Viernes, 19.10.2018 - 13:54 h
Telediaria

Lo fácil que es indignar a Twitter

"Chic@s he creado un Go Found Me para ir 10 días a NY a hacer fotos y vídeos para subir a Instagram" suelta el usuario Pelloque en Twitter. Junto al texto, un enlace a una página con 1500 euros como objetivo para financiar sus vacaciones en Nueva York.

Rápidamente, las redes sociales se indignan. Este "caradura" quiere que la gente financie su escapada neoyorkina. Incluso algunos medios citan tal tuit. Es más, realizan crónicas sobre el 'avaricioso' tuit. Hasta los asiduos a ForoCoches se enfadan. Cómo osa tal joven a pedir dinero por Internet para un proyecto que sólo es un viaje de placer.

Así, los retuiteos del crowdfunding de Pelloque siguen subiendo. El enfado aumenta cada segundo por el "rastrero" hombre que pide dinero para sus vacaciones como si fuera una acción solidaria. La indignación se amplifica. Pero nadie se para a pensar, porque Twitter va tan rápido que ya no da tiempo a pesar.

¿Y si es una broma? ¿qué tono utiliza habitualmente Pelloque en su Twitter? No será todo un anzuelo sarcástico... Porque lo cierto es que los tuits de Pelloque van unidos al gamberrismo viral y la cierta ironía social de una generación de asiduos a la provocación. También con las propias redes sociales. De hecho, los seguidores habituales de Pelloque, entre los que está la popular y creativa Desahogada, siguen de forma evidente la broma de su Go Found "humanitario" para irse a la Gran Manzana.

Pelloque es de esos jóvenes expertos en el gag viral que, al final, retrata esta sociedad que sufre una nueva ansiedad por canalizar su ira en las redes sociales. Unas redes sociales en donde la indignación rápida anula la capacidad de pararse a pensar. Cuando sucede un hecho reprobable, aunque no sea cierto o simplemente se trate de un bulo o una broma, da igual: las explicaciones dan lo mismo, no sirven. El usuario masivo se limita al detalle que ha propiciado la indignación. Aunque no sea cierto. En las redes sociales parece que ya no hay tregua para pararse a escuchar lo que de verdad es. Y si de verdad es.

No hay tiempo para las aclaraciones. El juicio de valores está hecho. Aunque sea un rumor. Y los medios de comunicación tradicionales, realizando noticias instantáneas a través de un tuit polémico, también están siendo claves en la expansión de esa indignación. Los propios medios parece que, a veces, no tienen tampoco tiempo a pensar y, realizar su función, contrastar. Pican el anzuelo. O, lo que es peor, ponen más alimento en el anzuelo. Sucede constantemente con polémicas prefabricadas que surgen de, por ejemplo, programas de televisión.

A la hora de la emisión de un espacio de éxito, es fácil ir a buscar cuatro tuits de cabreo -que siempre habrá- contra cualquier hecho del programa y aunque sólo existan dos tuis se crean noticias de se "incendian las redes", "boicot" u otros dramas nacionales que no se sostienen. Porque se basan en un tuit minoritario, no en una marabunta de clamor social. Ahí los medios no deben desvirtuar su trabajo que es aportar coherencia, datos y contexto real. No desvirtuar y propagar una irritación artificial.

Pero que la realidad no te amargue una buena indignación. Aunque pueda destruir el empleo de un inocente, aunque pueda derribar la reputación de alguien por un error mal tuiteado, aunque pueda anular la capacidad de reírnos con corrosión incluso de los imposibles surrealismos que, al final, son posibles gracias al frenesí del retuit.

Las prisas con las digerimos las redes sociales nos están radicalizando hasta anular, a veces, la capacidad de relativizar y pararnos a meditar qué es cierto y qué es morralla. La demagogia viral está ganando la batalla a la profundidad. E incluso a saber diferenciar entre sarcasmo y trapicheo, a saber distinguir entre libertad y venganza.

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