Viernes, 22.06.2018 - 13:17 h
¿Qué sucedió en la semana, eh?
Profesor, abogado y consultor

¿Por qué la gente abandona las redes sociales o, simplemente, no opina?

“P
atético; vergonzoso; argumento pobre y falaz; una estupidez; una puta mierda; le explota la cabeza; alguna neurona se le suicida; deje la abogacía, con esa forma de pensar sus futuros defendidos agradecerán no tenerle como abogado; que se jubile, que ya presenta demencia senil; tú, que tienes tus años, ¿opinabas lo mismo durante el franquismo?”.

Son algunos de los comentarios que me dedicaron en Twitter (curiosamente, desde cuentas con pseudónimo), en un debate que tuvimos la semana pasada a raíz de la posibilidad que ofrece BlaBlaCar de que una mujer pueda elegir en viajar con otra mujer, y sobre el argumento que intentaba explicar de que no toda discriminación es injusta, si hay un bien jurídico digno de protección.

Pero lo de menos es el tema, aunque es verdad que hay algunos sobre los que cada vez es más difícil hablar y poder debatir tranquilamente. Y uno de ellos, sin duda, es todo lo que roza la “discriminación por razón de género”, en un sentido y en otro. Porque se pueden recibir insultos de los extremistas de ambos bandos. Lo cual, por otra parte, indica que se defiende una posición equilibrada.

‘Discriminar’ es distinguir

Aunque actualmente tiene un matiz peyorativo, ‘discriminar’ no siempre fue malo. Proviene de ‘cerner’, que significa: “separar con el cedazo la harina del salvado, o cualquier otra materia reducida a polvo, de suerte que lo más grueso quede sobre la tela, y lo sutil caiga al sitio destinado para recogerlo”. De donde proviene ‘discernir’ (distinguir), que se refiere al ámbito del entendimiento.

En este sentido, discriminar (distinguir) no es malo en sí mismo, como decía en unas declaraciones que fueron objeto del debate. Discriminamos todos los días. Un banco discrimina cuando decide a quién da un crédito y a quién no, y lo hace teniendo en cuenta los riesgos que conllevaría. La discriminación no es siempre injusta; sólo lo es si los criterios en los que se apoya son injustos.

En el caso de las mujeres, tanto la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, como el Código Penal o la Ley de Violencia de Género, parten de una situación de desigualdad de hecho (física y social) frente a los hombres, para justificar especiales medidas de protección e intentar alcanzar una igualdad de derecho; que es lo que se conoce como discriminación positiva.

El caso BlaBlaCar.

Por eso, no parece que ofrecerles a las mujeres la posibilidad de elegir viajar con otras mujeres (es una opción, no una imposición) sea una discriminación injusta, puesto que hay un bien jurídico digno de protección: su sensación de seguridad. Mientras que permitir a los hombres rechazar a las mujeres como conductoras, sí sería injusto, porque no hay un bien jurídico digno de protección.

Algunos arguyen que permitir a las mujeres rechazar a los conductores hombres es ofensivo, porque es generalizar que todos los hombres son unos acosadores. Pero me parece que eso es llevar las cosas al extremo y desconocer la realidad. Por supuesto que no hay que aceptar la generalización de que todos los hombres son acosadores, pero sí reconocer el hecho de que los acosadores son hombres.

Por la misma razón, no parece que haya ningún bien jurídico digno de protección en la posibilidad de permitir que se rechacen a conductores por ser inmigrantes, como proponía un tuitero. Aunque estoy seguro de que no lo decía en serio, sino sólo para polemizar. Lo cual no está mal, si se hace de buena fe y no se retuercen argumentos para intentar ridiculizar las opiniones contrarias.

¿Debate o Conversación?

Dejando aparte a los que no tienen más ni mejores argumentos que los insultos, me parece que hay un error de fondo en mucha gente que debate, con educación (lo cual es un avance), pero con una gran carga de agresividad; en el sentido de que conciben los ‘debates’ como ‘combates’, en los que deben imponerse al otro y, si es posible, humillarle y dejarle en ridículo (amantes de los “zascas”).

Etimológicamente no les falta razón, porque ‘debatir’, igual que ‘combatir’, ‘abatir’ o ‘rebatir, viene de ‘batir’ (golpear). Y debaten como quienes se ‘baten’ en duelo, dan una ‘batida’, pelean en una ‘batalla’, disparan proyectiles desde una ‘batería’ o golpean con un ‘bate’ de béisbol. Por cierto, de la misma raíz proviene ‘fuste’, ‘fusta’ y ‘fustigar’, ‘confutar’, refutar’… y también ‘joder’ (que deriva de ‘futuere’).

‘Conversar’, sin embargo, procede del latín ‘conversari’ (vivir en compañía), que, a su vez, proviene de ‘verter’ (girar); al igual que: ‘controvertido’ y ‘controversia’, ‘diverso’ y ‘diversidad’, o ‘divertido’ y ‘diversión’. Por eso, en vez de agresivos debates-combates, ¿por qué no afrontar las controversias, con conversaciones divertidas en las que se valore la diversidad de puntos de vista?

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