Viernes, 24.11.2017 - 08:57 h

La estelada gana el pulso a la senyera en las semanas previas al referéndum

La 'senyera', que representaba el sentimiento catalanista, ha ido perdiendo terreno en favor de la 'estelada' independentista y ha quedado reducida a la "bandera del PP y C's".

Paralelamente, las Diadas han ido dejando de lado su ambiente festivo y unificador y se han convertido en actos políticos para promover la independencia. 

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La estelada gana el pulso a la senyera en las semanas previas al referéndum

Ha sido una 'guerra' silenciosa, que se ha ido ganado balcón a balcón y manifestación a manifestación. Atrás quedan esas Diadas, como la de 2013, en las que la gente se lanzaba a la calle con una senyera para reivindicar lo que la bandera significaba: el sentimiento catalanista, que unificaba corrientes tan dispares como el nacionalismo de derechas con partidos como el PSC. La Diada de 2014, la previa a la consulta del 9-N, fue el último gran acto en el que esta emblema ondeó por las calles de Barcelona: la estelada comenzó a pisar con fuerza.

A medida que el pulso secesionista ha ido calentando los ánimos no solo se ha ido radicalizando el discurso, sino también los símbolos. La senyera ha quedado vinculada a partidos como el PP o Ciudadanos y la estelada, representante del independentismo, es la gran protagonista. Poco quedan ya de aquellos balcones de los Juegos Olímpicos que colgaban la bandera catalana para promover ante el mundo su cultura. Quien se atreva ahora a lucirla será tachado de enemigo del 'procés'.

Y es que el cambio de las banderas no ha sido solo de diseño. Inevitablemente ha traído consigo una metamorfosis en el ambiente del Día de Cataluña. Si en 2014, los líderes políticos se abstuvieron de hacer un llamamiento claro a la independencia, la de ayer era un una apuesta clara por el sí a la separación con España. El ambiente festivo y unificador ha quedado reducido a un mero acto político para mostrar fuerza ante un Gobierno central que insiste en que la consulta no se celebrará.

Prueba de ello es el tono de los discursos de uno y otro año. Artur Mas centró su intervención en pedir que la unidad de los partidos soberanistas "no se fisure e incluso se pueda ampliar". El mensaje de Puigdemont fue bastante más beligerante centrado en el 1-O. "El Govern ya lo tiene todo a punto para que los catalanes y las catalanas puedan ir a votar", fue su idea más reiterada.

Las 'esteladas' que ayer cubrieron las calles catalanas parecen hacer más ruido que las senyeras. Sin embargo, no implica que aquellos nacionalistas que reivindicaban sus diferencias hace apenas 5 años hayan sucumbido al canto de sirenas de la autodeterminación. Las cifras de participación no dejan lugar a dudas: 1.800.000 personas acudieron a la Diada de 2014. Este año, la cifra ha quedado reducida apenas a un millón, según las cifras de los propios organizadores.

En menos de 3 semanas, miles de catalanes están llamados a participar en una consulta ilegal, a pesar de que todavía no está claro se vaya a celebrar. En caso de que las urnas salgan a la calle se verá qué bandera gana el pulso definitivo en la calle. La cuestión no es para menos. Se decidirá si gana la senyera de todos los catalanes o la estelada del 'sí'.

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