Lunes, 22.04.2019 - 20:47 h
Muere la hija del dictador

La última de los Franco: una vida plagada de títulos, fincas y pleitos

Carmen Franco Polo ha fallecido a causa de un cáncer. Con su muerte volverán a la palestra los temas más candentes que aún hoy rodean a la familia.

Vista del Pazo Meirás
Vista del Pazo de Meirás / EFE 

La única hija de Francisco Franco, Carmen, falleció este 29 de diciembre, de madrugada, a causa de un cáncer que se encontraba en fase terminal. Con ella desaparece la única veta de memoria viva que quedaba de Franco, aunque parte de esos recuerdos ya fueron plasmados en una suerte de biografía que la hija hizo de su padre. Y antes incluso de que el sepelio haya concluido, volverá a la palestra mediática algunos de los temas más candentes que aún hoy rodean a la familia Franco, sobre todo los que tienen que ver con su situación dineraria.

El último caso por el que los Franco han tenido que verse ante la justicia es por el conocido Pazo de Meirás que, según los descendientes del anterior jefe del Estado, le fue regalado a Franco por los vecinos. La sombra de la expropiación siempre ha estado sobre los jardines gallegos de la finca; pero ha sido a causa de unas estatuas por lo que se han visto, los Franco y la Fundación Nacional Francisco Franco, que es la encargada de gestionar el pazo, envueltos en juicios. Una, del patriarca Abraham, la otra de Isaac. Ambas, cinceladas por el Maestro Mateo para que lucieran en la Catedral de Santiago de Compostela. Un día antes del deceso, un Juzgado de Primera Instancia de Madrid había admitido a trámite la demanda civil que el consistorio compostelano había presentado con intención de recuperar las piezas.

La herencia nobiliaria

El fallecimiento de Carmen, que ostentaba el título de duquesa de Franco, con grandeza de España, el de marquesa viuda de Villaverde y el DNI más bajo de cuantos continuaban activos, con el número 3, frente al 10 que tiene el el Rey emérito, no paraliza en nada el proceso, ya que la demanda es parte de la heredad que recibirán los herederos, que serán los siete hijos que Franco tuvo . De una gran discreción política, la relevancia social le sobrevino más por algunos de sus hijos que por ella misma. Los que han tenido una mayor presencia pública, lejos de la discreción y reciedumbre de su madre -no se le vio una lágrima en público durante los actos funerarios por el fallecimiento de su padre- han llenado páginas de papel revista, erizándolas con las más variadas historias de todo orden -o desorden- y condición.


De todos los títulos nobiliarios que ostentó Carmen Franco, el del Ducado de Franco es el de más alto honor ya que, además de ser, por ducado, el más alto título nobiliario fuera de los propios de la Familia Real, lleva aparejada la Grandeza de España, según le fue concedido por el rey Juan Carlos. Además, ostentó el señorío de Meirás, también con grandeza, y el marquesado de Villaverde, por vía matrimonial, al casarse con su titular, Cristóbal Martínez-Bordiu. Este último título pasó a su hijo, Francisco, conocido en el couché como ‘Francis’, que siempre ha mostrado un vivo interés por recibir el título ducal, casi antes incluso de tener conciencia de sí mismo, porque al nacer, las Cortes en 1954 promulgaron una ley redactada ex professo para que pudieran invertirse el orden de sus apellidos, de tal suerte que pasara a llamarse Francisco Franco Martínez-Bordiu, dando prevalencia al apellido de la madre sobre el del padre. Algo que hoy puede parecer normal, pero que entonces no lo era.

Sin embargo sus esperanzas se vieron truncadas con la Ley de Igualdad para la Sucesión de Títulos Nobiliarios promulgada en 2006, que acababa con la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión, por lo que será su hermana mayor, Carmen, la que en puridad, heredará el ducado. Esto, claro, si la primogénita decide ejercer sus derechos ya que podría no hacerlo o llegar a un acuerdo privado con su hermano. Aunque si tal acuerdo se diera, no estaría el futuro duque o duquesa libre de riesgos ya que al ser el único propietario del título su primer beneficiario, los herederos serán sólo poseedores, lo que daría pie a futuras reclamaciones.

Fotografía de archivo de Carmen Franco Polo en el año 2000
Carmen Franco en el año 2000 / EFE




El pecunio: propiedades y sociedades

Pero si el de la sucesión de títulos es siempre y en todas las familias que los ostentan, un capítulo delicado. El de la herencia pecuniaria no se queda atrás. Porque, aunque desde hacía años no era Carmen quien llevaba el día a día del patrimonio familiar, sí era la titular de la mayoría de las propiedades y activos, que alcanzan la suma estimada de entre 500 y 600 millones de euros -cifras que la familia siempre ha calificado de “ciencia ficción”.

