Miércoles, 13.11.2019 - 01:02 h

Entre la paranoia, la angustia, y el miedo, así pasó sus últimos años Kim Jong Nam

Su muerte en un aeropuerto de Malasia le ha devuelto al primer plano y ha puesto encima de la mesa la capacidad de Kim Jong Un de matar a miembros de su sangre sin ningún remordimiento.

Uno de sus amigos más cercanos relata en 'The Guardian' que el hermanastro del líder supremo de Corea del Norte vivía completamente atemorizado y con remordimientos por consentir los abusos en Corea del Norte.

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Tenía la sensación de que estaba sentenciado. Y los hechos le dieron la razón. En un aeropuerto de Malasia encontró su final, presuntamente a manos de los espías del Gobierno liderado por su hermanastro, que le tenía sentenciado a muerte. En unos segundo acabaron con su vida.

Kim Jong-nam pasó sus últimos años muy paranoicos, escondiéndose del régimen dirigido por su medio hermano dictador mientras luchaba con una sensación de impotencia sobre el destino de su patria, según las personas que lo conocían.

Kim se reunía con antiguos amigos de su época de estudiante en Suiza, tomaba café, fumaba cigarrillos y caminaba. El que fuera hijo predilecto de Kim Jong Il se convirtió en un apestado por no acabar con éxito sus estudios y por su vida disoluta, no por ser un hijo bastardo. Su padre, que dormía junto a él cuando era pequeño, el mismo que veía en él a su sucesor, ya le dio de lado en los últimos años de su vida. Su hermano le consideraba un peligro para su figura, pese a todo, y tras la muerte de su padre en 2001, lo puso en la diana.

Kim Jong Nam siempre dijo lo mismo a todo el que quisiera escucharle. Que no tuvo ambiciones de gobernar el país, que quería salir y disfrutar de la vida (una vida que tenía gracias al régimen, claro). No aceptaba ni apreciaba lo que estaba pasando en el país con el que mantuvo relaciones a distancia, aunque era más que consciente que el régimen vulneraba los derechos humanos.

La autopsia no mostró evidencias de un ataque cardíaco o signos de heridas por punción en el cuerpo de Kim. "Tenemos que confirmar con el informe del laboratorio antes de que podamos hacer cualquier comentario concluyente", señalaron los médicos a la espera de confirmar que había sido envenenado.

"El tenia miedo. No era un miedo que abarcara todo, pero era paranoico. Era una persona políticamente importante. El estaba preocupado. Por supuesto que estaba preocupado ", confiesa ahora al diario The Guardian, Sahakian, el confidente de Kim.

El abuelo de Kim Jong-nam, el "Gran Líder" y fundador de la moderna Corea del Norte , Kim Il-sung, no aprobó la relación extramatrimonial entre Kim Jong-il y la madre del niño, una actriz de cine local.
Kim Jong-nam fue trasladado del país, a Rusia y luego a Suiza, donde aprendió francés, ruso, alemán e inglés.
"Era un niño muy alegre, muy amable y muy generoso", lo califican sus amigos.

El único recuerdo extraño que Sahakian tiene es de su amigo norcoreano en un lujoso Mercedes-Benz 600 a los 15 años de edad. Cuando regresó a casa, después de no completar sus estudios, Kim Jong-nam era un adulto y un producto de su educación europea.

El día que intentó ir a Japón con un pasaporte falso de la República Dominicana en 2001 su suerte estuvo echada. Ya había un a excusa para acabar con él. Después de eso, vivió en el exilio - en Macau, un territorio chino cerca de Hong Kong, donde él y su esposa tenían niños, y también Singapur. Tenía otra casa en Pekín, según otro amigo. Siempre dijo a los periodistas que no había desertado, pero lo cierto es que se encontraba en un exilio autoimpuesto o forzado.

Kim Jong-nam habló a principios de 2011 de sus opiniones políticas a Yoji Gomi, un periodista japonés, meses antes de que Kim Jong-un fuera nombrado "Líder Supremo". Le criticó.

Un año más tarde, su tío, el ex número dos de Corea del Norte que estaba cerca de Kim Jong-nam, fue ejecutado por su "ambición política sucia", iniciando una serie de purgas del recién instalado Kim Jong-un.

Después de eso, Kim Jong-nam mantuvo un perfil muy bajo, haciendo malabares entre su carácter extrovertido y derrochador con la intención de permanecer fuera del foco periodístico para no provocar la ira de su hermano.

"Estaba muy triste por la situación de su país. Y realmente lamentaba lo que le pasaba a su gente. Pero no podía hacer nada al respecto ", dice ahora Sahakian. Lo cierto es que nunca lo intentó, pudo más el miedo que la honestidad. Le faltaron el carácter y la voluntad para cambiar las cosas.

Simplemente, Kim no era un monstruo, insistió Sahakian. Pero tampoco era el playboy adicto al casino, que los medios de comunicación a menudo representan señala su amigo para recuperar su imagen.

Pero vivir una vida normal era difícil. "Tienes que imaginar la inmensa presión psicológica para alguien así", dijo Sahakian. Eres el hijo de un dictador ¿Qué haces? ¿Va a trabajar para Goldman Sachs? No fue fácil para él, ni siquiera podía viajar libremente sin ponerse en contaco con las autoridades". Su final estaba marcado. Ocurrió en un aeropuerto de Malasia.

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