Viernes, 17.11.2017 - 23:49 h
Guerra abierta en el Adolfo Suárez Madrid Barajas

Las economías sumergidas en Barajas: una mafia de plastificadores y maleteros

Los negocios opacos en el aeropuerto abarcan una amplia gama de 'servicios', como los captadores de taxis o los vendedores ambulantes sin control.  

Un plastificador legal de maletas (izquierda), frente a uno clandestino, con sus clientes.
Un plastificador legal de maletas (izquierda), frente a uno clandestino, con sus clientes.


'Mundo' Barajas... El aeropuerto de Madrid Adolfo Suárez es uno de los espacios del país -y de Europa- por el que circula mayor cantidad de gente a diario (casi 130.000 personas, de media, según los últimos datos de AENA). En este universo afloran, al margen de su estructura legal, diversas 'tribus' de buscavidas (perfectamente organizados) que llevan a cabo actividades ilegales, clandestinas u opacas.

Plastificadores de equipajes al margen de la Ley, maleteros que han desatado una guerra entre ellos, vendedores ambulantes de bolsas, 'puesteros' ilegales de equipajes, captadoras de clientes de nuevos servicios de transportes, trapicheadores de poca monta y hasta empleados de subcontratas del servicio de rampas 'non sanctos', son algunos de los eslabones que integran una constelación singular en la instalaciones de una de las terminales aéreas más importantes (por volumen y actividad) del mundo. Todo eso se traduce en millones de euros que escapan por un enorme agujero negro cada mes.

El último episodio que ha vuelto a encender la mecha y generar máxima tensión es la batalla abierta entre dos bandos: los empleados de las  empresas que tienen la concesión del servicio de plastificado de equipajes  y los embaladores ilegales de maletas. Las compañías TrueStar y Bag Wrap operan legalmente en Barajas. Pero al menos un centenar de hombres les hacen la competencia de manera abierta y descarada. Están perfectamente organizados y embalan maletas incluso en el interior de las terminales 1 y 4, ante la mirada de vigilantes de seguridad privada, que pasan a su lado, de policías y del personal que integra su 'competencia' oficial.

Servicios clandestinos

La historia se repite cada día. En la terminal 1 de Salidas, un joven de contextura robusta y estatura media ofrece, a viva voz, sus 'servicios' de plastificado de maletas a los pasajeros que realizan el check-in para embarcar en un vuelo internacional.

Las mafias de Barajas abarcan muchos sectores.
Las mafias de Barajas abarcan muchos sectores.

Una larga fila de pasajeros está apostada entre los mostradores 153 y 158. "Embalar, embalar" dice el muchacho, que tendrá unos 30 años, y hace gestos con sus brazos a un grupo nutrido de árabes. Una pareja finalmente accede ante su ofrecimiento: el joven, que es magrebí, saca entonces papel celofán, cúter y en cuestión de 5 minutos embala dos maletas por las que cobrará 10 euros.

"Hay litigios en marcha que interpusimos contra AENA. Pero es una rotunda mentira que esta gente se haya ido del aeropuerto. Solo basta con recorrer unos minutos las terminales para ver que allí siguen 'trabajando', sin entregar factura", comenta María Otero, portavoz de TrueStar. En la terminal 1, Pedro Carmona, uno de los responsables de supervisión de esa compañía, va más allá: "Se ríen de nosotros en nuestras caras. Nos han amenazado hasta de muerte. Yo tuve que pegarme en no pocas ocasiones con estos tíos, que no se cortan ni un pelo. Nosotros cobramos 10 euros por el plastificado de equipajes, que incluye un seguro por extravío de 1.500 euros y un localizador. La otra opción es la de 7 euros, sin el seguro. Pero ellos suelen cobrar a los viajeros la mitad de nuestras tarifas, aunque muchos piden cualquier cosa, hasta 15 y 20 euros, dependiendo de las caras del cliente. Encima tienes el riesgo de que te metan cualquier cosa en la maleta", asegura el hombre.

Las empresas afectadas aseguran que estas personas integran mafias perfectamente organizadas. En el último año, los damnificados han denunciado pérdidas de 3 millones de euros debido a las acciones de estos grupos. "En la T-4 están los rumanos, búlgaros y personas de otros países del Este, aunque también algunos árabes, y aquí, en la 1, los
magrebíes y unos pocos latinoamericanos", asevera Carmona. Fuentes de AENA han asegurado al respecto que "como estas personas se encuentran en espacios públicos, es misión de la Policía evitar que actúen".


Franklin, maletero en pie de guerra con algunos 'compañeros'.
Franklin, maletero en pie de guerra con algunos 'compañeros'.

Otra de las 'tribus' más numerosa que busca recaudar euros de manera irregular es la de maleteros. En la actualidad están librando una particular guerra entre ellos. Franklin, de Costa de Marfil, ofrece cordialmente a los pasajeros, a punto de entrar en la terminal, acercar sus maletas para pesarlas en los mostradores de embarque. "Esto es a
voluntad de la gente.
Llevo diez años trabajando en la Terminal y a los que cobraban un precio ya determinado los terminamos echando. Ahora están todos en la T-4. Si vuelven, saben que encontrarán problemas", comenta.

Hay más. Mucho más. En la Terminal 4 pueden observarse, junto a uno de los accesos -en uno de los extremos que conduce a los aparcamientos- un precario puesto ambulante de maletas. Lo regenta un hombre corpulento que, recostado contra una columna, ofrece su mercadería sin tapujos. Otros llevan y traen bultos de los coches y
trapichean hasta pañuelos. Más allá, ya en el exterior, se divisan 'captadoras' de pasajeros que intentan conducirles a los coches de Cabify.  Y están también los rumanos que compran bolsas por dos euros en los bazares chinos y se los revenden por 20 a ancianas austríacas o señores australianos desprevenidos, que deben 'redistribuir' su equipaje para evitar pagar precios desorbitados por el exceso de peso.

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