Jueves, 19.09.2019 - 08:24 h
Telediaria

La agonía de 'Cine de Barrio' que define un problema estructural de TVE

'Cine de Barrio' llegó de casualidad a la parrilla de TVE, cuando los responsables del entonces 'ente' quisieron aprovechar que caducaban los derechos de emisión de varias películas adquiridas a precio de saldo. Entonces, acudieron a José Manuel Parada, enciclopedia andante del género, para que realizara unas presentaciones que aderezaran cada proyección y, así, crear una cita semanal contundente con este catálogo. Pero el comunicador dijo que sólo lo haría si le dejaban crear un formato televisivo más complejo, a su medida.

Acertó. El programa se estrenó en La 2 y, en octubre de 1995, dio el salto a La Primera por sus buenos rendimientos de audiencia. Había sido un éxito inesperado de esos que se cocinan en el estío y terminan perviviendo sin fecha de caducidad.

El rápido respaldo del público que logró este formato no fue casual: José Manuel Parada, junto con el mítico realizador de TVE Luis de Galinsoga, no se quedaron en un debate gris con batallitas de viejas glorias: crearon un magazine con ingredientes propios. Parada entendió que debía rodearse de un equipo de personajes, como si fuera una telecomedia, cada uno con un rol definido, que aparecían y servían para dinamizar el ritmo del show: el pianista repeinado, Pablo Sebastian (que acabó transformado en enemigo íntimo del propio Parada, al estilo de un culebrón de sobremesa), la vecina cotilla o la chispa de Miguel Caiceo.

Y los actores y actrices acudían a este particular cortijo sin miedo a dejarse llevar. El conocimiento de Parada y el clima que se creaba propiciaba un ambiente cómplice perfecto para destripar secretos, realizar confesiones, narrar anécdotas y, por supuesto, cantar alrededor del piano. Porque el programa acababa con un final musical apoteósico (y a veces desafinado), que la audiencia esperaba con interés después de cada película. Tan importantes cuidar los finales. Hasta en eso acertó 'Cine de Barrio'. El adiós era la guinda a una reunión folclórica en la que el espectador se sentía partícipe (y en el que las nuevas generaciones descubrían una historia española que no vivieron).

Aunque, sobre todo, el pilar fundamental que sostiene el programa, aún hoy, es que logra aderezar las entrevistas en el plató con una posproducción de imágenes, que incorpora momentos claves de la historia de cine de una forma muy bien hilada. La edición posterior de lo grabado enriquece y contextualiza cada palo que toca la conversación.

Una trabajada realización, de principio a fin, que se ha mantenido después del polémico cese del alma del programa, José Manuel Parada, allá por 2003 -hace casi 20 años ya-. En los años de Carmen Sevilla (primero acompañada de Juan Carlos Cerezo y después ayudada de Inés Ballester) el programa perdió parte de su esencia, que recuperaría con su actual maestra de ceremonias Concha Velasco.

La Velasco, junto con la hábil dirección de Francisco Quintanar, aporta el plus de ser una de las protagonistas claves de toda la historia del cine español. Si Parada era un entusiasta del género, la actriz es protagonista en primera persona, aportando un torbellino de información y vivencias en la mayoría de las emisiones. Además, su carismática capacidad como presentadora llena el plató incluso cuando está vacío gracias a su poder para la comunicación cómplice con el espectador.

Porque, tanto con Parada al frente como con Velasco, 'Cine de Barrio' es un programa de entretenimiento que consigue recopilar testimonios y rescatar imágenes que son una radiografía documental del cine que entretuvo a un país durante décadas. Ese es su valor didáctico del programa y es importante ese valor en la televisión pública.

Sin embargo, ya no pulveriza los shares como antaño y da la sensación de que continúa en la programación por inercia. Ha actualizado su sintonía, pero 'Cine de Barrio' está agónico porque ya no es un programa en sí, se ha ido transformando en un protolocario previo que explica un poco el contexto de la película y pasa desapercibido entre el público como formato porque ya casi no tiene formato. Ahí está uno de las claves de la pérdida de influencia de RTVE: a los formatos casi no se les da autoría -como tenía 'Cine de Barrio', no se innova en la parrilla y se mantienen todos los programas diarios como si fuera por inercia, cuando la televisión es tomar decisiones acorde de su tiempo. 

Y es tiempo de reformular este tipo de programa de tarde de La 1 e incluso inventar un nuevo espacio que divulgue el cine abriéndose a clásicos más recientes y con una nueva estructura de personajes que acerque el cine español a los más jóvenes. O si no 'Cine de Barrio' acabará por la puerta de atrás, sin que nadie ni siquiera eche de menos un programa que ha sido tan mítico como tan rompeaudiencias porque no trató a nuestra cultura cinematográfica con esnobismo. Al contrario, ha sido un gran homenaje a ese cine de 'la españolada' que retrata del lugar del que venimos y, como consecuencia, de cómo somos.

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