La noche en que una becaria se encontró a Emiliano Revilla

  • Hace 25 años, una becaria dio la exclusiva de la liberación del empresario.
  • Revilla había estado en un zulo en Madrid durante ocho meses.
  • Durante muchas noches, María José Sáez estuvo haciendo guardia frente al domicilio.
María José Sáez, primera por la derecha, a principios de los noventa.

Durante el verano de 1988, María José Sáez (en la foto, la primera por la derecha) trabajaba en la agencia EFE de becaria haciendo información de tribunales. Las típicas becas de verano. En aquellos días, una de las noticias que estaba creciendo con más intensidad era la liberación de Emiliano Revilla, fundador de la empresa de embutidos Revilla.

Revilla había sido capturado por ETA el 24 de febrero de 1988, cuando se dirigía a pie a su domicilio. La banda lo tuvo ocho meses en un zulo en un chalé de Madrid. A lo largo del verano de aquel año, daba la impresión de que la familia había pagado una suma millonaria para obtener su liberación, la cual parecía inminente.

"A todos los medios nos había entrado la psicosis y hacíamos guardia las 24 horas del día frente al domicilio de los Revilla, en la glorieta de Cristo Rey en Madrid", afirma Sáez, hoy en informativos de Telecinco. "Casi todos los que hacíamos esas guardias éramos becarios".

La beca acabó en septiembre y Revilla seguía sin dar señales de vida. Como Sáez se había pasado todo el verano escribiendo sobre Revilla, siguió yendo por su cuenta a hacer guardia a la glorieta. A veces hacía algunas colaboraciones para Radio España, también de becaria. ¿Y qué se podía contar de un hombre secuestrado desde febrero? "Siempre había algo nuevo porque teníamos buenas relaciones con la familia. Bajaba alguno de ellos y se quedaba hablando con nosotros o se tomaba un café. Me daban mucha pena".

El sábado 29 de octubre por la noche, María José Sáez había quedado a cenar con su novio. Pelearon. "Yo cogí el coche y enfilé para mi casa por la M-30, hacia Alcorcón. De repente, di un volantazo e instintivamente me dirigí a la glorieta de Cristo Rey. Aparqué el coche como siempre y me quedé esperando. No había nadie. Claro, era sábado por la noche. Era una noche semiveraniega".

Un hombre liberado

La becaria de 23 años puso la radio del Simca 1000 de segunda mano que le habían regalado sus padres. Ya era más de la medianoche del 30 de octubre de 1988. Hace 25 años.

Se recostó sobre el asiento y se puso a escuchar las noticias. A eso de las dos de la mañana el corazón empezó a darle tumbos. Apareció un señor caminando lentamente en dirección al portal. Cruzó a glorieta. El corazón de la periodista comenzó a latirle con más fuerza. Salió del coche y le hizo señales. Se acercó y le dijo:

-Buenas noches. Soy María José Sáez, de la agencia EFE. ¿Usted no será Emiliano Revilla?

Los dos estaban temblando. Revilla, que había pasado ocho meses encerrado y sin luz, asintió con un gesto. Le habían dado una bolsa de plástico que contenía algo de comida, unos dibujos y unas gafas de sol que no se puso.

María José Sáez estaba emocionada. "Era la única periodista que estaba allí en ese momento. Estaba sola". Revilla olía a recién duchado. Estaba muy bien. Había perdido peso.

-¡No quiero decir nada!-, exclamó Revilla.

En ese momento, el empresario se puso muy nervioso. Se dio cuenta de que dos policías estaban al otro lado, en el portal de su casa. [Los terroristas le conminaron a que no dijera nada a la policía hasta las 4.30 de la mañana para que ellos pudieran escapar. Eran las 2.00 hs].

Llamada sospechosa

La periodista intentó tranquilizarle y le propuso llamar por teléfono a su casa desde una cabina. "Supongo que me vio cara de buena gente porque se fió de mí. Fuimos a una cabina de teléfono y llamamos". Pero Sáez no sabía el número.

-¿Lo recuerda usted, señor Revilla?

Se lo dijo sin dudar y llamaron. Los dos sabían que el teléfono de la familia podía estar intervenido. Se puso Jesús Alvarez, un popular periodista deportivo (de TVE) que está casado con Margarita, la hija de Emiliano Revilla.

-Hola Jesús, soy María José. ¿Estás ocupado?

-No. Estábamos viendo una película (parece que Gigantes) y tomaba un café.

-Jesús, es que me tengo que marchar pero me gustaría darte algo.

Jesús Ávarez notó algo en la voz de la becaria.

-¿Dónde estás?

-Aquí abajo. Te espero detrás.

