No son las casas: el gran problema inmobiliario de las cajas se llama suelo

Además de haber protagonizado procesos de integración puros y de haber recibido ayudas públicas multimillonarias, ¿qué tienen en común Unnim, Catalunya Caixa, Novacaixagalicia y Caja Duero-Caja España? Un problema inmobiliario llamado suelo. Entre las cuatro se han comido más de 4.000 millones de euros en activos adjudicados en terrenos. 

El Gobierno prepara una nueva ronda de recapitalización de cajas
El Gobierno prepara una nueva ronda de recapitalización de cajas

Obligadas por el Banco de España, las cajas de ahorros están en pleno striptease inmobiliario. Y entre el mar de números presentado por las primeras entidades en retratarse, no hay ninguno más llamativo que los 4.212 millones de euros de valor contable en suelo que se han adjudicado durante la crisis.

A falta de que el resto del sector ponga negro sobre blanco sus miserias en el ladrillo, entre el martes y el miércoles se han retratado las cajas que han protagonizado fusiones puras.

Entre ellas, algunas de las más afectadas por la crisis y que tuvieron que emprender antes que nadie sus procesos de integración. Sus cifras son esclarecedoras y ofrecen luz sobre qué miserias tendrá que sacar del armario el resto del sector durante los próximos días.

Unnim, Catalunya Caixa, Novacaixagalicia y Caja Duero-Caja España -además del SIP Mare Nostrum- han sido los primeros en ponerse bajo los focos.

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria supone que, conjuntamente, se han comido 8.877 millones de euros en activos inmobiliarios, que han canjeado por la deuda que con ellas mantenía los promotores.

De esta cifra, 4.212 millones son suelos. Es decir, más del 45%, del total, muy lejos de los 2.430 millones adjudicados en viviendas terminadas y de los 809 en edificios en construcción.

Por lo tanto, las casas en manos de la banca que tanto debate suscitan entre los ciudadanos y los expertos inmobiliarios son sólo la punta del iceberg.

Catalunyacaixa –que está estudiando una fusión con Banco Sabadell- se lleva la palma con suelos adjudicados por valor de 2.106 millones de euros.

Las cifras del grupo catalán son preocupantes. Tanto, que la cifra es apenas 500 millones menor que todos los vencimientos de deuda -2.625 millones- que tiene que afrontar el grupo este año.

Por detrás se sitúa Novacaixagalicia, que se queda en los 1.158 millones. Unnim, por su parte, ha engullido terrenos por valor de 660 millones; y las cajas castellanas muestran la cantidad más modesta, de 288 millones.

Las cifras de las cuatro son todavía más preocupantes si se tiene en cuenta que de la bolsa de suelo que acumulan las cuatro cajas, 910 millones corresponden a terrenos no urbanizados.

Difícil salida

En cualquier caso, la inmensa mayoría del suelo que acumulan las entidades tiene muy difícil salida. Primero, porque el stock inmobiliario acumulado podría situarse, según las previsiones más pesimistas, en el millón de unidades, por lo que tardará años en ser absorbido.

En estas condiciones, la realización de nuevas promociones es una utopía, salvo en terrenos con una excelente ubicación –los menos-, donde los bancos estén dispuestos a construir con importantes descuentos.

Para el sector financiero, esta bolsa de suelo es un problema de primer orden. Mucho más que el de las casas, que han tenido que asumir a cambio de deuda de promotores.

Primero porque su valor es sensiblemente menor y, segundo, porque sí hay demanda cuando se realizan descuentos significativos.

Obligadas por el Banco de España, las cajas de ahorros están en pleno striptease inmobiliario. Y entre el mar de números presentado por las primeras entidades en retratarse, no hay ninguno más llamativo que los 4.212 millones de euros de valor contable en suelo que se han adjudicado durante la crisis.

A falta de que el resto del sector ponga negro sobre blanco sus miserias en el ladrillo, entre el martes y el miércoles se han retratado las cajas que han protagonizado fusiones puras.

Entre ellas, algunas de las más afectadas por la crisis y que tuvieron que emprender antes que nadie sus procesos de integración. Sus cifras son esclarecedoras y ofrecen luz sobre qué miserias tendrá que sacar del armario el resto del sector durante los próximos días.

Unnim, Catalunya Caixa, Novacaixagalicia y Caja Duero-Caja España -además del SIP Mare Nostrum- han sido los primeros en ponerse bajo los focos.

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria supone que, conjuntamente, se han comido 8.877 millones de euros en activos inmobiliarios, que han canjeado por la deuda que con ellas mantenía los promotores.

De esta cifra, 4.212 millones son suelos. Es decir, más del 45%, del total, muy lejos de los 2.430 millones adjudicados en viviendas terminadas y de los 809 en edificios en construcción.

Por lo tanto, las casas en manos de la banca que tanto debate suscitan entre los ciudadanos y los expertos inmobiliarios son sólo la punta del iceberg.

Catalunyacaixa –que está estudiando una fusión con Banco Sabadell- se lleva la palma con suelos adjudicados por valor de 2.106 millones de euros.

Las cifras del grupo catalán son preocupantes. Tanto, que la cifra es apenas 500 millones menor que todos los vencimientos de deuda -2.625 millones- que tiene que afrontar el grupo este año.

Por detrás se sitúa Novacaixagalicia, que se queda en los 1.158 millones. Unnim, por su parte, ha engullido terrenos por valor de 660 millones; y las cajas castellanas muestran la cantidad más modesta, de 288 millones.

Las cifras de las cuatro son todavía más preocupantes si se tiene en cuenta que de la bolsa de suelo que acumulan las cuatro cajas, 910 millones corresponden a terrenos no urbanizados.

Difícil salida

En cualquier caso, la inmensa mayoría del suelo que acumulan las entidades tiene muy difícil salida. Primero, porque el stock inmobiliario acumulado podría situarse, según las previsiones más pesimistas, en el millón de unidades, por lo que tardará años en ser absorbido.

En estas condiciones, la realización de nuevas promociones es una utopía, salvo en terrenos con una excelente ubicación –los menos-, donde los bancos estén dispuestos a construir con importantes descuentos.

Para el sector financiero, esta bolsa de suelo es un problema de primer orden. Mucho más que el de las casas, que han tenido que asumir a cambio de deuda de promotores.

Primero porque su valor es sensiblemente menor y, segundo, porque sí hay demanda cuando se realizan descuentos significativos.

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