Lunes, 22.10.2018 - 19:16 h
En la frontera

Energía y clima: el Gobierno duda entre actuar o fumarse un puro

Por primera vez en la historia un barco ha atravesado el Ártico en invierno. De Corea del Sur hasta la terminal de Sabetta, en el Norte de Rusia. Por derecho, sin paradas. Un récord que tiene mucha historia. El barco, bautizado como el barón, geólogo y explorador ruso Eduard Toll, pudo hacer el recorrido por el calentamiento global que derrite el polo. Ironías de la historia, el barco está diseñado para transportar gas natural licuado, un combustible fósil que, como todos los combustibles fósiles, cuando se quema contribuye al calentamiento y al cambio climático. Aunque no hay un Houston al que lanzar el clásico "tenemos un problema", está claro que la humanidad lo tiene.

Por eso es muy importante actuar cuanto antes contra el cambio climático. Y actuar con decisión. En este punto, España tiene un problema. El Gobierno duda entre enfrentarse a los poderosos intereses que cruzan el sector de la energía o aprovechar la inercia del pasado para cumplir con los objetivos mínimos de reducción de emisiones que marca la UE para 2020 y 2030. Todo un dilema: actuar o fumarse un puro.

La tentación de dejarse llevar es grande. Casi imposible de superar. El secretario de Estado de Energía, Daniel Navia, acudió esta semana a la presentación de un estudio encargado por los operadores de productos petrolíferos y, ante un auditorio tan atento como preocupado por las crecientes dificultades del negocio, dejó un mensaje claro: España cumplirá sin ningún esfuerzo los objetivos de la UE para el año 2020 en energías renovables y reducción de emisiones y no tomará decisiones costosas –como cerrar las nucleares, las centrales térmicas de carbón o penalizar el transporte tradicional- para alcanzar los objetivos de 2030 porque se podrá cumplir también sin estridencias.

Barco gasero Eduard Toll.
Barco gasero Eduard Toll.

Los mensajes del número dos del Ministerio de Energía encajaron como un guante en las conclusiones del estudio encargado por las petroleras a KPMG: España podrá reducir las emisiones un 40% respecto a 1990 en el año 2030, tal y como exige la UE, sin demasiados esfuerzos. Las medidas de "coste eficiente" que se pueden tomar según el estudio, es decir, sin hacer un roto en las cuentas de las compañías, podrían reducir hasta 46 millones de toneladas de CO2. Un detalle: el parque de automóviles eléctricos que prevé el estudio de AOP-KPMG para 2030 en España es de tan solo el 2%.

Las cartas están echadas

Un observador atento y desconfiado podría concluir que las cartas están echadas y que el Gobierno ha decidido apostar por el camino más fácil para no enfrentarse a un sector poderoso, que aún tiene pendiente su transición. Hay algunos indicios. Por ejemplo, los escenarios que aparecen en los últimos informes referidos a España y al mix de generación eléctrica previsto para 2030.

En el informe elaborado por la red de operadores de electricidad europeos ENTSOE-E -The TenYear Network Development Plan 2018-, la proyección a 2030 prevé la permanencia en el mix energético de las centrales nucleares (7 GW), carbón (3,9 GW) y gas (27 GW). Son previsiones parecidas a las contempladas en el estudio de KPMG para la misma fecha: 7 GW nucleares; 30 GW de gas y un GW de carbón. Da que pensar porque en la red de operadores europea participa Red Eléctrica de España (REE), propiedad en un 20% de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y que algún dato habrá aportado.

Dentro de unos días, probablemente esta semana, los 14 expertos convocados por el ministro de Energía Álvaro Nadal harán públicas sus conclusiones y recomendaciones para elaborar la futura Ley del Cambio Climático y Transición Energética. Pero pueden caer en terreno ya conquistado. Se detecta conformismo y complacencia en el Gobierno. España tiene un porcentaje de energías limpias respecto al conjunto de entre el 16% y el 17%. No está entre los 11 países punteros de la UE, los que ya cumplen sobradamente con los objetivos previstos para 2020, pero tampoco está entre el pelotón de los más retrasados. Francia, Alemania, Reino Unido u Holanda están peor. El secretario de Estado de Energía, Daniel Navia destacó ese dato en la reunión de petroleros. Complacencia.

Las viejas adicciones

España, pese al parón de los últimos años, ha adelantado mucho en la introducción de energías limpias, pero se resiste a abandonar las viejas y caras adicciones -léase importaciones crecientes de petróleo-. El exministro de Administraciones Públicas Jordi Sevilla se preguntaba hace unos días: "España incumple, desde 2010, los límites de NO2. La Comisión estudia llevarnos al Tribunal de Justicia. ¿Hay alguien dispuesto a hacer algo, como retirar los coches que contaminan muy por encima de lo hoy permitido para los nuevos coches?" La respuesta es obvia.

Hay temor a avanzar. Aunque sea en la dirección correcta. Y es lo que lleva a las asociaciones más activas en el impulso hacia el cambio energético a denunciar que el Gobierno prefiere fumarse un puro a dar los pasos necesarios en la transición energética. El presidente de la Fundación Renovables, Fernando Ferrando, lo ha dicho alto y claro: El Gobierno no cumplirá siquiera con los objetivos de reducciones previstos para 2020 y no existe voluntad de descarbonizar la economía.

El economista Paul Krugman aludió en un artículo reciente a la nostalgia cultural de los que piensan en los combustibles fósiles como en una edad de oro, olvidando los impactos de la contaminación atmosférica. Algo de eso hay en España. Es lo que lleva a curiosas contradicciones. Por ejemplo: ministros que se declaran liberales en economía son intervencionistas y arbitrarios en energía; gobernantes que presumen de las renovables fuera del país y las frenan dentro y una dependencia energética que se considera de cara al exterior como un factor de crecimiento cuando supone deuda y déficit comercial.

Las contradicciones, la complacencia y elegir la inercia antes que la acción puede contribuir a que el metanero Eduard Toll no encuentre nunca ya obstáculos en sus viajes por el Ártico. Lo que no es seguro es que eso convenga a quienes no son socios de la naviera.

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