Miércoles, 24.10.2018 - 03:25 h
Diversos estudios lo avalan

Por qué no deberías jubilarte nunca si quieres vivir más años

Un estudio señala que quienes siguen trabajando hasta pasada la edad de jubilación mejoran su salud y viven más años.

Jubilación
Seguir trabajando después de los 65 años reduce un 11% el riesgo de muerte / Pixabay

Si la canción de Queen se hubiese titulado Quién quiere trabajar para siempre -en lugar de Quién quiere vivir para siempre-, probablemente hubiera tenido una carga existencial tan potente como el gran éxito de Freddie Mercury y compañía. Porque, de algún modo, la senectud es esa prórroga de la vida en la que los humanos podemos disfrutar de un merecido descanso tras cuatro décadas de trabajo; pero también es el período vital en el que más riesgo corremos de aislarnos cultural, emocional y socialmente del mundo que nos rodea, tal y como recordábamos hace unos días. Por eso, aunque parezca una contradicción, no jubilarse nunca es la mejor manera de dotar de sentido a nuestra existencia y, de paso, de alargarla, tal y como señala este artículo de 'The Washington Post'.

El sueño de retirarse joven -quizás gracias a un premio de lotería o una inversión acertada- y tener toda muchos años por delante para disfrutar de una vida ociosa y plena es bastante común. De hecho, hay quienes lo defienden a ultranza: viajar, conocer mundo, leer, comer, dormir, descansar... Cada cual tiene una idea concreta de lo que haría si pudiese jubilarse con 30, 40 ó 50 años. Sin embargo, ¿qué pasaría si uno llega con buena salud a los 70, 80 ó 90 años y aún siente ganas de seguir trabajando? ¿Debería jubilarse igualmente?

Los beneficios económicos y en la salud de no jubilarse

Según un reciente estudio de la Universidad de Yale, las personas mayores de 55 años que se mantenían activas vivían unos 23 meses más que quienes no lo hacían. En aquella investigación, la actividad se reducía a la lectura; sin embargo, un estudio paralelo titulado El poder de trabajar durante más tiempo señala que existen beneficios para la salud de quienes no se jubilan, o lo hacen más tarde de lo que les corresponde.

En este sentido, posponer la jubilación aumenta la esperanza de vida, mejora la salud emocional y permite no pasar apuros económicos en una época de vulnerabilidad. Según el estudio, “posponer la jubilación entre tres y seis meses tiene el mismo impacto en el estándar de vida como jubilado que ahorrar un 1% más de las ganancias de los últimos 30 años”. Algo que permitirá vivir con holgura la última etapa de su vida a cualquier trabajador y que, paralelamente, le permitirá disponer de más recursos económicos para tratar posibles enfermedades.

El bienestar emocional de no jubilarse alarga la vida

Además, el estudio cita una investigación llevada a cabo por la Universidad Estatal de Oregon que apunta a que quienes siguen trabajando después de los 65 años tienen un 11% menos posibilidades de morir, aunque sin especificar en cuánto tiempo se traduce esa reducción. Retomando el estudio de Yale, la clave reside en el desarrollo cognitivo que crea la actividad en el ser humano, algo que permite a las personas mayores potenciar aspectos como su vocabulario, su empatía o su inteligencia emocional.

Así, la mayoría de los estudios realizados en los últimos años relacionan la salud y la esperanza de vida con el bienestar emocional de las personas: no es lo mismo una persona con 90 años que sigue trabajando, relacionándose con otras personas y manteniendo un ritmo de vida similar al que llevaba con 60 años, que una persona de 75 años sin ocupación y sin motivaciones personales. El segundo caso suele ser mucho más peligroso que el primero, ya que, normalmente, quienes tienen pocas cosas o ninguna por las que levantarse cada mañana tienden a vivir menos años que quienes siguen trabajando. Por eso, si la salud lo permite, no jubilarse nunca es la mejor manera de vivir más años.

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