Lunes, 23.10.2017 - 11:57 h

¿23D, principio del fin? Rajoy y Junqueras lo pactarán

Colau, Podem y sus alrededores políticos no son partidarios de la independencia, pero su infantilismo -el de Podemos- o su ambición política -la de Colau- les hace aliados coyunturales para los que la buscan.

Cualquier acuerdo que Rajoy firme sobre Cataluña estará fuera de sospecha por parte de los partidarios de una España unida.

¿Lo han percibido sus protagonistas? Los partidarios de la independencia de Cataluña no serán capaces de confesarlo, pero la reunión convocada por Puigdemont es el principio del fin del "Process". Sus partidarios, convencidos de su debilidad social, tuvieron que invitar a no independentistas a la asamblea del 23D, para reforzar su postura, con la condición de que digan que quieren un referendum.

Colau, Podem y sus alrededores políticos no son partidarios de la independencia, pero su infantilismo -el de Podemos- o su ambición política -la de Colau- les hace aliados coyunturales para los que la buscan. A cambio de su confluencia, como se dice hora, la asamblea del 23D ha acordado que el Referendum sea pactado con el Estado. Y lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Los objetivos imposibles acaban en la inanidad. Eso es lo que han acordado el 23D: algo imposible. Por eso se puede decir que el 23D ha sido el principio del fin del process. Por mucho que la CUP hable de uniteralidad, esta está muerta.

En todo el process, además, hay dos protagonistas solapados que esperan su momento. Uno de ellos es Rajoy, el presidente que ha pasado de "en funciones a interino". Un interino que como ocurre en la Administración española va a durar mucho; entre otras cosas, porque el final de su mandato depende de si mismo. Su credibilidad como españolista está fuera de toda duda. Cualquier acuerdo que Rajoy firme sobre Cataluña estará fuera de sospecha por parte de los partidarios de una España unida. Rajoy aparecerá en el momento propicio cuando el guiso esté casi cocinado y sólo necesite un poco de sal. Pero que sin esa sal quedaría inconcluso.

El otro es Junqueras, independentista y republicano de siempre, no como los advenedizos de PDcat, antigua Convergencia, que siempre fue pactista. Lo que el líder de ERC pacte también tendría la credibilidad por parte de los suyos. Él es realmente un independentista de toda la vida. También está esperando su momento; mientras los demás se queman, él va conquistando terreno paso a paso.

Un acuerdo Rajoy-Junqueras tendría la imagen de que es lo único que se puede hacer; que el uno y el otro han llegado al máximo de concesiones posibles. Las consecuencias serían que ERC acabaría, por fin, en la Presidencia de una Autonomía catalana distinta a la actual, después de un referendum y unos comicios refrendatarios. Pero no "president" de independencia catalana, sino de un Estatuto de Autonomía con una capacidad fiscal reforzada y la promesa de una Reforma Constitucional a largo plazo.

En resumen: Mas, Puigdemont y la CUP han puesto en marcha el final de su proceso que va a dejar a ERC como centro de la política catalana dentro de una España que se dibuja diferente pero reunida por los dos políticos más astutos de la actualidad: Rajoy y Yunueras. Al final será un "republicano de toda la vida" quién mantendrá viva la monarquía parlamentaria en un Estado democrático y social, como define la Constitución al sistema nacido de la transición.

¿Lo han percibido sus protagonistas? Los partidarios de la independencia de Cataluña no serán capaces de confesarlo, pero la reunión convocada por Puigdemont es el principio del fin del "Process". Sus partidarios, convencidos de su debilidad social, tuvieron que invitar a no independentistas a la asamblea del 23D, para reforzar su postura, con la condición de que digan que quieren un referendum.

Colau, Podem y sus alrededores políticos no son partidarios de la independencia, pero su infantilismo -el de Podemos- o su ambición política -la de Colau- les hace aliados coyunturales para los que la buscan. A cambio de su confluencia, como se dice hora, la asamblea del 23D ha acordado que el Referendum sea pactado con el Estado. Y lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Los objetivos imposibles acaban en la inanidad. Eso es lo que han acordado el 23D: algo imposible. Por eso se puede decir que el 23D ha sido el principio del fin del process. Por mucho que la CUP hable de uniteralidad, esta está muerta.

En todo el process, además, hay dos protagonistas solapados que esperan su momento. Uno de ellos es Rajoy, el presidente que ha pasado de "en funciones a interino". Un interino que como ocurre en la Administración española va a durar mucho; entre otras cosas, porque el final de su mandato depende de si mismo. Su credibilidad como españolista está fuera de toda duda. Cualquier acuerdo que Rajoy firme sobre Cataluña estará fuera de sospecha por parte de los partidarios de una España unida. Rajoy aparecerá en el momento propicio cuando el guiso esté casi cocinado y sólo necesite un poco de sal. Pero que sin esa sal quedaría inconcluso.

El otro es Junqueras, independentista y republicano de siempre, no como los advenedizos de PDcat, antigua Convergencia, que siempre fue pactista. Lo que el líder de ERC pacte también tendría la credibilidad por parte de los suyos. Él es realmente un independentista de toda la vida. También está esperando su momento; mientras los demás se queman, él va conquistando terreno paso a paso.

Un acuerdo Rajoy-Junqueras tendría la imagen de que es lo único que se puede hacer; que el uno y el otro han llegado al máximo de concesiones posibles. Las consecuencias serían que ERC acabaría, por fin, en la Presidencia de una Autonomía catalana distinta a la actual, después de un referendum y unos comicios refrendatarios. Pero no "president" de independencia catalana, sino de un Estatuto de Autonomía con una capacidad fiscal reforzada y la promesa de una Reforma Constitucional a largo plazo.

En resumen: Mas, Puigdemont y la CUP han puesto en marcha el final de su proceso que va a dejar a ERC como centro de la política catalana dentro de una España que se dibuja diferente pero reunida por los dos políticos más astutos de la actualidad: Rajoy y Yunueras. Al final será un "republicano de toda la vida" quién mantendrá viva la monarquía parlamentaria en un Estado democrático y social, como define la Constitución al sistema nacido de la transición.

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