En República Checa, Hungría y Rumanía

La Europa del Este necesita mano de obra urgente pero no se fía de los inmigrantes 

La Comisión Europea ya ha advertido sobre el riesgo de desaceleración en una zona donde hacen falta más de 400.000 trabajadores. 

República Checa
Varias personas pasan junto a una imagen de 1968 en Praga. EFE/ Martin Divisek / Efe

Crecimiento económico, una sangría demográfica, límites a la inmigración y sueldos bajos son algunos elementos que se combinan, en distinta medida, en varios países del Este de Europa y que provocan una grave escasez de mano de obra: más de 40.000 plazas vacantes en Rumanía, otras 80.000 en Hungría y 300.000 en República Checa, son las cifras de ese desequilibrio. Y, por otro lado, los tres países comparten una política de acogida de trabajadores extranjeros muy restrictiva. ¿Qué es más fuerte, el miedo o la necesidad?

Para empezar, los tres países coinciden en tener bajas tasas de desempleo (4,6% para Rumanía, 3,8% en Hungría y 2,4% en República Checa) y buenos pronósticos de crecimiento económico que, aunque aún por encima de la media de la Unión Europea (UE), están comenzado a desacelerarse. "La falta de trabajadores, que se cita cada vez más como una limitación de la producción, también supone un creciente riesgo para la economía", advertía la Comisión Europea el pasado julio en su análisis económico de República Checa. En este país, el número de vacantes supera al de desempleados.

También en Rumanía y Hungría se observa ese "mercado laboral ajustado" y los riesgos que conlleva. "La falta de mano de obra puede acelerar un aumento de los salarios y del consumo, pero también puede subir la inflación y contribuir a un mayor deterioro de la balanza externa", indicaba la CE sobre Hungría el pasado mayo, aunque desde entonces los niveles de contratación han mejorado.

Por sectores, la industria manufacturera y metalúrgica, la construcción, la medicina o el transporte son los que más vacantes ofrecen en Hungría, República Checa y Rumanía. "Ahora hay una necesidad de que los bienes se transporten a las casas, así que nos hemos visto obligados a contratar a ucranianos, porque no encontramos a gente aquí", señala a Efe Felix Patrascanu, gerente de una compañía de mensajería en Bucarest.

Ion Rosca, un consultor de negocios de Timisoara, lamenta en declaraciones a Efe: "Hay inversores extranjeros que desisten de instalarse o empresas que no amplían sus centros porque no encuentran trabajadores". Pero la contratación de extranjeros no comunitarios no resulta fácil. En Rumanía, las autoridades dan permiso de trabajo sólo si los foráneos tienen contrato por el salario medio, unos 550 euros. Según las estadísticas oficiales, unos 5.700 extranjeros no comunitarios trabajan en Rumanía, la mayoría de China, Nepal, Vietnam, Filipinas y Turquía.

Para hacer frente al problema, República Checa ha optado por la entrada selectiva de extranjeros cualificados y, en concreto, ha creado un régimen especial para atraer mano de obra de Mongolia, Filipinas y, sobre todo, Ucrania y Serbia. La afinidad cultural y lingüística es uno de los principales criterios de selección, y los trabajadores ucranianos son especialmente demandados. Así, para este año se ha ampliado la oferta de plazas hasta 19.600 empleados de Ucrania, frente a los 13.000 que ya están en el país. El régimen especial ha permitido mucho acelerar los trámites.

Menos éxito han tenido los esfuerzos del Gobierno conservador húngaro para atraer extranjeros, especialmente ucranianos y serbios, a los que se les dan facilidades burocráticas. También en Hungría se ha apelado a que la afinidad cultural de los ucranianos los hace más compatibles. Sin embargo, hasta finales de 2017, según el Ministerio de Economía, sólo habían llegado 10.000 trabajadores de Ucrania. "Esta cantidad de mano de obra extranjera tiene efectos marginales en la economía del país", explica a Efe Ágnes Hárs, investigadora del Instituto Kopint-Tárki.

Según Hárs, esa escasa respuesta se ha debido, en parte, a la imagen creada por las duras políticas migratorias de Hungría, que al igual que República Checa, se opone radicalmente a la llegada de refugiados, principalmente de países musulmanes, y su reparto entre los distintos miembros de la UE. El Gobierno rechazó el pasado año la propuesta de la Federación de Empresarios húngaros de traer mano de obra de Asia, con el argumento de que en los países vecinos hay suficientes candidatos. Desde hace un año, en sectores como la informática, la ingeniería, la construcción o la enfermería, se permite a serbios y ucranianos trabajar sin permiso por un periodo de hasta 90 días. Pero la reticencia de los extranjeros a venir a Hungría tiene también mucho que ver con el salario. Los 670 euros de media no son competencia para lo que se ofrece en Austria o Alemania. De hecho, Hungría no sólo recibe pocos inmigrantes, sino que sus propios ciudadanos están abandonando el país, haciendo aún más grave la escasez de mano de obra, especialmente en el ámbito de la salud.

Los datos oficiales hablan de que unos 600.000 húngaros, el 6% de la población, viven en el extranjero, principalmente en Alemania, Austria y Gran Bretaña, y las previsiones muestran una continuada caída de la población los próximos años una vez que Rumanía ha perdido 3,4 millones de habitantes, un 15% de su población actual, en la última década y los cálculos prevén que perderá otro 10% hasta el año 2040.

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios