Miércoles, 18.10.2017 - 18:57 h

Moratinos, guarda en un campo de minas

Quién iba a decirle al aparentemente inmutable ministro de Exteriores que iba a enfrentarse a seis años seguidos de dolores de cabeza. Miguel Ángel Moratinos ha tenido que ingeniárselas para sortear un auténtico campo de minas vestido de convulsa cartera de Exteriores, en la que no han parado de surgir problemas diplomáticos.

Caricatura de Miguel Ángel Moratinos

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No se puede decir de Miguel Ángel Moratinos que haya tenido unos años plácidos al frente de la cartera de Exteriores. Este diplomático de toda la vida ha visto como, año a año, los incidentes han ido multiplicándose desde que Zapatero le confiara la responsabilidad de dirigir nuestra política intenacional.

Sin embargo, el ministro ha demostrado habilidad suficiente como para esquivar las minas que ha ido encontrando en su camino y convertirse en uno de los tres únicos miembros del consejo de ministros que no ha cambiado de responsabilidad desde que los socialistas recuperaron el poder en 2004 (junto a Esponosa y De la Vega).

A sus 59 años Moratinos ha hecho prácticamente de todo en política exterior desde que en 1974 ya dirigiera el área de coordinación con Europa Occidental del incipiente ministerio de Exteriores. Miembro de los equipos diplomáticos españoles en Marruecos y Yugoslavia, se especializó en los conflictos del mundo árabe, encargándose de la subdirección general de políticas para África del Norte a finales de los '80 y la dirección del Instituto de Cooperación del Mundo Árabe en 1991.

De la mano de Felipe González ocupó la dirección general de Política Exterior para África y Oriente Medio en 1993 y con el Partido Popular fue embajador español en Israel hasta que la Unión Europea le designó como su enviado especial para el proceso de paz en Oriente Medio.

Diez retos para el ministerio convulso

Ni su larga trayectoria ni su experiencia internacional le ayudaron a librarse de los problemas que, como ministro de Exteriores, ha tenido que afrontar. En apenas seis años ha tenido que enfrentarse a un decálogo de retos para su gestión:

Una herencia envenenada: El primer problema internacional que encontró Moratinos al llegar al ministerio fue resolver la compleja herencia que dejó el gabinete anterior en Irak y Afganistán. Aunque la retirada del primer contingente y la estabilización del segundo fuera responsabilidad de Defensa, el trabajo de exteriores para reorientar la estrategia internacional española fue mayúsculo. Por si no fuera suficiente, dos años después de su llegada al cargo, el accidente del Cougar -en el que 17 militares españoles perdieron la vida- hizo recordar la deficiente gestión del accidente del Yak-42, con lo que su cartera y la de Defensa se volcaron en los trámites derivados de la catástrofe.

Un nuevo rumbo: A poco de llegar al poder Zapatero cristalizó en tres palabras su cambio de rumbo en política exterior. La Alianza Civilizaciones, que pronto encontraría el respaldo de países como Turquía o Brasil y, posteriormente, de la ONU y EEUU, ha sido la hoja de ruta del Ministerio de Moratinos. La idea de que ante la escalada bélica de los años anteriores entre occidente y el integrismo islámico podía superarse por la vía del diálogo y la diplomacia encontró en el ministro, actor destacado en las negociaciones de paz en Oriente Medio, un impulsor convencido.

Catástrofes y accidentes: Hay hechos que escapan a las agendas, pero cuya resolución puede marcar el éxito o fracaso de una gestión. Es el caso del atentado en el que murieron siete turistas españoles en Yemen en 2007, la respuesta a las tragedias de Chile o Haití, donde murieron cuatro militares y dos civiles españoles, o más recientemente, el fallecimiento de cuatro cooperantes españoles en un accidente de tráfico en Perú.

Los 'socios' bolivarianos: Uno de los principales objetivos del Ejecutivo ha sido reimpulsar la relación con América Latina y Centroamérica, objetivo que no siempre ha sido fácil: la convulsa relación con el presidente venezolano -con su enfrentamiento con el Rey y la polémica por albergar supuestamente a etarras en su seno incluídos- o los tiras y aflojas con el régimen cubano, que por fin ha sido permeable a años de negociaciones y ha accedido a liberar a medio centenar de presos políticos.

El complicado equilibrio en la UE: Exteriores ha tenido que conjugar complicadas posturas en el seno de la Unión Europea. Por una parte, Moratinos se ha tenido que mantener férreo en contra de la independencia de Kosovo aunque el resto de sus socios la haya reconocido desde hace años para evitar suspicacias nacionalistas en casa; por otra, el Gobierno ha apoyado abiertamente la entrada de Turquía, un país aliado, en la UE, a lo que la mayoría de países miembros se niega.

Los ecos coloniales: Aminatu Haidar, activista saharaui que inició una huelga de hambre en suelo español tras ser expulsada por las autoridades marroquíes, vino a recordar de un plumazo la cuenta pendiente que España sigue teniendo en el Sáhara. Con sus 32 días en huelga de hambre consiguió sacar a la palestra la situación de los saharauis, a quienes hasta la ONU reconoció su derecho a la independencia años atrás y ante los que España nunca ha querido enfrentarse a Marruecos por la delicada diplomacia que une a ambos países.

Delicada diplomacia: Venezuela, Cuba o Marruecos no son los únicos aliados complicados con los que tiene que tratar España. Las relaciones con China, país con el que nos unen potentes intereses comerciales, o con Israel, a quien el Ejecutivo se ha enfrentado en varias ocasiones, son ejemplos de países que han dado quebraderos de cabeza a Exteriores por la respuesta moderada que se ha tenido que dar ante actuaciones desproporcionadas de sus gobiernos de cara a salvaguardar intereses mayores.

Presencia internacional: Estos años no sólo han servido para que Moratinos se enfrentara a problemas, ya que también ha sumado éxitos y espaldarazos diversos. Desde la participación de España como país invitado a las últimas cumbres del G-20 hasta las nuevas relaciones con la Casa Blanca tras la llegada de Obama a la Casa Blanca. La presidencia de turno de la UE, de la que se esperaba aumentar el peso internacional del país, se vio finalmente ensombrecida por el peso de la crisis y absorbida por el protagonismo de Zapatero, que capitalizó la gestión europea durante todo el semestre.

Piratería en Alta Mar: Los ataques de piratas en aguas somalíes centraron durante meses las preocupaciones de Exteriores y de Defensa. Primero fue el Playa de Bakio, cuyo secuestro duró cinco días; después, el Alakrana, que fue secuestrado durante mes y medio, y después una nube de ataques a naves pesqueras en la zona: el Artza, el Albacán, el Intertuna II o el Artxanda, sólo por citar algunos ejemplos. Al final, la seguridad privada que se autorizó a llevar a bordo ha conseguido reducir las incidencias.

Ahora, en la segunda mitad de su legislatura y con la experiencia de haber superado trances tan críticos, Moratinos se centra en una ambiciosa remodelación del área internacional que él mismo promueve de cara a la modernización del servicio exterior español y que pasa por la eliminación de secretarías de estado y direcciones generales para "adaptarse a los nuevos tiempos".

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