Domingo, 16.06.2019 - 01:21 h
En mi molesta opinión
Analista político

A Pablo Casado sólo le queda una bala: las elecciones del 26 de mayo

“Divide et vinces", es decir, divide y vencerás, máxima militar que ya aplicaron Julio César y Napoleón, y que le ha funcionado a las mil maravillas a Pedro Sánchez en las elecciones generales de ayer domingo. Junto a su clara estrategia electoral de excitar el miedo a que venía la extrema derecha de Vox. Todo ello ha hecho que el PSOE gane de calle con 123 escaños, algo menos de los que esperaba sobre los 130 que le pronosticaban las encuestas del CIS dirigidas por José Félix Tezanos, en unos comicios en los que el Partido Popular ha sido el gran derrotado, perdiendo 72 diputados y quedándose en tan sólo 66, el resultado más bajo que jamás ha cosechado el partido de la derecha.

Vista así, la debacle no tiene paliativos. Pero hay que encender todas las luces, las largas y las cortas, para explicar y entender los motivos de la victoria socialista y la gran derrota de los populares. De entrada, un dato signieficativo: La suma de votos de PP, Ciudadanos y Vox asciende a más de diez millones novecientos mil votos; frente a los diez millones cuatrocientos mil de PSOE y Podemos. Los partidos de derecha ganan por más de 500.000 votos a los dos principales de izquierdas. En porcentajes, el 43% para las derechas frente al 41% de las izquierdas. A pesar de ello, socialistas y podemitas superan en 20 escaños al grupo de populares, ciudadanos y vox. Frente a estos datos irrefutables queda claro que la división, aplicada por el sistema D’Hondt, resulta de lo más penalizada para los sectores ideológicos que dividen su voto.

Este es un dato a tener en cuenta, pero que no cambia la situación real que se plantea para la posible gobernanza del país. Es cierto que la suma de PSOE y Podemos no consiguen la mayoría absoluta -176 escaños-, pero en segunda vuelta sólo se precisa una mayoría simple que sí da la suma de ambos partidos: 165, con las abstenciones de otros partidos. Todo depende de lo que quiera y pueda hacer Pedro Sánchez con sus pactos. Ya que por ejemplo, la unión con Ciudadanos le ofrece una mayoría amplia: 180 escaños. Pero el partido de Albert Rivera, que se ha quedado muy cerca del PP, a sólo nueve escaños, y es uno de los triunfadores de la noche, ha rechazado por activa y pasiva una alianza con Sánchez.

De un modo u otro, con apoyos de izquierdas o nacionalistas, Pedro Sánchez logrará formar gobierno, ya que los datos se lo permiten con toda facilidad. Ahora, el problema no está en el PSOE, como cuando Podemos intentaba darle el “sorpaso”, ahora la papeleta difícil y complicada la tiene Pablo Casado que debe recuperar, si puede, la hegemonía de la derecha con el PP. No lo tiene nada fácil, como tampoco lo tuvo Sánchez, pero él supo hacerlo de manera efectiva, como demuestran los resultados. Casado deberá enfrentarse a las presiones de algunos pesos pesados de su partido que ya cuestionan su liderazgo.

Tiene la excusa de su poco tiempo como presidente del partido, de haber heredado una derecha fragmentada y, sobre todo, de que dentro de un mes habrá nuevas elecciones -autonómicas, municipales y europeas- y que no es bueno cambiar de caballo a mitad del río, pero todo dependerá del resultado de los futuros comicios, si no son buenos para el PP los días para Casado pueden estar contados. Su problema no es no haber vencido a Sánchez, sino haber conseguido un resultado tan bajo, y que la diferencia con Ciudadanos sea tan escasa que ponga en duda su liderazgo.

Otro líder del partido popular, Núñez Feijóo, ya ha comentado que de los nueve escaños de diferencia entre PP y Ciudadanos, siete son de Galicia. Una declaración de intenciones que supone un reto claro y directo a la presidencia de Pablo Casado. El Partido Popular deberá plantearse seriamente su estrategia y su futuro si no quiere convertirse en un partido sin futuro, al que pueda superar Ciudadanos. El reto es serio y grave, y no parece tener fáciles soluciones. De la lectura que haga de esta derrota, y de las soluciones que aplique, saldrá el futuro del PP y, principalmente, de Pablo Casado.

Sus errores electorales pasan por no haber sabido leer lo que pedía la sociedad española. Que queda claro que no era tanto un seguidismo de Vox, como una respuesta centrada y firme a los planteamientos de Pedro Sánchez. La juventud de Casado es su ventaja y su inconveniente, lidera el mayor partido de la derecha pero le exige saber interpretar lo que desea la sociedad española. Es cierto que la presencia de Vox le limita, pero también ha quedado claro que él no ha sabido liderar en estas elecciones la respuesta de esos españoles que no querían votar a Pedro Sánchez.

El futuro del PSOE es hoy de rosas y vino; el del PP, de espinas y mucho trabajo estratégico. España es un país complejo donde no bastan las buenas intenciones, hay que demostrar que uno tiene la capacidad para convencer y gobernar. La sociedad puede parecer fácil de manejar, pero a la hora de votar siempre aparece esa inteligencia social que muchos candidatos no saben valorar, ni apreciar. A partir de hoy Casado tiene que demostrar que ha entendido el mensaje de los ciudadanos, si no quiere que su futuro político se acabe el 26 de mayo.

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