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Álvarez bajó, se dirigió adonde le había indicado la becaria y vio a su suegro. Los dos se abrazaron. "Yo empecé a llorar", dice Sáez emocionada. "Estaba ahí, con ellos: lo siento hoy de la misma manera que entonces. Estaba viendo algo importante y lloraba y lloraba al ver a los dos hombres abrazados y llorando".

Los tres subieron al piso por el garaje, para no despertar las sospechas de la policía. La familia rompió a llorar cuando Emiliano Revilla entró en la casa, tras ocho meses de secuestro. "Volví a llorar", dice la periodista.

A continuación, los Revilla pidieron un favor a la joven becaria. Como necesitaban que le reconociera el médico y los teléfonos estaban intervenidos, le pidieron que bajara a la cabina telefónica y llamase al médico. "Lo que me sorprendió es que todos se fiaban de mí", afirma Sáez.

Llegó el médico y Sáez lo acompañó a la casa, pero entrando por el garaje para no despertar sospechas. "No encontrábamos el interruptor. Subimos a tientas pero al final entramos en la casa", dice Sáez. El diagnóstico médico fue rápido: Revilla estaba bien. Solo había perdido algunos kilos.

Entonces llegó el momento de la becaria. ¿Qué hacer ahora?

Volvió a la cabina y llamó por teléfono (entonces no había móviles) a su antiguo jefe en EFE, la persona en que más confianza tenía. Estaba aquel día de guardia. Era Emilio Oliva. Hoy la periodista no se acuerda qué le dijo. "Supongo que sería algo así como: "No te lo vas a creer. Tengo novedades sobre el secuestro". No lo sé. Pero sí recuerdo que le dije:

-Dame tu palabra de que no se lo vas a decir a nadie.

Sáez tenía miedo de que la noticia se filtrara a otros medios. Oliva le dio su palabra y poco después se desplazó hasta la plaza de Cristo Rey y le dio un abrazo. Luego volvieron a la agencia. Eran las 3 de la madrugada. La becaria fue recibida con aplausos pero a partir de ahí empezó su pesadilla.

¿Quién lo confirma?

EFE no podía informar de la exclusiva de la liberación de Revilla atribuyendo las fuentes a una becaria. Debía antes obtener la confirmación de la familia. La agencia empezó a llamar a los Revilla pero ellos lo negaron. "¿Liberado? No, nada de eso".

Todavía no eran las 4.30 pactadas pero cada minuto que pasaba, aumentaba la posibilidad de que la noticia se filtrase a otros medios. "Yo me quería morir y le decía a mi jefe: por favor, lo van a saber otros, hay que darlo".

"Paciencia", le contestaba decía Emilio. "Lo tenemos que hacer así. Tenemos que confirmarlo. En las agencias de noticias tenemos una serie de obligaciones. Relájate".

La familia lo confirmó a las 3.30.

Al día siguiente, María José Sáez tuvo que ir a la policía a hacer declaraciones. La becaria se había convertido en noticia. También tuvo que declarar ante los medios de comunicación. Volvió a casa muy tarde.

La hora feliz

A partir de aquella gran exclusiva, los medios comenzaron llamarla ofreciéndole trabajo. En EFE, por supuesto, pero también TVE. Sáez tuvo un encuentro con la directora de TVE, Pilar Miró, y con Luis Mariñas, de informativos. Le dieron un talón en blanco. Querían que empezara con Jesús Hermida, en el programa de la mañana. "Le dije que no porque no me convencía, no me sentía preparada".

-Tan valiente e inteligente… -dijo Pilar Miró-. No comprendo la cobardía de decir que no.

-Es más cobarde lanzarse a una tribuna así sin haber aprobado-, le dijo Sáez refiriéndose que no estaba preparada.

Se quedó en EFE. Al cabo de un año fue a TVE y más tarde a Telecinco con Luis Mariñas, en los informativos, donde sigue trabajando al día de hoy.

"Todavía hay gente que me ve comprando el pan y me dice. ¿No eres tú la periodista que encontró a Revilla? Tras 15 años presentando telediarios, resulta que ahora me reconocen así", afirma la periodista.

En las Facultades de Periodismo se sigue hablando del caso de la perseverante becaria que encontró a Revilla aquella noche de 1988, pero ella afirma siempre que fue una mezcla de fortuna. "Podía no haber estado allí si no fuera porque peleé con mi novio".

Los más jóvenes quizá no sepan quién es, pero todos los periodistas de aquella generación sí se acuerdan. Aún no se lo ha contado a sus hijos. Tienen 12 y 9 años y se llaman Olivia y Marcos.

"¿Que si desde entonces he visto personalmente a Emiliano Revilla? No. Nunca".

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