Políticos albaneses fichan como futbolistas por el partido más rentable

La campaña para las elecciones generales de Albania del próximo día 23 se parece más a un mercado de fichajes que a un debate político y, lejos de pensar en principios ideológicos, muchos políticos apuestan por el partido que más posibilidades de encumbramiento les ofrece.

Mimoza Dhima

Tirana, 15 jun.- La campaña para las elecciones generales de Albania del próximo día 23 se parece más a un mercado de fichajes que a un debate político y, lejos de pensar en principios ideológicos, muchos políticos apuestan por el partido que más posibilidades de encumbramiento les ofrece.

Kastriot Islami, que ha pasado buen parte de sus 60 años en el Partido Comunista y el Partido Socialista (PS) como ministro, presidente del parlamento y diputado, defenderá en esta campaña las ideas del conservador Partido Democrático (PD) del primer ministro, Sali Berisha.

Igual que él, otros dos exdiputados socialistas tratarán de conseguir los votos a favor de la derecha.

A estos tres parlamentarios Berisha les ofreció un escaño en sus filas en recompensa por haber respaldado a su Gobierno en la votación de las leyes más recientes.

Otro cambio, este inverso, ha sido el del Movimiento Socialista para la Integración (LSI), pequeño partido dirigido por el ex primer ministro Ilir Meta, quien ha vuelto a aliarse con los socialistas, de los que se escindió en 2004.

A partir de 2004, Meta siguió una oposición radical contra Berisha, postura a la que dio un giro radical tras las elecciones de 2009, en las que se alío al primer ministro conservador, pese a haberle combatido hasta el último día de campaña.

En enero de 2011 los socialistas se rebelaron contra esta llamada "coalición de ladrones" y organizaron en el centro de Tirana una protesta violenta en la que cuatro manifestantes murieron por disparos.

Otro político, Nard Noka, líder del Partido Democristiano (PDK), aliado de los socialistas en las elecciones locales del 2011, se presenta ahora para un escaño con el PD de Berisha en la próxima legislatura.

"Antes los diputados estaban más obligados a ponerse la máscara de un partido, un ideal, un programa y una moral. Ahora la máscara es el mismo político", dijo a Efe, Fatos Lubonja, uno de los intelectuales y publicistas albaneses más conocidos.

Igual que él, el artista Max Velo cree que estos saltos se dan para poder sobrevivir en la política que ha garantizado "a gente corrupta, riqueza, privilegios y la protección ante la ley".

En la Albania postcomunista ningún político ha sido condenado por corrupción, pese a que figura entre uno de los países más corruptos del mundo, similar a Togo y Filipinas, según la organización Transparencia Internacional.

Estos cambios políticos muestran, además, la degeneración de la clase política, "capturada por la mafia, no al estilo violento clásico siciliano, sino como representante de los intereses de los oligarcas", dice Velo, quien junto a Lubonja fueron presos políticos durante el régimen comunista (1944-1991) de Enver Hoxha.

Unos 40 candidatos a diputados, 20 de ellos del PS y 10 del PD, son hombres de negocio, que pertenecen al 5 % de la población más rica, que posee más de la mitad de los depósitos bancarios del país.

"Antes esas personas sobornaban a los políticos con dinero metido en sobres a cambio de favores. Ahora no necesitan hacerlo porque son el propio Estado", explica a Efe Fatmir, un economista.

Todos ellos han sido designados como candidatos por los líderes de sus partidos, quienes gozan de una autoridad absoluta heredada de la mentalidad comunista y favorecida por la ley electoral.

Pero tanto Lubonja como Velo sostienen que esta clase política es un producto degenerado de la sociedad albanesa que ha sido incapaz de construir un sistema democrático basado en el Estado del derecho.

"Un pueblo que no conoce el sabor de la libertad tiene muy difícil construir la democracia", dice Velo a Efe refiriéndose así a cinco siglos del dominio otomano y otros 45 años de la dictadura comunista de Hoxha, la más feroz de Europa.

"En la base de la democracia está el respeto al prójimo y a la ley, mientras aquí nadie quiere saber nada de los demás y la violación de la ley es un acto de valentía. Para erradicar estos conceptos necesitamos mucho tiempo", indica Velo, arquitecto y publicista.

Para castigar a esta clase política ha surgido en las redes sociales una iniciativa cívica que invita a los electores a poner una gran cruz que atraviese toda la papeleta del voto, a modo de rechazo a todo el sistema.

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