Viernes, 23.02.2018 - 17:16 h
Se le calcula una fortuna de 2.100 millones

Juan Abelló, el cazador amigo de Aznar con un imperio empresarial y cinegético

Reconocido como una de las escopetas más certeras en nuestro país, es dueño de 40.000 hectáreas en Ciudad Real, Toledo y Cádiz.

Juan Abelló
El empresario Juan Abelló. / EFE

Dicen que la zona situada entre las provincias de Toledo y Ciudad Real es conocida como ‘la Marbella de invierno’ o como el ‘Valle de los ricos’ por la cantidad de fortunas que ostentan la titularidad de fincas privadas interminables en las que se celebran cacerías aptas para bolsillos abundantes y una buena agenda de contactos. Sus dueños, de apellidos ilustres o multimillonarios, cumplen ese estereotipo actual de empresario rural moderno que compatibiliza la agricultura con la recuperación de la fauna protegida o la cría de animales para la caza. No son empresarios a pie de finca. Suelen gestionarlas a través de empresas que dirigen personas de confianza. Para los vecinos, es habitual tener a estos ilustres del Ibex o de la nobleza como vecinos, aunque su presencia no sea diaria ni habitual en el pueblo. Juan Abelló es uno de los que comparte código postal con ellos y otras familias como Cortina, Banús, Oriol, Alcocer, Botín, Lao o el Duque de Baviera.

Juan Abelló aprendió el negocio de su padre, propietario de Laboratorios Abelló, los que fabricaban el célebre medicamento antigripe Frenadol. También fue el primer empresario al que se autorizó la fabricación de alcaloides derivados del opio en 1934. Tuvo su primer hit empresarial, junto al entonces abogado gallego Mario Conde, con la venta de los laboratorios. El segundo pelotazo le llegó en 1987 con la venta de Antibióticos a la italiana Montedison por 349 millones de euros. De aquella operación solo quedó en sus manos la filial Alcaliber, que ha sacado al mercado hace unos meses.

Aquellas decisiones empresariales consagraron al tandem Abelló-Conde en el panorama empresarial influyente. La pareja puso sus mirar fuera del negocio farmacéutico. Quisieron comprar el Banco Urquijo, pero acabaron ‘asaltando’ el poder en Banesto. Abelló era por entonces un ejecutivo que había cruzado la frontera de los cuarenta, casado con Ana Gamazo Hohenhole y padre de cuatro hijos, que tardaría muy poco en separar sus inversiones de las de Conde. Desde entonces, en su biografía empresarial ha presidido La Unión y el Fénix, Airtel, vicepresidente de Sacyr-Vallermoso y consejero de Repsol YPF y del Banco Santander, tuvo tiempo de ser vicepresidente del Real Madrid en la primera etapa de Florentino Pérez.

La lista es larga y fructífera. Su patrimonio lo mide Forbes en 2.100 millones, lo que le permite codearse con la élite de la principales fortunas del mundo. Invierte en numerosas y variadas empresas desde Torreal , con inversiones en empresas como Hackett, Pepe Jeans, Cune, Banca Leonardo, Laureate, Imagina, Talgo, y dos sicavs. Una de ellas, Arbarin, con intereses en Neinor Homes o Inditex, figura entre las doce sicav más importantes junto a las sociedades de Koplowitz, Del Pino, Palatchi o Bhavnani. El año pasado cerró con una revalorización del 12,55%. La segunda, Naira, alcanzó una rentabilidad del 4,71 %.

Si su cartera de inversiones en empresas es abundante y variada, no lo es menos su agenda de contactos. Bien relacionado con los diferentes Gobiernos, se dice que fue quien abrió a José María Aznar la puerta de los cerrados círculos de las finanzas. Comían en el exclusivo El Nuevo Club de Cedaceros, se visitaban en sus hogares y Abelló era un incondicional de las reuniones que el expresidente celebraba con los grandes empresarios y presenciaba las noches electorales desde Génova. Conocida es su relación con otro cazador como el Rey emérito, Don Juan Carlos, con quien disputa el trono a mejor cazador. Cuenta Mario Conde en su libro 'Los días de gloria' que "estando en el viejo edificio de Banesto, en Castellana 7, sonó su teléfono. Era el Rey. Seguramente le dio el número Juan Abelló, el intermediario de las relaciones “propiamente económicas” con don Juan Carlos".

Coleccionista de arte y líder cinegético

Discreto, sibarita, de inteligencia despierta, ha logrado estar en primera línea de los negocios, pero también se ha convertido en nuestro mayor coleccionista de arte, afición que comparte con Ana Gamazo, aficionada a la fotografía latinoamericana. Se inició de pequeño cuando su padre les llevaba a visitar todos los museos del mundo. De él heredó ‘Jardines de Aranjuez’, de Rusiñol. Su primera adquisición fue ‘Peñas de Urquiola’, de Regoyos y, desde entonces, se ha ganado la fama de coleccionista exquisito con más de 500 cuadros entre los que compiten Picasso, Goya, Zurbarán, Ribera, Murillo, Sorolla y Matisse, entre otros. Nunca ha vendido una obra. Tampoco ha pagado impuestos con ellas. En 2014, pudo apreciarse más de cien de estas obras en una cesión que hicieron al Palacio de Cibeles. “Fue una petición de Ana Botella a Juan durante una cena en casa. Quería fomentar el mecenazgo a través de exposiciones privadas y, ante mi sorpresa, Juan dijo que sí. Estamos muy orgullosos”, contó Ana Gamazo durante la inauguración a la que acudieron Jaime y Amalio de Marichalar, Fernando Fernández Tapias, José Manuel Entrecanales, Alfonso Cortina, los duques de Alburqueque, entre otros.

