Domingo, 15.09.2019 - 06:59 h
Aprendizaje sensorial

Las 4 claves del diseño para autistas: la arquitectura que puede mejorar sus vidas

Un exceso de información en la construcción de ambientes para personas con autismo puede causar una sobrecarga emocional difícil de manejar.

Diseño arquitectura
Las 4 claves del diseño para autistas: la arquitectura que puede mejorar sus vidas  / Pixabay

Imagine llevar un altavoz incorporado a su oído, un audífono que iguale la intensidad del pitido de un coche a la del aleteo de un pájaro, sin distinción. Esto, sumado a cierta confusión sensorial, podría darle una idea de cómo experimentan el mundo las personas del espectro autista. Por ello, la incorporación de los niños autistas a los espacios educativos supone todo un desafío para el que no existen atajos, pero ante el cual la arquitectura inteligente puede ofrecer soluciones.

Tal como explica Sean Ahlquist, profesor asociado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Michigan, en 'ArchDaily', aunque cada niño con autismo es diferente, hay algo que muchos comparten: "Entre  el 60-90% de ellos tienen una hiperconciencia de los estímulos sensoriales. Algunos son muy sensibles a los sonidos fuertes o las luces brillantes, mientras que otros, responden con entusiasmo ante sensaciones táctiles fuertes. Recibir presión, como estar envuelto en una manta pesada, la emociona, lo que nos permite convertir su hipersensibilidad en una herramienta beneficiosa para reforzar el juego y la interacción social".

Dentro de nuestros hogares, en nuestras zonas de trabajo, en plena calle... constantemente recibimos estímulos que nos generan sensaciones más o menos agradables, que podemos asimilar de una forma u otra pero que, normalmente, logramos filtrar. El autismo, como asegura Ahlquist, agudiza todos estos cambios en el entorno, lo que puede llevar a una confusión ante excesos de información, pero también puede convertirse en una herramienta a favor de ese aprendizaje sensorial. 

Sin embargo, la incorporación de los niños autistas a los espacios educativos tiene que ir acompañada de una adaptación de los centros escolares, según explica la revista 'Arch Net' en su informe sobre 'Espacios sensoriales', que relaciona un mejor desarrollo creativo de estos niños con la intervención del 'design thinking'. En definitiva, si lo que queremos es una integración completa y transversal de estos alumnos, debemos hacer que se sientan cómodos en las aulas para que el tiempo en los pupitres no se convierta en el enemigo de su aprendizaje... y la arquitectura nos da las claves.

1. Ofrece rincones de calma

Despejar los espacios pequeños deja espacio para la reflexión y el procesamiento de la información de estos alumnos. Una solución fácil sería abrir una puerta a un pequeño armario, o desplegar una carpa en  que enlace unos edificios a otros cuando los niños van a tener que desplazarse.

2. Multiplica los accesos

Con una única entrada aumentan las posibilidades de que los menores se enfrenten a multitudes que podrían derivar en episodios de ansiedad. Otra forma de favorecer la serenidad de estos alumnos en las escuelas consiste en construir varias rutas de acceso desde el exterior a las clases, unas más cortas y otras más lentas. 

3. Construye espacios de simulación

Un diseño inteligente que empatice con los niños autistas, debe pensar en la creación de espacios de simulación de las actividades más cotidianas. Comprar y vender, llamar por teléfono, cruzar por el paso de peatones... tanto en el aula como en las zonas de recreo, las escuelas deben ofrecer entornos de realidad para ayudar a la asimilación de las normas sociales más rutinarias. 

4. Entiende que el aprendizaje no es lineal

Por último, se pueden reservar 'espacios de degustación', es decir, lugares donde se ejercite algún sentido de forma preparatoria para una actividad final. Acercar a los niños a una fuente y poner sus manos bajo el chorro de agua fría antes de sumergirlos en una piscina, o probar a amasar plastilina si queremos que acaben cocinando una pizza. 

En definitiva, diseño y educación deben ir de la mano con el fin de que el autismo no acabe por cercenar el crecimiento creativo de unos niños que, por regla general, cuentan con una sensibilidad que bien encauzada podría garantizar una explosión artística.

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