Beirut vuelve a nacer con dinero de Hezbolá

  • El sur de la capital del Líbano, destruido por bombas israelíes durante la guerra de 2006, ha vuelto a la vida. Pese a tres años de inestabilidad política, la crisis financierainternacional y las sanciones de EE UU, la organización encargada de lareconstrucción prácticamente ha concluido su tarea y los barriosafectados vuelven a bullir de actividad.
Dos mujeres pasan delante de un edificio en construcción en Hart-Hareik, en los suburbios del sur de Beirut controlados por Hezbolá.
Dos mujeres pasan delante de un edificio en construcción en Hart-Hareik, en los suburbios del sur de Beirut controlados por Hezbolá.
Ben Gilbert | GlobalPost para lainformacion.com
Ben Gilbert | GlobalPost para lainformacion.com
Ben Gilbert | GlobalPost para lainformacion.com

(Beirut, Líbano). Durante la guerra de 2006, las bombas israelíes destruyeron y dañaron cientos de edificios en los suburbios del sur de Beirut, que ya han sido reconstruidos casi por completo.

Hassan Jeshi, el director de Waad ("La Promesa"), el programa de reconstrucción que dirige Hezbolá, señala que los 400 millones de dólares previstos han servido para reconstruir 70 de los 260 edificios destruidos. También se han reparado las más de 1.000 construcciones que resultaron dañadas y se prevé concluir a finales de 2010.

"He realizado la reparación de más de la mitad de todos los edificios", indica Jeshi. "Estamos contentos porque… la gente vuelve a sus hogares y está feliz".

En medio de las grúas y los edificios acabados de pintar, el ruido de los martillos, las sierras y los camiones vuelven a dar vida a las zonas arrasadas por el mes de bombardeos israelíes que dejaron sin hogar a miles de libaneses.

En un recorrido por dos zonas de los suburbios de Beirut, GlobalPost tuvo la oportunidad de entrevistar a algunos de los 800.000 residentes que viven aquí, la mayoría de ellos, musulmanes chiíes.

Como una muestra del férreo control de Hezbolá en esta zona y la paranoia de ver espías israelíes en todas partes, este reportero tuvo que obtener permiso de Hezbolá para recorrer el área. Siempre me acompañó un agente de seguridad de la agrupación, que estaba lo suficientemente cerca como para oír las entrevistas.

La población que vive en los suburbios del sur (llamados simplemente "Daheeyah" (suburbio en árabe) ve a Hezbolá como el protector –y no el instigador- del conflicto con Israel. La guerra se desató a partir del secuestro de dos soldados israelíes en un enfrentamiento fronterizo el 12 de julio de 2006.

Los residentes culpan a Israel y a EEUU de la destrucción. "Hezbolá está tratando de darnos cosas mejores", afirma Abbas Dhani, de 50 años, director de una escuela, mientras camina a su nuevo apartamento en el barrio de Hart Harayk. "Nos defienden. Estamos cerca de Israel, así es que tenemos que sufrir".

Dhani, al igual que otros residentes cuyas viviendas fueron destruidas, recibió 12.000 dólares para pagar un alquiler durante un año y comprar muebles hasta que Hezbolá pudiera iniciar la reconstrucción. Explica que desde la guerra, la situación ha sido dura ya que perdió un buen empleo en una escuela que también resultó destruida. Con todo, el dolor de los tres últimos años se ha visto compensado por el valor de de su ático, que ha pasado de 35.000 a 90.000 dólares.

Estos suburbios se levantaron originalmente en los campos y huertos del sur de Beirut cuando los chiíes –venidos del sur del Líbano- escaparon de los ataques israelíes, las milicias cristianas y las guerrillas de la OLP durante la guerra civil entre 1975 y 1990.

Con la llegada de los refugiados, se empezaron a construir rápidamente torres de concreto para albergarlos. Los edificios, de unas diez plantas, a menudo no cumplían con los estándares mínimos de seguridad y muchos fueron levantados ilegalmente. Las torres más antiguas aún tienen problemas de electricidad, alcantarillado o agua potable.

Ahora, algunos de los que vuelven a sus hogares echan de menos sus viejos apartamentos. Los edificios se han construido siguiendo la misma cuadrícula y la distribución es básicamente la misma. Pero hay algunos toques modernos.

