Viernes, 15.11.2019 - 21:51 h
Telediaria

Las malas prácticas televisivas del caso Alcásser que siguen vigentes y cómo se disfrazan

La serie documental sobre el caso Alcàsser estrenada recientemente en Netflix refleja el modo en que los medios de comunicación convirtieron el trágico secuestro y asesinato en un espectáculo que retuvo a las familias, en shock, en el prime time del mismo día en el que aparecieron los cuerpos.

El programa 'De tú a tú' de Nieves Herrero se trasladó al salón 'musical' de Alcàsser para transformarlo en el propio plató del programa. Allí, en escena, las familias de las víctimas vivieron su duelo como si la trágica realidad sólo formara parte de un frívolo reality show. Incluso se mantuvieron las pausas de publicidad del programa, introducidas por la careta de la sintonía festiva del show de Herrero. Ni se tuvo el tacto de suprimir aquella noche esas cortinillas que se sobreimpresionaban en los rostros de los progenitores al estilo de un espectáculo de variedades cualquiera.

Y así la televisión arrebató el duelo privado a las familias, con una Nieves Herrero que, desbordada por la situación, lanzaba preguntas que no aportaban periodismo. "Vamos a compartir el dolor", se justificaba para mostrar el momento en el que el padre y la madre de una de las chicas asesinadas se encontraban y abrazaban tras confirmar que uno de los cadáveres era el de su hija. El momento, en medio de un pasillo de su casa, con cámara y fotógrafo alrededor, no puede resultar más violento.

El sensacionalismo nubló cualquier límite ético, utilizando a unas familias paralizadas ante el drama de un triple secuestro y asesinato machista. Han pasado tres décadas desde aquella noche negra de la televisión nacional en el que ni la propia Nieves Herrero parecía muy consciente del papel que estaba protagonizando. Pero ¿ha cambiado las prácticas en este tipo de casos? La televisión ha evolucionado más en las formas que en los modos. Porque, en realidad, las praxis de hoy no se diferencian mucho de las de aquel de 'De tú a tú'.

El documental de Bambú Producciones para Netflix explica cómo Herrero acompañó a sus invitados para contar en exclusiva con su presencia. Es un hecho habitual, que se mantiene en los programas que tratan sucesos en la actualidad. Se intenta retener a los protagonistas para evitar compartir la entrevista con la cadena rival. Se controla los testimonios para proteger la exclusiva de la misma manera enfermiza que hace tres décadas.

La diferencia está en que, ahora, se reviste todo de un tono periodístico de cartón-piedra. Se ha sofisticado el protocolo de acción: ya los presentadores principales no trasladan su plató al epicentro de la noticia para realizar un programa con las víctimas en directo. Ahora, las declaraciones de las víctimas se suelen estructurar a través de conexiones. El presentador no comparte mismo espacio y, aunque el entrevistado esté controlado por un redactor para que no se escape a otro programa, la pantalla partida en directo da la sensación de que sólo se trata de una tanda de declaraciones periodísticas como si fuera un 'Telediario'.

La víctima está fuera de plató. Aunque puede que solo se encuentre en la calle de enfrente de los estudios de la cadena de televisión. Pero este protocolo crea una especie de cordón sanitario que disimula el morbo y lo reviste de información. Sin embargo, la triste realidad es que este tipo de programas, especialmente los matinales de hoy en día, mantienen lo peor de las prácticas de aquel vergonzante del caso de Alcàsser que tanto se estudia y critica como si fuera pasado dejado atrás y no siguiera habiendo mucho de aquello en nuestro presente.

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En duros sucesos recientes, la televisión de hoy ha seguido perdiendo la brújula de la ética periodística. Y se transforma la tragedia en un reality show, convirtiendo a las personas en personajes, rellenando horas y horas de especulación al no tener información e incluso abriendo ventanas en pantalla con imágenes en directo a modo de cuenta atrás, que no aportan nada pero que despiertan el morbo del espectador. Así sucedió con la conexión con el pozo donde falleció el pequeño Julen, que se mantuvo en emisión como reclamo sin que aportara nada informativo más que transformar el dolor en morbo.

Ya las cadenas no llevan el plató al lugar de los hechos. Y controlan esos detalles estéticos de quitar la sintonía festiva habitual del programa, como no hizo 'De tú a tú'. Pero, a efectos prácticos, siguen dando el peso informativo a la especulación lacrimógena, al testimonio hipotético, a las preguntas sensibleras, al no parar de grabar el dolor. Mejor si se emite en directo. Y el resultado es que lo que menos importa es el periodismo, porque lo que se busca es impactar con el sensacionalismo de la especulación emocional. Y, por supuesto, subir el share.

En este cometido de lograr rellenar horas y horas de televisión con contenidos que sacian los instintos más bajos de la curiosidad de los audímetros, el mejor atajo es caer en el culebrón sin contrastar. Aunque, eso sí, siempre disfrazándolo de periodismo. A ser posible con presentadores y colaboradores en plató, todos con supuesta credibilidad, haciendo comentarios con los que intentan dignificar y justificar su cometido. Como si la carroña fuera menos carroña cuando repites constantemente que lo que haces no es carroña, sino un 'servicio público'. Y así espectador, periodistas, presentadores y cadenas se sienten mejor consigo mismos. Y que el show continúe, para que pueda ser exprimido hasta que no dé más de sí.

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