Domingo, 19.01.2020 - 14:13 h
Vendaval azulgrana (0-5)

El fútbol regala a Iniesta una noche mágica en su última final con el Barça

Torbellino blaugrana en el Wanda con Iniesta dando una lección magistral y Messi sumando otro récord. El público despidió en pie a Andrés.

El Rey felicita al otro rey de la noche, Iniesta
El Rey felicita al otro rey de la noche, Iniesta.

Un torbellino pasó por el Wanda con Iniesta, el genio (cómo le va a echar de menos el Barcelona y la Liga española) de maestro de ceremonias en la que será su última final con la camiseta blaugrana. El público se puso en pie para despedirle en una noche de ensueño para el manchego. Un broche de oro para el futbolista más querido, que fue amonestado (estaba a tope de revoluciones) y que luego fue a pedir disculpas al árbitro. porque así es él. El equipo de Valderde, del que se rumoreaba ya un despido si perdía, tuvo su catársis de una Champions que debe ser maldita. 

Iniesta sale llorando del campo
Iniesta sale llorando del campo.

Cillessen, el portero de la Copa, se vistió de Ter Stegen y dio un pase antológico a Coutinho que dejó solo a Suárez para marcar el primero. Fue el inicio de la tormenta del Barcelona, desatado, herido tras la debacle en Roma, que nadie esperaba. Comandado por un mágico Iniesta, con Messi encendido, y Suárez fino, fue un vendaval que en 45 minutos dejó sentenciada la Copa. Antes del gol de Suárez, Messi demostró que estaba entonado. Una falta desde la eternidad fue directa a la escuadra. Soria voló y salvó el gol, pero cuando Messi la pone así en las faltas es que está. No lo hizo en Roma, cabizbajo, apagado. En ese momento el Sevilla supo que tenía un problema. 

Así fue. Un imperial Iniesta y un Jordi Alba con un gran gesto técnico de tacón dejaron a Messi en el área. El disparo fue esta vez imparable: Messi igualaba a Zarra marcando en cinco finales de Copa.  Con dos goles el equipo de Valverde no paró el ritmo. Y llegó el tercero, otra vez Suárez, en otra jugada de orquesta. 

Pena da pensar que Iniesta se vaya a China. Sus primeros 45 minutos fueron para enseñar en las escuelas. El Sevilla fue una sombra durante la primera parte. Y en la segunda parte, Iniesta volvió a hacerlo. Condujo el contragolpe, recibió, regateó al portero con una pierna, remató con la otra. Magia pura. El público reaccionó coreando el nombre del futbolista español que nos dio la gloria. El abrazo de Messi lo dijo todo. Se va más que un jugador. Pero aún quedaba más. El gol de penalti de Coutinho. La manita en la final soñada por los azulgrana. Un terror para un Sevilla desconocido, pero con una afición de chapeau. También, como con Iniesta, para ponerse en pie.

El fútbol regala a Iniesta una noche mágica en su última final con el Barça
El fútbol regala a Iniesta una noche mágica en su última final con el Barça.

Quedaba el broche final, porque el fútbol a veces sí es generoso, fue para Iniesta. Con una afición sevillista de quitarse el sombrero, que nunca dejó de apoyar a los suyos, Valverde decidió que el genio tuviera su momento de gloria. Y el Wanda se puso en pie. Ambas aficiones fueron una. Nadie se acordó ya de los pitos y los cánticos al himno. El fútbol venció a la polémica. Iniesta fue el rey del Wanda, el rey de Copas. Se le echará de menos. 

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