Abelló es, además, el líder en el sector cinegético. En su círculo, aunque algunos le llaman 'el Boticario', es más habitual conocerle como ‘El Cazador’. La afición le viene de joven. Su suegro, Pucho Gamazo, contó en el libro ‘El Poder’ una anécdota que dibuja bien su carácter: “Logró cazar un pájaro raro en una cacería en la que estaba el caudillo. Cuando se fue en su coche, Abelló, le asaltó, vehemente y le dijo: ¡Excelencia¡ ¡Excelencia¡ Tengo el honor de hacerle entrega de este presente para que le regale a su señora con mis respetos”.

Cuenta José María Zabala que forma parte de ‘los Galácticos’, entre los que se encuentra por ejemplo Juan Mojardón, Ramón Mora-Figueroa, Alberto Alcorcer y Alberto Cortina. El Rey ha cazado con ellos. Certero y hábil con la escopeta, posee una extensa armería con los mejores rifles y escopetas de marcas como Kemen. Los trofeos se amontonan en sus estanterías y paredes de su casa. Hubo una ocasión en un ojeo en Las Lomas, la finca andaluza de los Mora Figueroa, en la que Abelló logro su récord de 805 perdices batidas en un solo día, seguido por Carlos March con 700. El empresario es el líder con 174 trofeos según los datos recogidos en el ‘Catálogo de trofeos de caza’ publicado por la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza.

Abelló es uno de los principales terratenientes, sobre todo en la llanura manchega en la que más de siete millones de hectáreas se dedican a la actividad cinegética, un negocio que factura 600 millones al año. La escopeta de Abelló la conocen bien en Alhambra. Allí posee centenares de hectáreas agropecuarias y cinegéticas en la finca llamada El Lobillo, con 7.000 hectáreas, una de las más importantes que adquirió a Pablo Garnica. Dicen los expertos que es uno de las pocas fincas en España de perdiz exclusivamente salvaje y pura. En 2012 tuvo un percance con el Ayuntamiento y los ecologistas después de vallar más de 20 kilómetros cortando el paso de varios caminos públicos y vías pecuarias.

En esta provincia también tienen Renúñez, Casa de la Muerte y Quintos de la Tejera, colindantes entre sí. Un poco más arriba, es el dueño de La Nava, donde se crían sus corzos de concurso, que linda con Quintos de Mora, Los Robledillos y Torneros en los Yébenes (Toledo), entre otras. Entre todas suman más de 40.000 hectáreas que han ido engordando comprando a los vecinos de la zona.

También gana dinero con el campo

Todas sus fincas las gestiona a través de sociedades de las que es accionista y en las que se repite la figura de José Díaz Rato Revuelta, un abogado del Estado en excedencia experto en asuntos fiscales, hombre de confianza del matrimonio y director general de Torreal. También se repite en muchas de sus sociedades el nombre de Almudena de Egaña y Huerta, hija del vizconde de la Frontera, y vicesecretaria no consejera de la firma de inversiones.

El negocio agrícola tiene, además del disfrute, pingues beneficios. Sirva de ejemplo su joya de la corona: El Lobillo la gestiona a través de Dehesa El Lobillo en la que, desde 2007, es presidente Rato Revuelta, aunque el empresario es su accionista principal con un 97,5 de las acciones. También figura como apoderado Miguel Carlos Abelló Gamazo, uno de sus hijos, desde 1998. En esta sociedad, dedicada al cultivo de cereales y otras semillas, participa Fernando Terry Osborne, uno de los herederos de la saga Osborne. La empresa ha cerrado 2016 con mejores ventas que el año anterior. Con un activo de 4,8 millones de euros y un capital social de poco más de 6 millones, sus ventas han mejorado de 294.202 euros en 2015 a 385.175 en 2016. Parecida fórmula se repite con otras fincas gestionadas por empresas como Quintos de Torneros, Quintos de la Sierpe, Quintos de La Tejera, Postuero de Las Navas, Dehesa Los Robledillos, Dehesa del Águila, El Cerrón, Renuñez y Roza de Zanona, que es la que gestiona su finca andaluza en el Parque Nacional de Alcornocales.

Como otros cazadores, anda a la gresca, junto a otros propietarios de fincas similares, con los ecologistas, por la Ley de Caza que ha entrado ahora en proceso de modificación después de que durante el gobierno de Cospedal en Castilla-La Mancha se aprobaran ciertos privilegios del lobby cinegético. Dicen los ecologistas que, entre otros puntos, el texto permitía a los terratenientes cerrar caminos, algunos con pueblos con iglesias y cementerios, que históricamente han sido públicos para realizar monterías. "Ni Botín ni Abelló se sientan en la mesa de negociación, pero ejercen presión a través de plataformas como Asociación de Propietarios Rurales para la Gestión Cinegética y Conservación del Medio Ambiente", asegura un portavoz. Con ley o sin ella, la caza sigue.

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