A tenor de las propiedades de las que se tiene constancia, esas cifras no resultan boreales. Los Franco Martínez Bordiu controlan en la actualidad un amplísimo conglomerado de empresas y bienes inmobiliarios que incluyen desde fincas solariegas, locales, aparcamientos o palacetes -el conflictivo pazo es uno de ellos. Pero resulta más sencillo hacerse una idea del alcance de su fortuna, no por lo que hoy tienen sino por lo que han ido vendiendo con el paso de los años.

Para muestra, un botón: a finales de los años 80, la familia vendió el Palacio del Canto del Pico, un caserón levantado en la década de los años 20 en el punto más alto de Torrelodones, propiedad de un coleccionista de arte. En sus habitaciones falleció el presidente Antonio Maura y, durante la guerra civil, dio cobijo y techo al Mando Militar Republicano, sirviendo como cuartel a Indalecio Prieto y al general Miaja, que dirigieron desde allí la batalla de Brunete. Franco heredó el caserón de manos de su último dueño, un marqués sin descendencia. Y de la familia Franco pasó -previo abandono- a manos de un empresario hotelero por 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros).

A esto habría que sumarle la parcela en la Colonia El Bosque, de Pozuelo de Alarcón; la finca La Cerca de los Monteros y otras tantas propiedades inmobiliarias difícilmente rastreables. Y es que todo lo que rodea al patrimonio de los Franco sigue hoy estando, en muchos casos, velado. Sí se sabe es que gran parte de su patrimonio está invertido en ladrillo. Así, por ejemplo, la familia es propietaria del edificio situado en el número 8 de la calle Hermanos Bécquer, una de las zonas más caras de Madrid, en pleno Barrio de Salamanca.

En Galicia, además del pazo, la familia cuenta con un imponente edificio de más de 800 metros cuadrados, en el barrio viejo de La Coruña, conocido como el palacio de Cornide, por ser éste el apellido de sus propietarios originales. Por decisión del Ayuntamiento, el edificio fue enajenado en 1962 por subasta pública y fue adquirida por Pedro Barrié de la Maza por algo más de 300.000 pesetas. En el escrito de adjudicación, el nuevo propietario dejó claro su deseo de transferir la finca a Carmen Polo, esposa de Franco. Y aunque haya pasado desapercibido, sobre todo por la larga sombra mediática que levanta todo lo relacionado con Meirás, el valor de este inmueble supera, en mucho, el del pazo.

Pero la gran pieza es la finca que fue del conde de Romanones, que tantos sudores gastó en que el rey Alfonso XIII no tuviera que salir de España en abril de 1931. En esta propiedad, Franco cazaba y pescaba. A su muerte, la finca estaba valorada en 10.000 millones de pesetas. Lo que habría de sumarse a la incalculable cifra que alcanzó la venta de 3,3 millones de metros cuadrados de suelo recalificado que, antes de la burbuja, albergaría los cimientos de una urbanización de lujo.

Las dos sociedades de la duquesa

Aunque menos abultado que el asiento de los inmuebles, el de las sociedades tampoco queda muy atrás en la heredad de los Franco. Carmen era administradora única de dos sociedades que, entre ambas, reunían un patrimonio superior a los 38 millones de euros. Fiolasa S.L.U, la primera de ellas, fue creada a comienzos de los dos mil con el objeto social de adquirir, aprovechar, tener, ceder o, en definitiva, gestionar bienes. Su capital inicial fue de 9,6 millones de euros y cerró el año con beneficios superiores a los 120.000 euros sin haberse movido factura alguna. ¿Resultado? Con cifras el ejercicio pasado: el activo superaba los 20 millones de euros.

La otra sociedad, Sargo Consulting S.L, fue creada también en las mismas fechas que la anterior, aunque lo fue, según se registró entonces, para el asesoramiento económico-financiero. Otra coincidencia: su capital social fue, también, de 9,6 millones, que fueron ampliados al año siguiente hasta superar los 11 millones. Pero a tenor de las cifras, parece que Sargo no es más que una sociedad destinada a la gestión del propio patrimonio familiar, ya que en 2016 facturó lo mismo que en el año anterior: 48.000 euros, una cifra que se ha mantenido en ratios similares desde la constitución de la empresa.

El elenco se completa con otras sociedades como FR Promociones del Suroeste, que llegó a contar activos de más de siete millones y que en 2015 estaba en concurso de acreedores; de Montecopel, con 17 millones, y cuyo administrador es en la actualidad Francisco Francis Franco y la sociedad llamada Centro de Agentes Unidos del Calzado Español SL, que pese a lo imaginativo del nombre, se dedica también a la gestión de fincas y contaba, en 2015, con un activo de casi seis millones de euros.

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