"El edificio ahora está hecho para soportar un terremoto", afirma Ilhama Nahlay, una dueña de casa que acaba de trasladarse a su nueva vivienda. Habla en las escaleras mientras dos hombres a sus espaldas instalan el ascensor en la nueva entrada del edificio.

Waad es parte de Jihad al Binaa, el área de reconstrucción de Hezbolá. Jeshi, el director general, no explica el origen del dinero y sólo añade que los países árabes han donado dinero y materiales a través de ONG y del gobierno libanés.

Pero es bien sabido que Hezbolá recibe millones de dólares de Irán cada año. A pesar de que la república islámica [de Irán] financia abiertamente otros proyectos en Líbano, Jeshi dice que no tiene conocimiento de ello: "No recibimos dinero de Irán y nadie de Irán ha venido aquí a darnos dinero. Tengo relaciones con Hezbolá y si Hezbolá tiene relaciones con Irán, de acuerdo, pero yo no hago negocios con Irán".

EEUU considera a Hezbolá como una organización terrorista. El año pasado el proyecto Waad fue incluido en la lista de terrorismo del Tesoro de EEUU. La designación congeló todos los fondos relacionados con el grupo en EEUU y declaró ilegal que los norteamericanos aporten dinero a dicho programa.

"El Proyecto Waad es otro ejemplo del uso de tácticas engañosas por parte de Hezbolá para lograr apoyo para su aparato militar y terrorista", indica una nota de prensa del Departamento del Tesoro en la que cita a Stuart Levey, el subsecretario de Terrorismo e Inteligencia Financiera. El Tesoro acusa a Waad no sólo de reconstruir edificios sino también de fabricar búnkeres y almacenes subterráneos para armamento de Hezbolá.

Jeshi afirma que la designación de terrorista no ha tenido ningún efecto en la financiación o progreso de la reconstrucción. La recesión global, añade, ha tenido un impacto muy pequeño.

"Las ONG aún aportan dinero. Nos dan materiales de reconstrucción, mármol, hierro, concreto y cerámicas. Y aún llega dinero del gobierno".

Esta última afirmación es un punto de fricción entre Waad y el gobierno libanés, del cual forma parte Hezbolá. Algunos países ricos del Golfo Pérsico como Qatar y Kuwait prometieron más de 1.000 millones de dólares al gobierno libanés para la reconstrucción. La ayuda se sigue distribuyendo y los residentes que perdieron sus hogares en la zona sur reciben unos 50.000 dólares del gobierno.

Sin embargo, las autoridades se niegan a dar el dinero directamente a Hezbolá, por lo que el grupo creó Waad para recaudar los fondos. Los afectados firman los cheques entregados por el gobierno y se los dan a Waad.

Los residentes no reconocen la participación del gobierno en la reconstrucción. Y Waad afirma que las autoridades libanesas sólo han cubierto el 37 por ciento del coste total, unos 87 millones de dólares, mucho menos de lo prometido. El gobierno replica que ha distribuido más de 150 millones de dólares entre los residentes de los suburbios del sur y que aún se sigue otorgando dinero.

Aunque resulte irónico, Jeshi explica que el mayor desafío de la reconstrucción ha sido el flujo de trabajadores sirios: debido a la tensión política y la inseguridad han ido y venido durante los tres últimos años. Tras la guerra del 2006, los ministros de Hezbolá se retiraron del gobierno y durante 18 meses mantuvieron una lucha de poder que acabó paralizando al gobierno de las Fuerzas del 14 de Marzo y dejando al país al borde de una nueva guerra civil.

Entre 2006 y 2008, los enfrentamientos entre los seguidores de Hezbolá y los jóvenes de las Fuerzas del 14 de Marzo a menudo acabaron en disturbios y choques armados. En mayo de 2008, Hezbolá decidió usar su poderío militar y durante un tiempo tomó el control de áreas de Beirut, pertenecientes a las Fuerzas del 14 de Marzo. Más de 70 personas murieron en los enfrentamientos.

Jeshi dice que ahora que existe un acuerdo político, el país ha recuperado la estabilidad y el trabajo progresa con rapidez.

Con todo, hay cosas que no se pueden reemplazar. Ilham Nahlay, la dueña de casa, dice que perdió todas sus fotografías familiares y recuerdos. Y mientras señala a sus dos hijas adolescentes, afirma que toda la familia teme otro ataque: "Incluso ahora, cuando oyen algo sobre la guerra, quieren poner sus cosas en una maleta y marcharse. Aún tenemos miedo".

Mostrar comentarios