Domingo, 16.12.2018 - 01:19 h
En la frontera

Cañete o las contradicciones de la Europa de la energía

A Miguel Arias Cañete, dos veces ministro de Agricultura en Gobiernos del PP, séptimo español en el Ejecutivo comunitario y responsable de la cartera de Acción por el Clima y Energía, no le ha gustado que el Gobierno de Pedro Sánchez haya anunciado su voluntad de prohibir dentro de 32 años -más de una generación- la circulación de coches contaminantes. Arias Cañete sabe bien, por experiencia de Gobierno, pero también por su antigua relación con el negocio petrolero, todo lo que está en juego en Europa en las cuestiones relacionadas con la energía y con el medio ambiente.

Las declaraciones del comisario ante las intenciones de la ministra de Transición Ecológica española, Teresa Ribera, revelan que Cañete –y con el la UE- trabajan con el freno de mano echado en todo aquello que pueda afectar a la industria del automóvil y a las compañías que venden hidrocarburos y sus derivados. Cañete ha dicho que la UE analizará si es legal prohibir la venta de coches en 2040 antes de la aprobación definitiva de la norma. Previamente, había lanzado advertencias sobre las consecuencias de ir demasiado rápido en el despliegue del coche eléctrico por la posible pérdida de empleo.

Cañete, que fue en su día secretario de Economía y Empleo del PP, es un ejemplo de las contradicciones en las que se mueve la Comisión Europea en materia de energía y clima: firma compromisos para reducir emisiones de gases al mismo tiempo que planea importar más gas del Este de Europa; apuesta por la descarbonización de las economías y por el liderazgo en renovables pero, al mismo tiempo, deja autonomía a cada país para fijar sus objetivos y elegir su mix de generación; comparte las preocupaciones por las consecuencias del cambio climático pero no  concreta cómo reducir la dependencia energética europea.

Renovables sí, dice Bruselas, pero sin olvidar “los combustibles fósiles menos contaminantes”, el gas esquisto, la captura y almacenamiento de CO2 y las nucleares, según recogió en 2015 la Comunicación sobre el marco estratégico para la Unión de la Energía, base de la Directiva Europea de apoyo a las renovables el Paquete de Invierno.

Sin unión energética

En la Unión Europea no hay unión energética. Es un grave problema. Cada socio hace de su capa un sayo. Pueden coincidir en la dirección, pero a menudo no coinciden en el sentido. Arias Cañete es un reflejo de lo que sucede en Bruselas. Buenos deseos, pero buscando al mismo tiempo prolongar en el tiempo negocios para los que ya se adivina un final. Y sin contestar una cuestión urgente: cuánto tiempo queda antes de que las consecuencias de anteponer los beneficios al interés general sean irreversibles.

La UE quiere planes sobre los gases de efecto invernadero para 2014
Las emisiones de gases de efecto invernadero han crecido en España en 2017.

Es probable que ni Cañete ni muchos de sus colegas en el Ejecutivo comunitario vean contradicción alguna entre promover infraestructuras para transportar y quemar gas y asumir al mismo tiempo la necesidad urgente de reducir emisiones. A menudo, sobre todo en la acción de Gobierno, se valoran tantas variables que ni se adivina ni se evalúa el resultado final. Cañete formó parte de Gobiernos para los que las renovables sólo eran un capricho caro de progres alarmistas. Ahora que el zapato aprieta y las olas se estrellan contra el beneficio a corto plazo se cambia el discurso, pero a regañadientes.

Un giro trabajoso

En España, como en Bruselas, a menudo se dice una cosa, pero se hace otra. Basta con un ejemplo. Mientras el discurso oficial del último Gobierno de Mariano Rajoy viraba trabajosamente hacia las renovables, con subastas de nueva capacidad y mucho postureo, el ministro del área de Energía, Álvaro Nadal, abría la posibilidad a golpe de BOE de construir nuevas infraestructuras gasistas –tubos y regasificadoras- que sólo se justifican desde un punto de vista: el del beneficio de compañías muy concretas.

Las consecuencias de las incoherencias políticas son graves. En España las certifica el Instituto Nacional de Estadística (INE). En el último avance de situación sobre emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el instituto recoge que en 2017 las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera aumentaron un 3,8%, las de metano un 0,9% y las de óxido nitroso un 4,1%. Un desastre. Son datos conservadores, pero aún así estremecen.

Para hacer frente a la situación y adoptar políticas coherentes, la UE necesita más arrojo y más coherencia. Pero es difícil. El pasado pesa como una losa. Cuesta ver la realidad con otros ojos y aceptar que ningún tiempo pasado fue mejor. Como dijo Arias Cañete “ya no quedan aquellos camareros maravillosos que teníamos, que le pedíamos un cortado, un nosequé, mi tostada con crema, la mía con manteca colorada, cerdo, y a mí uno de boquerones en vinagre y venían y te lo traían rápidamente y con una enorme eficacia'. Pero es que los tiempos -y los camareros-cambian por mucho que las incoherencias permanezcan.

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