Miércoles, 12.12.2018 - 00:30 h
Telediaria

La lección televisiva de Raphael en 'El Hormiguero' de Pablo Motos

"El ejercicio de cantar, en realidad, es contar al público y si le puedes mirar a los ojos cuando cantas, mejor. Entonces es cuando se creen lo que están oyendo". Se lo explicó ayer Raphael a Pablo Motos en El Hormiguero.

Una sencilla declaración que pasó desapercibida en el programa y que es toda una lección televisiva, pues da en la diana de uno de los problemas del desinterés de la música en televisión. Los cantantes no miran al espectador. Alguien dirá: ¡y cómo van a ver a su público, si están en la televisión! Pues sí, se puede. Aunque no se vea al público.

La historia de la televisión demuestra la importancia de la actitud del artista a cámara. El valor de tener claro cómo y cuándo debes mirar a cámara y a qué cámara.En la actualidad, los cantantes suelen ir a la televisión a promocionar sus temas sin tiempo para demasiada reunión previa con el equipo del programa en la que se coordine su trabajo con la coreografía de realización de cámaras y la dirección artística. Si hay dirección artística, que en los últimos tiempos se ha relegado esta función cuando es crucial en los formatos de entretenimiento para crear conceptos escénicos que trasciendan y levanten el interés de la audiencia.

Raphael creció en una rudimentaria televisión que sí se tenía en cuenta la importancia de diseñar y poner en marcha una idea escénica dentro y fuera de la televisión. Probablemente, ahí aprendió la importancia de saber mirar a cámara. De hecho, en el propio Hormiguero recuperaron actuaciones suyas del archivo de los primeros años de Antena 3 y, en todas, tenía ese gesto para ese espectador al que estaba mirando aunque no lo viera. Es más, con su energía se adelantaba, sin pestañear, al cambio de cámara del propio realizador de la gala. Llegaba antes. Sabía a qué número de cámara iba a cambiar el propio realizador.

Pero, sobre todo, y así se lo dijo a Pablo Motos anoche en la entrevista, Raphael tiene meridianamente claro que sus canciones "son películas. Digan lo que digan es una película. Yo soy aquel es una película", explicó. Lo son, pero con su interpretación las convierte en un taquillazo palomitero de Hollywood. Porque Raphael no canta, interpreta. Sabe la necesidad de contar una historia con cada uno de sus temas. Sabe lo crucial que es "contar" al público, además de cantar.

Y así lo ha hecho y lo sigue haciendo durante toda su trayectoria. Una apasionada trayectoria en la que vio nacer a una televisión que también estaba obsesionada con que los cantantes contaran y no sólo cantaran. Incluso en Señoras y Señores (1974-1975) se establecía una competición entre dos realizadores con sus dos estilos altamente diferenciados, Valerio Lazarov y José María Quero: cada uno con su propuesta. El realizador era un elemento distintivo del formato, que dirigía a los cantantes como si fueran unos actores. Ya no.

Las prisas con las que se produce la tele de hoy -el tiempo es dinero- no permite la preparación real que necesita un número musical. Y si acude un artista más joven con las ideas claras que, quizá como Raphael, quiere saber la disposición de cámaras y trae preparada una propuesta escénica, tal vez en el programa de turno le denominen divo. Cuando, en verdad, quiere hacer bien su trabajo porque pide una preparación previa para que la actuación quede mejor retratada. Tal vez quiera saber dónde están las cámaras para mirar bien al espectador, como apunta la sabiduría e intuición de Raphael en El Hormiguero.

Pero las nuevas y veloces formas de producción televisiva han descuidado las posibilidades de plasmar la música en su máxima expresión en la televisión en España, lo que supone una oportunidad perdida para volver a conquistar a las grandes audiencias a través de la música y sus artistas. Los de antes, los de ahora y los emergentes. Por eso, fascina tanto una tal Rosalía cuando es vista sobre las tablas de unos premios de MTV: transmite por su arte, claro, pero también porque su propuesta televisiva está bien diseñada para que luzca por la tele. Ella también sabe mirar a cámara. No al experimentado y apasionado nivel de Raphael, pero Rosalía tiene actitud a cámara: no pierde de vista el objetivo de la cámara, no pierde de vista a su público. Aunque esté bailando y sea de reojo.

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