Lunes, 27.05.2019 - 14:15 h

La onda expansiva de la burbuja del taxi: 50 euros por trabajar 16 horas diarias

La trama del alquiler de licencias es difícil de desenmascarar. El titular y el 'gestor' se lucran sin apenas esfuerzo en este negocio ilegal en el que el conductor es el que menos gana.

El sector del taxi vive su peor momento desde los 90. Los propietarios de licencias responsabilizan a la desregulación y la ley Ómnibus de la mayoría de sus males y problemas.

La onda expansiva de la burbuja del taxi: 50 euros por trabajar 16 horas diarias

"Gano poco más de 50 euros por trabajar 16 horas en el taxi ¿Explotado? No, lo prefiero a estar parado y gastar el dinero que no tengo y mi tiempo en los bares", asegura con una sonrisa Carlos R., ecuatoriano, taxista circunstancial desde hace tres años y resignado con su situación laboral. Cuando llegó a España hace 13 años empezó a trabajar en la construcción y muchos meses llevaba a casa más de 2.000 euros, "echando menos horas". Después, se quedó en paro y decidió subirse al taxi.

Carlos trabaja para una empresa que gestiona los vehículos de taxistas jubilados que han decidido no vender su licencia a la espera de que su precio vuelva al momento anterior de la burbuja del taxi. Se llegaron a comprar autorizaciones por 240.000 euros y ahora nadie paga más de 150.000 euros, aseguran varios taxistas preguntados por La Información.

El negocio del alquiler de licencias de taxi está prohibido en España y puede ser causa de revocación de estas, según el artículo 48 del Reglamento Nacional de los Servicios Urbanos e Interurbanos de Transportes en Automóviles Ligeros. Sin embargo, su arrendamiento resulta más que habitual e incluso hay empresas especializadas en los trámites que se anuncian con poca discreción en internet y en diferentes medios vinculados a los taxistas.

El alquiler es un negocio a tres bandas, pero muy poco rentable para el conductor, que se paga su despido, el combustible y dedica todo su tiempo y esfuerzo. De lo que gana, hasta 2.000 euros pueden ir al taxista jubilado, un mínimo de 300 a la empresa intermediaria -que se encarga de diferentes gestiones relativas al vehículo- y el resto, más bien poco, se lo queda él descontando gastos.

La trama es difícil de desenmascarar, ya que es complicado demostrar que la persona que recibe la recaudación es la que está explotando la licencia en régimen de arrendamiento o si simplemente está como conductor asalariado, o bien como gestor pero no se beneficia de dicha recaudación. En muchas ocasiones se trata de contratos privados entre el titular de la licencia y el arrendatario de la misma que se hacen en el ámbito privado.Uber y Cabify, el problema

Dentro del sector tienen asumida la existencia de estos alquileres ilegales y varias asociaciones los han denunciado ante los tribunales. Sin embargo, admiten que eso no es más competencia "porque las licencias son las mismas", aunque la consecuencia del trabajo a destajo de estos conductores les preocupa.

Uber y Cabify siguen siendo el enemigo para la mayoría, ya que se han metido de lleno en su terreno, saltándose normas, aseguran, mientras 'el taxi' encuentra numerosas limitaciones y está sometido a una rígida burocracia.

Jesús Fernández, vicepresidente de la Federación Profesional del Taxi, no responsabiliza a la burbuja de las licencias del taxi de la actual situación de sector y sí a la desregulación de 2005. Los ingresos brutos de un taxista rondan en la actualidad los 3.300 euros, que se quedan en apenas 2.100 euros descontando los gastos mensuales. Hace unos años, los ingresos superaban los 4.500 euros.

"Compré mi licencia en el año 1995 por ocho millones de pesetas (aproximadamente 48.000 euros) y desde esa fecha a 2005 el precio de las autorizaciones subía lo que aumentaba la inflación. A partir de ese momento se disparó. Nosotros estamos a favor de que tengan un precio, pero no que cuesten 300.000 euros, porque no podrían acceder a ellas los trabajadores", asegura.

Fernández explica a La Información como trabajan las empresas que alquilan taxis de forma ilegal y asegura que muchas de ellas también tienen licencias de VTC. "Lo normal que es que cuando te jubiles es que vendas tu licencia, pero hay algunos taxistas que no lo hacen así y se quedan con ella. Acuden a estas empresas, que no invierten nada y lo único que hacen es contratar a un conductor, que debe obtener dinero para él, para el jefe y para el intermediario. Eso implica un estrés y una tensión que deriva en servicio peor", asegura."Nuestro peor momento en los últimos 20 años"

En la parada de taxis situada en el número 80 de la calle de Santa Engracia, frente a la Asociación Gremial del Auto Taxi de Madrid, un grupo de trabajadores forman un corrillo. Es viernes por la mañana y disfrutan de un momento de descanso a la espera de clientes. Jorge R. (nombre ficticio, porque pide no rebelar su identidad) es uno de los que se anima al diálogo abierto, mientras cambia el aceite de su coche.

"Nosotros tenemos que luchar contra todo. No solo son las mafias que manejan las empresas de alquiler de licencias de taxi, también los coches de Uber y Cabify, y una crisis tan larga como la de estos años", asegura. "Puedo asegurarle que, después de la crisis de los años 93, 94 y 95, este es nuestro peor momento. La peor situación llegó cuando se liberalizó el sector, con la famosa Ley Ómnibus de Zapatero", agrega.

Jorge ha participado en las últimas manifestaciones y protestas de los taxistas. "La solución no está en España. Yo confío que la cosa cambiará si se adoptan medidas concretas por parte de Europa. Aquí parece que vale todo. El que alquila la licencia, en ese negocio oscuro, se lleva el 35% de todo lo recaudado. Tiene que adoptarse una normativa concreta de la UE para evitarlo, porque a nosotros nos están perjudicando hasta límites intolerables", afirma.

El hombre, que lleva más de 30 años en el sector, asegura que tiene que trabajar el doble para intentar obtener un ingreso al menos digno. Respecto al tema de Uber y Cabify, no tiene dudas: "Hay connivencia con el Ayuntamiento y la Policía Municipal. Si observan bien, cada vez hay más coches 'negros' en las calles. Aparecen por todos lados", comenta resignado. Sus compañeros asienten con los gestos, pero prometen que no bajarán los brazos ante lo que consideran una competencia desleal, un intrusismo descarado en el sector y, como alguno sentencia antes de montarse en su coche, "un obsceno delito que permiten las autoridades, que hacen la vista gorda". 

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