y Chenoa, era lo probable. Pero Operación Triunfo 2017 ha logrado lo improbable: resetear su mitificada primera edición, adaptarse al nuevo tiempo que vivimos y, lo más difícil, evidenciar que la propia televisión ya no es igual que hace 17 años. Tampoco la sociedad que la sustenta y la consume. Porque el éxito de OT 2017 va más allá de su propio concurso, es un éxito que perfila rumbos a los que ya no puede dar la espalda la televisión o perderá a sus públicos objetivos por el camino.

1. La TV ya no espera, ahora busca a su espectador potencial

OT 2017 ha demostrado que la televisión se hace más grande con ayuda de las redes sociales. La televisión ya no sólo puede esperar a que el espectador acuda a sus canales de emisión tradicional, también debe irrumpir en las plataformas interactivas en las que se encuentra su espectador potencial, algo que sirve para generar conversación sobre el contenido y arrastrar fieles seguidores al programa en sí.

Sin el canal 24 Horas en Youtube y sin la posibilidad de que el espectador tuviera la posibilidad de hacer suyo el contenido, incluso fragmentando vídeos y editando sus propias parodias o resúmenes del programa, este OT habría fracasado. Las redes, por sí solas, han generado conversación sobre el formato, como si de una gran campaña de publicidad espontánea se tratara. Los espectadores se han sentido involucrados en la evolución de los concursantes y, como consecuencia, han ido enganchándose a las galas -con una estructura más tradicional- que, así, han podido  sumar audiencia cada semana. Han crecido gracias a esa participación activa de un tipo de espectador que ha invertido mucho tiempo en seguir el formato, creando un lazo especial con unos concursantes a través de sus rutinas semanales seguidas en Youtube: les han visto cantar regular en el primer pase de micros de los jueves -ensayo-, mejor en el segundo pase de los sábados y, finalmente, han ansiado comprobar el resultado del aprendizaje en la gala en la televisión tradicional. 

Los canales que den la espalda a las redes y plataformas sociales, con Youtube incluidos, tendrán menos posibilidades de triunfar. Porque si no estás en las redes no existes, eres invisible. Y la televisión que es invisible, no tiene espectadores. En los nuevos consumos no se puede cortar alas a la conversación descomunal que generan las redes sociales.

2. La TV debe mirar de cara a la sociedad de su tiempo

Los jóvenes estaban desconectando de la televisión porque, en realidad, la televisión había desconectado de los jóvenes. De hecho, da la sensación de que los programas sólo mostraban una realidad sesgada de jóvenes, siempre unidos a contextos superficiales, conflictivos y vacíos. Pero los jóvenes también son profundos e inquietos. Y el casting de este Operación Triunfo 2017 ha sabido plasmar la diversidad social dentro de una academia que, a pesar de contar con unos perfiles de talento acotados, ha logrado un casting de cantantes con mucho grado aspiracional. Los dieciséis representan una juventud que ilusiona, y la gente quiere referentes que ilusionan, que aportan y que rompen tabúes. De hecho, incluso las generaciones más veteranas pueden aprender de ellos y de su manera de quitarse corsés a la hora de tratar su sexualidad, su feminismo, su tolerancia o su falta de prejuicios.  La televisión que brilla es la que retrata su sociedad, la que nos retrata. Y eso se estaba perdiendo en unas cadenas que parecen obsesionadas en creer que su audiencia sigue viviendo en los noventa. Pero no, ya estamos casi en 2020.

3. La TV necesita integrar mejor al público en el espectáculo

Los espectáculos de horario de máxima audiencia en España tienen una peculiaridad: su público ni es anglosajón ni es latino. De ahí que el espectador español premie los programas que no abusan de cortes de edición y que cuentan con una narrativa de gala en directo tradicional. Con un desarrollo que no necesita ni cebos ni adelantos de lo que sucederá después. Esta peculiaridad OT la mantiene, no obstante es un programa en directo. Pero, además, es un programa en directo que intenta integrar bien los elementos en su ajustado plató 360.

