Domingo, 16.12.2018 - 21:40 h
Godivaciones
Profesora de Economía de la Universidad CEU-San Pablo

Los dineros de la independencia: la trampa ratonera de Puigdemont

Los economistas tenemos fama de aguafiestas. Especialmente para quienes albergan ideales políticos. Y cuanto más románticos sean esos ideales, tanto más cenizos resultamos. Los imperios cuestan mucho dinero. No solamente crearlos, también hay que mantenerlos. El ejército cobra un sueldo, se alimenta y se viste, usa armamento, hay que reconstruir los destrozos en infraestructuras y edificios. Las revoluciones también cuestan dinero. Y si de lo que hablamos es del establecimiento de un nuevo Estado a espaldas de la legalidad, entonces son palabras mayores.

El fugado y detenido Puigdemont lo sabe. Mientras que para muchos, según leo, el mayor delito es tratar de romper España, vulnerar las normas democráticas, es muy posible que sea la malversación de fondos públicos lo que va a devolverle a España, donde ha de ser juzgado según nuestras leyes. Porque la rebelión tiene una definición difusa, la interpretación de si hubo violencia o no cambia de un juez a otro. Pero el empleo de fondos públicos es claro. Y no se trata de algo puntual.

La creación de una plataforma para organizar a los voluntarios del 1-O, la creación de una Hacienda paralela que entrara en funcionamiento al día siguiente de la proclamación de la independencia, los invitados/observadores internacionales el día del referéndum, todo ello trajo consigo unos costes que se sufragaron con dinero que se debería haber dedicado a otra cosa.

Por ejemplo, a políticas activas de empleo, inclusión social, refugiados o inmigración. Porque el ardor revolucionario llevó a Dolors Bassa a desviar fondos de la Consejería de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia, financiado por todos los catalanes, los no independentistas también. Además, la acusación añade a esos fondos el desvíos de dinero del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). El FLA es una linea de crédito, gestionada por el ICO, que tiene como objetivo ayudar a las Comunidades Autónomas para evitar que tengan que acudir al mercado para financiar su deuda. Es un fondo que lo financian todos los españoles y que el gobierno legítimo y constitucional ha dispuesto para cubrir una necesidad concreta, en unas circunstancias determinadas, en concreto una crisis económica global.

No es que no tenga importancia saltarse a la torera la Constitución. No es que no sea relevante la desobediencia o la prevaricación. Pero no puedo evitar centrarme en la financiación del sueño independentista.

Algo más de 170.000 euros fueron desviados para comprar la asistencia de líderes y “observadores” internacionales holandeses, y quién sabe de qué otras nacionalidades. La Generalitat contrató agencias de conferenciantes como Diplocat y se puso en manos de Everts, ex embajador de Holanda en Estados Unidos y experto en procesos de independencia en los países balcánicos. Del dinero pagado, 50.000 euros fueron devueltos por el ex primer ministro holandés Wim Kok, que rechazó la invitación y el dinero cuando se enteró de qué se trataba. Julian Assange se convirtió en el defensor de la causa en Twitter y, verdaderamente, hizo muy buen trabajo intoxicando con noticias falsas la redes, al más puro estilo de TV3. Todo muy profesional, pero a espaldas del control de gasto del Ministerio de Hacienda, a través de cuentas en Bruselas y Croacia.

No se trata ya del aumento del gasto de la Generalitat a lo largo de los años y la promoción y difusión del secesionismo desde los puestos oficiales, que según algunos medios podría alcanzar una cifra disparatada. La cuestión es financiar tus ideales delinquiendo. Incluso si compartiera el sueño catalanista, desde mi humilde punto de vista, no todo vale.

Mi explicación parte del concepto de empresarialidad tal y como lo enuncia Israel Kirzner y su aplicación al mundo de las ideas. En una sociedad como la nuestra, y mucho más en la era digital, las ideas compiten entre sí por captar la atención y la fidelidad de la sociedad. La Europa de los pueblos, el derecho a votar de todo el mundo, la reclamación histórica, la opresión sufrida por los independentistas han sido recursos muy buenos desde el punto de vista de la oferta de ideas, han enganchado a público de todas partes del mundo que han repetido como un mantra las mismas consignas. Los que defienden las ideas españolistas han permanecido callados mucho tiempo. La incapacidad para comunicar del gobierno y del partido al que pertenece es paradigmática. Solamente cuando los catalanes no independentistas han despertado del letargo y, sobre todo, gracias al fenómeno de Tabarnia, el “punch” mediático del independentismo se ha visto cuestionado.

Pero para Kirzner, seguidor de Ludwig von Mises, la empresarialidad, es decir, la cualidad que define al empresario, incluye no sólo estar alerta para ser capaz de trazar caminos mediante los cuales cumplir los fines empresariales. El empresario también ha de tener la capacidad para encontrar fondos que financien esos medios. Por supuesto, nadie admitiría que un empresario llevase a cabo su gestión cometiendo delitos, malversando fondos públicos, o robando al ciudadano. Tampoco se admitiría que la campaña publicitaria mintiera y ofreciera datos falsos.

El caso de Cambridge Analytica ha escandalizado a mucha gente porque se falseaban datos para generar una afinidad política en los usuarios de Facebook. Exactamente eso es lo que han hecho los líderes independentistas catalanes. Financiar su fantástico sueño ilegalmente. Al final, a la espera de que el juez alemán se pronuncie, incluso si se desestima la rebelión, la malversación de fondos públicos puede ser la trampa ratonera de Puigdemont y los demás fugitivos.

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