Martes, 28.01.2020 - 13:35 h
Telediaria

El humor negro es un motor clásico de la televisión. Chicho Ibáñez Serrador lo utilizaba con destreza. También, en tal vez su lado opuesto, Raffaella Carrá. Dos ejemplos diferentes que atesoran esa ingeniosa corrosión que relativiza incluso la muerte y genera unos todopoderosos vínculos cómplices con el espectador.

Pero la ironía requiere inteligencia. Y la televisión de hoy no siempre confía en la inteligencia. No es el caso, por ahora, de Movistar Plus que entiende que un buen formato de prime time es el que cuenta con una premisa contundente. Aunque sea organizar un funeral en vida de una personalidad pública. Esa es la fórmula de 'El cielo puede esperar', un show que da un paso más allá al género del 'Roast'. O, lo que es lo mismo, el género de la comedia de la mala leche.

Ana Belén, Estopa o Javier Sardá son algunos de los que se han atrevido a aceptar el reto de un programa que primero "te mata" con un sketche de humor para, después, mandarte a un limbo en el que puedes ver tu propio funeral en un bonito plasma. En directo, como una gala de 'OT'. Pero con todo lo que conllevan los comentarios indiscretos de un funeral. Una idea poderosa, pues se da la vuelta al ritual social funerario y, de esta forma, un homenaje que pasaría desapercibido en otras condiciones capta interés televisivo.

Al final, 'El cielo puede esperar' es una sucesión de monólogos que no sólo se quedan en el humor cotidiano identificable de 'El Club de la Comedia', sino que intentan descubrir más al espectador sobre tal personalidad y hasta descolocar al 'fallecido de cuerpo presente' con recuerdos (y alguna pulla) de su existencia. Por eso, para que brille el programa, es relevante que el protagonista tenga una vida con una trayectoria relevante. O sucederá como el capítulo que 'mató' a Cristina Pedroche que fue aburrido, por vacío. Es muy joven, le queda todo por hacer. Si le dejan hacer, claro.

La antítesis que la protagonista de esta noche. 'El cielo puede esperar' ha acogido el funeral ficticio de María Teresa Campos. No sorprende que la periodista haya accedido, ya que si María Teresa Campos es la gran autora de nuestra televisión es porque también entendió la importancia de la creatividad sin eufemismos a la hora de diseñar programas con carácter propio. Como ella.

Asistir in situ a la grabación, el pasado 28 de noviembre, de este capítulo de 'El cielo puede esperar' produce una extraña sensación. Aunque el rodaje fue largo, no se hizo tedioso por el valor documental de las aportaciones de los invitados. Imposible bajar la guardia ante los discursos de Elvira Lindo, Pilar del Río, Pepa Bueno, María del Monte, Toñi Moreno y sus hijas, Carmen Borrego y Terelu Campos. Todas descubriendo circunstancias, hitos y osadías profesionales menos 'mainstream' de esta sociedad de consumo audiovisual frenético, que se queda en la superficie y, cada vez más, parece que le cuesta mirar mejor a los trasfondos.  

Una sociedad que nos ha hecho creer que sólo queda en el recuerdo lo último. Mentira. Eso es una gran falacia. Importa el recorrido. Todo el recorrido. Con sus esfuerzos, con sus atrevimientos, con sus errores para seguir avanzando, con sus locuras, con sus aciertos... Todo el recorrido. Lo último incluido, claro. Y lo último hoy ha sido este corrosivo funeral que, al final, se ha torcido en un viaje emocional que retrata y recuerda la importancia de valorar todo el trayecto. Lo ha logrado con María Teresa Campos como protagonista. Una mujer valiente, que consiguió romper los guiones preestablecidos de la creación televisiva y periodística para hacerla más accesible y honesta para todos los públicos y, ahora, incluso se ha atrevido a asistir a su propio funeral.

Borja Terán.

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