En este sentido, OT 2017 ha sabido involucrar al público visitante en el estudio durante las actuaciones. En la mayoría de los talent musicales el público asistente es mera comparsa que se levanta y se sienta casi como autómatas. En OT se ha jugado con los asistentes en las galas en diversas canciones para hacer más grande un plató que, en realidad, es pequeñito. Así, por ejemplo, en el tema Madre tierra todos los espectadores bailaban con una camiseta blanca puesta, otorgando más luminosidad a una canción muy festiva; en la gala de Navidad, el personal portaba cuernos de reno y, en otras actuaciones, hemos visto al público con gorros o guantes. Un sello muy del productor ejecutivo del formato, Tinet Rubira, que conoce bien las entretelas de la televisión nacional y la importancia de implicar a los espectadores asistentes para que el formato transmita más viveza y espontaneidad en emisión.

4. La TV ya no vive sólo de la audiencia del día después

A nivel de rentabilidad televisiva, ya no debería solo valer el insaciable resultado de share. Ese resultado que luce más si se estira el programa hasta pasada la una de la mañana. Pero el espectador ya consume la televisión de otra manera: ya no hace falta que la familia se siente al unísono delante del televisor. Se puede disgregar y ver su producción favorita en diversos receptores, ya sea en una tablet, en el ordenador, hasta en el móvil. Puede atender al programa al completo o fragmentado, disfrutarlo en directo o en diferido. La medición de la audiencia real se complica, pues ahora ya hay que medir las audiencias con un mayor recorrido que no sólo se ciñe al porcentaje del día después.

La repercusión de OT 2017 no ha sido coherente con las audiencias que ha ido marcando, y plasma un nuevo escenario: la televisión que ya no necesita congregar frente al televisor a audiencias millonarias y da paso a una televisión que genera contenidos que llegan a jugosos públicos objetivos tremendamente fieles. Estos públicos hacen mucho ruido y se movilizan socialmente para, por ejemplo, comprar discos cuando ya nadie compra discos. Porque estos públicos más definidos, con un atractivo perfil comercial, se implican hasta las trancas con la experiencia televisiva que están viviendo.

5 . La TV no sólo es reconocer, también es descubrir

OT 2017 también ha recordado, como ya ha hecho otro formato de la misma productora -Gestmusic-, Tu cara me suena, que la televisión no sólo es reconocer canciones en un escenario, también es descubrir canciones y artistas que no conocíamos. El público espera que le despierten curiosidad por nuevos temas, nuevos artistas e incluso nuevos compositores. Porque OT ha divulgado también la figura del compositor, tan importante y tan olvidada en la televisión.

Descubrir enriquece el consumo del programa, pues aporta. En una televisión que, por ejemplo, estaba dando la espalda a los grupos independientes que mueven la industria musical y llenan festivales, OT ha abierto las puertas de la academia a grupos más invisibles en la televisión y ha incluido en las galas canciones tan improbables como Te recuerdo Amanda de Víctor Jara y ha puesto en el mapa mediático a cantautores como El Kanka, gracias en parte al bagaje de concursantes como Amaia. Ella, a diferencia de los concursantes de OT1, cuenta con una cultura musical que ha sido muy didáctica para la audiencia del programa.  Se rompe así el erróneo cliché que sentenciaba que para que triunfe un programa musical, el espectador debía saberse las canciones de memoria. No, el espectador también es inquieto. También quiere descubrir canciones de hoy e incluso grandes olvidadas del ayer.

6. La TV debe relativizar y poner los pies en el suelo

La figura de Noemí Galera ha sido tan importante en este Operación Triunfo porque Noemí representa a esa televisión que es responsable sin pretender ser trascendente. Galera sabe que la comunicación es la antítesis del encorsetamiento y que la mejor televisión es la que no se queda en lo previsible y se adapta con versatilidad e intuición a las necesidades del contenido. Sin ocultar sus emociones, ella se ha involucrado en el día a día convirtiéndose en un vínculo entre el espectador y el interior de la academia. Su compromiso es tal que, en vez de fomentar trifulcas o sueños imposibles en la academia -lo que sería para algunos muy suculento a la hora de generar conflictos de reality dentro de la convivencia-, ella ha calmado fuegos y ha puesto a los concursantes los pies en el suelo cuando ha tocado, recordándoles lo efímera que es la fama televisiva en la mayoría de los casos. Esa es la mejor arma en televisión: la naturalidad que dice lo que el espectador espera que diga. Un detalle que también ha desprendido Roberto Leal, relativizando y apostando por su personalidad en las galas semanales.

