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LOS LAGOS TIENEN 42 METROS DE PROFUNDIDAD MEDIA, UN 30% MENOS DE LO QUE SE CREÍA

MADRID|
La profundidad media de los lagos del planeta es de 42 metros, lo que supone un 30% menos de lo que se pensaba y puede acarrear consecuencias para el cambio climático y el ciclo de carbono, puesto que los lagos menos profundos liberan más metano a la atmósfera.Ésta es la conclusión principal de un estudio realizado por David Seekell, de la Universidad de Umea (Suecia), y dos investigadores estadounidenses y que ha sido publicado en la revista ‘Geophysical Research Letters’.“Nuestros cálculos calibran alrededor de 190.000 km3, que es una cantidad muy pequeña de agua. En comparación, el océano contiene 1.300 millones de km3 de agua. Si vertimos el agua de todos los lagos en la Tierra juntos en un gran lago, la profundidad media sería de 42 metros. La profundidad media del océano es de 3.682 metros”, explica Seekell, profesor del Departamento de Ecología y Ciencias Ambientales y el Centro de Investigación de Impactos Climáticos de la Universidad de Umea.Medir el volumen de los lagos en la Tierra parece una tarea sencilla. Sin embargo, los desafíos para llevar a cabo una medición a escala global son enormes. Los satélites pueden medir el volumen de lagos muy grandes, como por ejemplo el lago Vattern, en Suecia, o el Lago Superior, en EEUU y Canadá, pero medir los millones de pequeños lagos extendidos a través de la superficie de la Tierra requiere un extenso trabajo de campo.MÉTODO DE CÁLCULOUn método comúnmente utilizado es a través de posicionamiento GPS y sonda de profundidad en barco. Entonces, el investigador está obligado a remar alrededor en el lago hasta recoger un gran número de datos. Las profundidades y las coordenadas se utilizan más adelante para construir los mapas batimétricos sobre el volumen y la profundidad media. Ese enfoque funciona bien para los pequeños lagos, pero es caro porque el proceso que lleva mucho tiempo y sólo un pequeño número de lagos pueden ser mapeados.Hasta ahora, ha habido pocas estimaciones del volumen de agua dulce en los lagos de la Tierra y las que existen varían mucho, con un rango de entre 166.000 y 280.000 km3. Por tanto, hay cifras escasas, altamente variables y poco documentadas.Seekell y sus colegas emplearon un riguroso análisis matemático para calcular la profundidad y el volumen global de los lagos. El equipo de investigación evaluó que hay entre 184.000 y 199.000 km3 de agua lacustre en la Tierra. Esa variación se explica por cómo se cuentan los lagos y cómo se mide su área superficial, particularmente los más pequeños.CALIDAD Y CANTIDAD DE AGUALa mayoría del agua lacustre se puede encontrar en algunos lagos muy grandes, como el mar Caspio, el Lago Superior y el lago Baikal. De hecho, alrededor del 80% del volumen hídrico se puede encontrar sólo en los 20 lagos más grandes del planeta.La calidad y cantidad del agua del lago puede cambiar rápidamente debido a las actividades humanas. Por ejemplo, en algunas regiones se han construido muchos estanques y embalses para fines ornamentales, riego, generar electricidad o almacenar agua potable.Por otro lado, algunos grandes lagos se han secado y desaparecido. Por ejemplo, el lago Poopó tenía anteriormente una superficie de unos 3.000 kilómetros cuadrados y era uno de los más grandes de Bolivia. Debido al cambio climático y las desviaciones de agua para la producción agrícola, ahora casi no queda agua, lo cual afecta enormemente a las comunidades locales. Algo muy similar ocurre con el mar de Aral (en su momento, el cuarto lago más grande de la Tierra), donde el cambio climático y las desviaciones de agua para la agricultura han dejado sólo una pequeña fracción de su superficie anterior.No sólo la cantidad de agua ha variado con el tiempo en algunos lagos, sino que la calidad en algunos de los más grandes del planeta ha empeorado por las actividades humanas. Por ejemplo, el lago Erie (Estados Unidos y Canadá), con una superficie de cerca de 25.667 kilómetros cuadrados, ha sido expuesto a la contaminación de nutrientes y a algas dañinas, con lo que se ha convertido en una fuente poco fiable de agua potable para las comunidades costeras. En consecuencia, más de 400.000 personas han perdido el acceso a agua potable debido a las neurotoxinas registradas en el agua, asociadas a la proliferación de algas en 2014.