Para perderse

Cinque Terre, una postal sobre el Tirreno

Solo unos cuantos pueden viajar a los cinco pueblos
con más encanto de toda la costa italiana.

Cinque Terre

Como un pequeño capricho de la naturaleza, la tierra se eleva sobre los acantilados que baña el Mar Tirreno. En su falda, unas terrazas que literalmente cuelgan sobre el mismo mar sirven de plataforma para alojar a los cinco pueblos que conforman Cinque Terre. Una postal de intensos colores que se esconden entre olivos, vides y matorrales. Una carretera imposible, que se retuerce sobre si misma, asciende y desciende hacia el mar, reservando sólo a unos pocos que se aventuran a adentrarse en sus dominios el privilegio de llegar hasta los cinco pueblos con más encanto de toda la costa italiana.

Cinque Terre
 

Si llega desde el mar le recibirán con impactantes vistas de fachadas de colores que se amontonan sobre los acantilados. Cinco pueblecitos que se descuelgan sobre el azul del Tirreno: Vernazza Corniglia Manarola, Riomaggiore y Monterosso se mantienen casi ocultos desde la carretera y erguidos y vigilantes desde el mar. Un paisaje armonioso de pinos, matorrales y viñedos descansan sobre la falda del acantilado. La mejor forma de recorrerlos es utilizando el servicio de barcos que van desde Riomaggiore hasta Mannarola. Horarios limitados para reservar la intimidad de las últimas horas del día a sus habitantes ya sin turistas.

Manarola es un capricho de casas color pastel que se amontonan hacia arriba sobre la ladera. Aquí se encuentran los viñedos más productivos y reconocidos de la región, que dan lugar a dos vinos muy especiales y apreciados: Cinque Terre blanco, seco, fuerte y ligeramente punzante, mezcla de tres uvas diferentes; y Sciacchetrà, un vino dulce de cosecha tardía que se bebe acompañando el postre. Una sugerencia, tome asiento en Marina Piccola, justo al lado del hotel del mismo nombre y pida una botella de vino de la Cinque Terre. Tome su tiempo, relájese y repose la vista sobre el mar azul.

Cinque Terre
 

Al caer la noche, cuando se han retirado los turistas y el sol se oculta tras el horizonte, Manarola se descubre tal y como es, bella y elegante, un tanto decadente, solitaria y relajada. Siéntese a cenar en la Trattoria Billy, un encantador restaurante de tres pisos enclavado en la ladera sobre el mar y donde puede disfrutar de buena cocina casera. Ricas anchoas y buena pasta con tomate, queso, piñones y camarones, regado con un buen chorro de aceite de oliva.

Cinque Terre
 

Vernazza es tal vez el más elegante de todos. Descienda por la Vía Visconti, la bulliciosa y animada calle que desemboca en la plaza principal. La Trattoría Gianni Franzi es toda una institución en el lugar por sus más de 50 años sirviendo deliciosos ravioli y el mejor pescado de la región. Acérquese a la iglesia de Santa Margherita d'Antiocha que data de 1318. Fue construida sobre la misma roca y su fachada principal, en un capricho de su autor, parece querer darle la espalda a la plaza. Un paseo hasta las torres de vigilancia del Castello Doria, del Siglo XI ,le recompensará con unas vistas extraordinarias de toda la región.

En la Cantina del Molo, en una gran tienda de vinos, puede encontrar las mejores botellas de vino procedentes de los viñedos y bodega de su propietario.

Monterosso desciende hacia el mar por la única calle que articula este pequeño pueblo. A un lado y otro se abren restaurantes, tiendas de ropa y algún colmado con productos e ingredientes locales que van desde los buenísimos tomates que crecen en cualquier oquedad del terreno, a ricas salsas caseras para acompañar la pasta o a los indispensables limoncellos que deben tomarse bien fríos. Siendo un pueblecito de tan reducidas dimensiones, rinde culto en dos pequeñas pero encantadoras iglesias. Abajo, en el puerto, la gente se tiende sobre las rocas para tomar el sol y bañarse en un mar plácido y tranquilo.

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