7. La TV no destaca sólo por el conflicto y 'mal rollo' 

Tradicionalmente se entendió el éxito de la tele-realidad como producciones en las que funcionaba la pelea y el conflicto. En OT2017, en cambio, cada vez que ha surgido un amago de pelea, se han apaciguado rápidamente los ánimos. Porque en televisión no sólo funciona la trifulca, lo que brilla es el equilibrio de la espontaneidad de personas a las que les ocurren situaciones cotidianas y las resuelven con sus habilidades. Como han hecho Amaia, Aitana, Alfred y compañía. Son compañeros por encima de rivales, y es palpable que se quieren y respetan por encima de mayores o menores afinidades. La competitividad feroz que, en teoría, conllevan los programas de estas características -para despertar interés en la audiencia- ni siquiera se ha manifestado ni desde el programa se ha fomentado lo más mínimo. Al contrario, OT ha fomentado el poder de la autenticidad constructiva que crea poderosos vínculos emocionales con los que identificarse.  Y eso ha convertido en OT en una adictiva tele-serie juvenil de pandilla de amigos que, además, ha impartido inconscientes lecciones constantes sobre amistad y compañerismo.  

8. La TV crece si da la posibilidad al espectador de imaginar

Otra de las claves de la televisión y que ha ejemplificado OT2017 es que, a pesar de lo que a veces puedan creer los gurús de la televisión, en la televisión no hay que dar todo masticado al espectador. Porque los programas se hacen más grandes si la audiencia también puede imaginar. OT 2017 no ha tenido la necesidad de explicar cada trama de la academia, donde se han creado algunos vínculos repletos de matices y libres de etiquetas. Y mejor así, pues el espectador ha ido imaginando también lo que no siempre se veía ante las cámaras aunque, a veces, sí se intuía en miradas o frases sueltas. Ese juego de complicidades ha sido crucial también para alimentar más y mejor los lazos con unos concursantes que ya son como de la familia. No es necesario sobrexplicar, la televisión crece si el espectador también tiene posibilidad de imaginar.

9. La TV es más fuerte si convive con una audiencia crítica

El espectador de OT ha tenido tanto acceso al contenido, que ha sucedido dentro de la academia, que se ha convertido en un televidente más difícil de manipular. Casi todo lo ha visto y si no lo ha visto, todo lo relevante lo ha podido seguir por las redes sociales, donde otros usuarios han fragmentado y resumido el contenido imperdible. Tan fácil como pinchar cada día en el hashtag diario en Twitter y ver todos los momentos estelares. Eso propicia que, por ejemplo, si el espectador observa algo raro que contradice a los consejos de los profesores, rápidamente salten las alarmas y se cree una fuerte corriente de opinión. Se crea así el mejor espectador, inteligente, crítico y capaz de opinar cuando observa fisuras. Y aunque a veces las discrepancias no gusten a todos, esas opiniones hacen más fuerte el programa. Lo enriquecen. 

10. La TV y la identificación con las historias que se acaban

OT 2017 también ha funcionado porque no ha vendido nada que no es. Empezando por los propios alumnos que, a diferencia de OT1, han sido conscientes de que la fama en televisión puede ser breve y que esa burbuja de aprendizaje que es la academia se acabará y nada volverá a ser igual. Y habrá que volver a empezar y luchar en el mundo real donde las normas son otras. Este final ha estado muy presente en las últimas semanas: concursantes y profesores se emocionan constantemente, lo viven todo a flor de piel, casi sienten una melancolía anticipada. Esto ha producido un clima de identificación poderoso, que ha humanizado aún más a un elenco de sensibles y comprometidos concursantes y profesores en los que reconforta verse reflejado.

11. La mejor TV es la que consigue hacer al público partícipe

Todos los anteriores ingredientes resumen la esencia de la televisión de éxito que viene, que ya está aquí, que no es otra que aquella televisión que haga sentir partícipe al espectador, que lo considere inteligente y que le permita participar activamente y con su creatividad en los programas que ve. El espectador hace tiempo que dejó de ser un sujeto pasivo para ser arte y parte del espectáculo. Ahora hay que integrar esos elementos de forma sostenible en televisión, porque lo que está claro es que si tu público no se siente partícipe de tu marca, tu marca no será un éxito.

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